Más Que Sueños

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capitulo 20

 

20

 

 

Aproveché que mi abuela queria comprar unos cuantos vestidos (de lo contrario no habría tenido un descanso) para ir a ver a Martín.

Cuando salí de casa, la moto ya estaba estacionada, y en un compartimento secreto estaban las llaves. Me subí a ella y salí en dirección a su casa. Demore quince minutos en llegar.

Me sorprendió un poco ver que la puerta estaba abierta, luego pensé que me estaba esperando y no pude evitar reír. Hasta que, al entrar a la casa, escuché una voz femenina proveniente de la cocina.

Ana. Cocinando una pasta. Cantando mientras movía sus caderas como una loca. ¿Qué hacia la víbora aquí?

-Buenas tardes señora

-¿Qué haces aquí niñita?- Me apunto con un escucharon de madera bañado en salsa de tómate

-¿Dónde está Martín?

-En la habitación, muy cansado

-¿Cansado?

-Luego de buscarme y llevarme como una fiera a la cama…quedó muy cansado- Paso su lengua de víbora por el cucharon

-Es mentira

-Martín desea a una mujer, él ya entendió que tu no tienes nada para darle- Me miró de forma despectiva- ¿Qué tendrías tú para complacerlo?

-Él no te ama Ana, ¿Por qué te engañas?

A pesar de eso, no perdió su compostura.

-¿Eres sorda? ¿No has comprendido que ha regresado a mi? Me ha pedido perdón. ¿No ves que estoy aquí, cocinando para él?

-No lo creo

-Le hice ver que sólo puedes ser un fantasma de su pasado, mis besos y caricias han borrado cualquier recuerdo que pudiera guardar

-Imposible…

-Se dio cuenta que contigo, perdería todo por lo que ha luchado, su trabajo, su posición tan prestigiosa…además, él se caso conmigo por la Iglesia, hasta que la muerte nos separe...

-Por favor, no le diga que vine- Señalé la pasta – Buen provecho

Escuché su respuesta mientras caminaba hacia la puerta.

-¡Así será!

Llegué a casa a las tres de la noche. No pude evitar soltar algunas lágrimas las horas que me pase conduciendo hacia el final de la carretera, el motor rugia cada vez que aumentaba la velocidad, paré en seco cuando me di cuenta que si seguía conduciendo y maldiciendo a Martín no llegaría al desayuno. No tuve más opción que limpiar mi cara empapada y regresar a casa.

Al entrar, los gritos y disgustos de mi abuela llenaron el cuarto.

-¡¿Piensas que vine aquí a conversar?!

-Lamento haberme demorado

-¡¿Dónde estabas muchacha?!

-Conduciendo...

-¡Jamás estuve de acuerdo con tus padres al regalarte esa moto!

-Basta…por favor- Susurre

-¡No! ¡Vamos ahora mismo a practicar!

-Estoy cansada…

-Aprenderás a luchar a tu beneficio, jamás dejaras que las emociones te distraigan, rechazaras cualquier obstáculo que se entrometa en tus metas, deberás separar lo que tu corazón desea a lo que tu razón sabe que es importante

Así que dime, ¿Qué es importante ahora?

-Practicar

-¿Vamos a practicar?

-Si señora

Y así fue como decidí destruir sola aquello que planeaba acabar con mi vida. No necesitaría a Martín. No necesitaría nada más que poner en práctica las lecciones de mi abuela. Lo haría sola. El primero de noviembre le daría fin al lazo que me une con mi profesor.

 

. . .

 

La mañana siguiente, luego de comer algo ligero salí al jardín a estudiar un poco de teoría.

Linzy vendría a las cuatro de la tarde con el horario de hoy, me desatrasaria y comería un pan de miel que me mandaría su madre. Tendría que presentar una excusa para que los profesores me calificaran los trabajos de hoy, y debería llamar a Ethan para reunirme con él en la casa del árbol. Quizás, al estar un poco más con él, logré quererlo y conseguir dejar pensar en el imbécil de Martín Hoffmann.



D.A.Romero

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En el texto hay: profesor alumna, amor, pesadillas

Editado: 16.01.2019

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