Máscaras

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Falsa princesa

Al llegar abajo, Eva se quedó algo, sorprendida de que el rey la esperara al pie de las escaleras y que muy risueño la acompañase al comedor. Se sintió aún más extrañada de que solo ellos dos estarían en la mesa para el desayuno.

-Mi hermosa y dulce princesa, he escuchado rumores que llaman mucho mi atención.

-¿Rumores?

-Así es, al parecer usted conoce más de mi familia que yo mismo, y eso me tiene bastante intrigado.

-Dudo que así sea majestad, a lo mucho, cosas sin importancia.

-Hija, no tienes que tener miedo, con lo que has hecho me has demostrado que no vienes con intención de dañar a los míos y cualquiera que proteja a mi familia será protegido por mí ¿Comprendes?

-Sí, pero como le dije al visir, yo no sé cómo ayudar al príncipe, se lo juro

-Yo también conozco a tu familia princesa y su procedencia, sé muy bien que puedes descubrir cómo ayudar a Nathaniel, tendrás a tu disposición lo que haga falta, él, es la luz de los ojos de mi reina y nada me rompe más el corazón que verla así de triste, pero incluso sino está en tus manos el poder ayudarlo no tendrás nada que temer, me bastare con saber que lo intentaste.

-Gracias su alteza.

-El desayuno ha estado magnifico, ¿No lo crees?

-Sí.

-Me has hecho muy feliz al acompañarme, con permiso, tengo cosas que hacer.

La princesa Eva no lo podía creer, si antes estaba preocupada ahora estaba al borde de un colapso nervioso, ella no sabía cómo ayudarlo, de verdad no lo sabía y tampoco sabía cómo averiguarlo. Había caminando tanto, deambulando por el palacio que sin notarlo estaba de pie frente al pasillo de los reyes, camino hasta quedar frente al retrato de la emperatriz.

- Yo sé que ustedes no quieren ayudarlo, ni siquiera sienten algo de aprecio por él, pero sino se salva, quizás su estirpe desaparezca por completo y aunque les duela, Nathaniel es parte de su sangre y su máscara lo prueba, ahora está hecha pedazos.

De pronto, la princesa sintió que se le helaba la sangre al escuchar las voces del pasillo, una tras otra, sin embargo, lo que le decían no era una solución, sino no todo lo opuesto.

-¿Por qué no terminas lo que empezó Taurini?

-Esa mascara jamás debió existir.

-Deberías hacerla polvo.

-No vuelvas a pronunciar el nombre de ese perjuró en nuestra presencia.

-¿Está rota y aun esta con vida?

-Eso prueba que es un monstruo.

-Debieron matarlo al nacer.

-Nadie sabe la cantidad de maldad que se esconde en el corazón de ese muchacho.

-Su nacimiento era un mal augurio.

La paciencia de la princesa Eva llego entonces al límite.

-¡Ya basta! ¡Todos ustedes son unos hostigados! ¡Acaso no se dan cuenta de que todos van a desaparecer si Nathaniel lo hace! ¡El necesita su ayuda!

-Ellos no desaparecerían majestad y tampoco la ayudaran.

-Señor Abraham, ¿Qué hace aquí?

-Me sorprende que haya logrado hacer que hablaran, ellos no le temen a Nathaniel, le temen a la muerte.

-¿A la muerte?

-Así es, cada uno de ellos es prisionero de su máscara, pero aún permanecen en este mundo, no es con Nathaniel su disputa, pero está claro que si el príncipe descubre como destruir esta imprecación, sus almas serán liberadas y muchos de ellos tienen pecados que pagar.

-¿Acaso si Nathaniel muere no sucedería lo mismo?

-No, la reina tendría otro hijo, porque por desgracia así es como este mal funciona, ellos tienen esperanzas de que si nace otro príncipe.

-No hará lo mismo que Nathaniel.

-Así es, piensan que se resignara, pero aun así, ellos no podrían ayudarla madame, todas sus máscaras están intactas.

-Es verdad, pero aun así, tenía esperanzas de que supieran algo que yo no.

-Saben muchas cosas madame se lo garantizo, pero no las compartirán.

-Habría sido de gran ayuda que hicieran libros más extensos sobre la historia de la familia real.

-¿Libros más extensos?

-Sí, el príncipe me comento, que la historia exacta de la procedencia de las máscaras, no está escrita en ninguno de sus libros.

-Con permiso madame, tengo algo importante que hacer.

-Adelante.

El visir partió a su despacho tan rápido como pudo, con una intrigante idea en la mente, tomo de prisa la caja del viejo diario y lo llevo al cuarto del príncipe, sintió un gran alivio al notar que la reina no se encontraba en la habitación. Coloco la caja sobre la mesa y saco el libro, lo abrió cuidadosamente y lo dejo de tal manera que no llamara la atención. Se acercó a la cama para asegurarse de que el príncipe aun durmiera. No estaba seguro del motivo por el que hacía esto, pero tenía un buen presentimiento. El visir estaba por dejar la habitación cuando la reina apareció, aun cuando la máscara de ella era inexpresiva, en sus ojos se podía notar la inmensa tristeza que sentía. La vio junto a la cama sin decir una palabra y para no molestarla decidió irse en silencio, regreso a su despacho convencido de que quizás su idea diera buenos frutos, pasada la hora del almuerzo el medico toco la puerta de su despacho.



Victoria Silva

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En el texto hay: fantasia, principes, mascaras embrujadas

Editado: 09.02.2019

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