Máscaras

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Enemigas

 

Entró en silencio y permaneció de pie junto a la puerta escuchándola tocar. Se percató de que las notas que le había entregado estaban destrozadas y desperdigadas por toda la habitación, prefirió no darle importancia y espero pacientemente hasta que ella termino.                                          

-No sabía que el piano también podía ser presa de tu hechizo.

-¿Por qué insiste en venir? Déjame morir sola.

-¿Es esa la razón por la que no quieres comer? Deja las sandeces Eva, solo conseguirás enfermarte y aun así tendrás que partir conmigo.

-¿Quién te mando por mí?

-Evelyn.

-Ella también es una mentirosa.

-Lo entiendo, todos somos mentirosos excepto tu padre ¿No es así?

-¡Mi padre jamás me lastimaría! ¡Tú escribiste esas mentiras!

-¡Eres la criatura más terca que jamás haya existido! ¿Acaso necesitas que tu padre te lo diga cara a cara?

-¡Aun así no lo creería! ¡De seguro lo estarían obligando!

-¡Está bien esto es el colmo! ¡Dejare que la verdad te golpee si eso quieres!

Nathaniel se acercó a la muchacha quien de inmediato aterrada trato de escapar, sin embargo, el logro tomarla del brazo antes de que huyera y le saco de la habitación. Antes de que la tarde se volviera demasiado oscura, la llevo hasta la cima de una de las torres más altas de palacio, un punto de vigía que he de haber usado los guardias habrían podido detenerlos. Desde allí, se podía ver claramente alumbrada por la luz del atardecer la plaza principal de la ciudad y la inmensa estructura de madera que se alzaba al centro. La pira que describían las notas, estaba allí, era imposible no verla, era más alta que las casa, y en la cima justo como decía la descripción había una jaula de madera, para encerrarla, desde donde caería al quemarse por completo, pues si las llamas no lograban matarla de seguro el golpe al caer sobre las puntas que habían puesto en la base acabarían el trabajo.

 -¡Ustedes la hicieron!

-No hay forma de que la hubiésemos terminado tan rápido y lo sabes niña, ni siquiera tú eres tan tonta.

El príncipe la llevo entonces hasta el despacho del rey donde se veía en una de las paredes los planes del rey paso a paso. Aquellos dibujos eran una parte de las notas que el príncipe no había podido llevarle a su habitación. Incluso Eva sabía que no había manera de que ellos hubiesen hecho esos dibujos, porque ella ya los había visto antes, pero la última parte estaba oculta tras una cortina, que el chico había arrancado de un solo tirón.     

-No quiero que te maten Eva, no quiero tener que matarte, por favor abre los ojos, te traicionaron, te usaron y pretendían desecharte al terminar, ibas a pagar por los pecados de tu padre igual que por los tuyos.

-¡Es mentira! ¡Es mentira!

-Tu viste a tu padre matar a todas las reinas que llegaron al palacio, el no tuvo herederos ¿Por qué iba a dejarte vivir cuando ya no te necesitara?

-¡Él me quería! tu no lo entiendes.

Eva tomo entonces la espada de Nathaniel de su cintura y trato de atacarlo, el chico dio un paso atrás, pero se llevó una gran sorpresa al ver que la espada no lo había dañado, en lugar de eso, se había adherido a las manos de la princesa y no le permitía moverse, poco a poco la larga espada se había transformado en unos guantes demasiado pesados para que ella pudiese levantar sus brazos.

-¿Qué es esto?

-No puedes herirme con esa espada Eva, el material del que está hecha fue creado para resguardar a los que rodeaban a mi familia de la Blasfemia del espejo.

-¿De la blasfemia del espejo?

-Así es, mi familia carga con la misma piedra que tú princesa, por eso fue que no pudiste hechizarme, es por eso que no consigues hacer que te obedezca.

-Es imposible, ¿Quién eres tú?

- Mi nombre es Nathaniel, Nathaniel Daluce.

-Eso es imposible, el príncipe de la familia Daluce no tiene un rostro, en su lugar hay una…

-¿Mascara? Es la que está en tus manos, por eso no pudiste herirme con esa espada, quite de los hombros de mi familia una de las anatemas que nos aquejaba, ahora remediare la otra, la blasfemia del espejo también reposa sobre los hombros de mi familia, pero no la ha usado como tú y tu padre para destruir todo a su paso.

-¡Es mentira!

Eva trato de levantar los brazos entonces para atacarlo de nuevo y los guantes subieron hasta sus hombros haciéndola caer de rodillas.

-Basta niña ¿Que no entiendes que no puedes herirme? Deja ya de luchar.

-Incluso si fuese cierto lo que dices ¿Por qué querrías quitar la blasfemia del espejo de tu familia?

-Dime Eva, ¿Alguna vez te has ganado el afecto de alguien por tus propios medios? Sin tener que usar esa blasfemia en tu provecho, la razón por la que la reina Aurora coloco las máscaras a su familia fue esa, nadie que se le acercara lo hacía por su propia voluntad, todos sus amigos eran hechizados, todos sus esposos fueran presas de ese hechizo y poco a poco fueron enloqueciendo al punto de que intentaron matarla para no tener que compartirla con nadie, un único hombre se acercó a ella con un sentimiento sincero y era porque desde niño su vista y su oído eran imperfectos, tu padre había llegado ya a esa locura Eva, él iba a matarte para que nadie más te usara contra él, para que tú no te volvieras en su contra.



Victoria Silva

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En el texto hay: fantasia, principes, mascaras embrujadas

Editado: 09.02.2019

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