Máscaras

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El final de una anatema

Apenas terminó el desayuno Nathaniel regreso a la biblioteca y estaba por comenzar a organizar los libros que aún seguían revueltos cuando su madre lo interrumpió. Estaba bastante preocupada por el comportamiento de la princesa Eva hacia Evelyn y por más que había conversado con la joven no había logrado hacerla cambiar de parecer, pero estaba convencida de que Nathaniel lo conseguiría. El príncipe miraba a su madre con cierta incertidumbre acerca de su creencia, pues el mismo había comprobado que la princesa Eva no era fácil de convencer, sin embargo, al ser una petición de su madre tenía que intentarlo al menos, pero ¿Que se suponía que hiciera? La reina lo dejo meditándolo y se fue, aun divagaba al respecto cuando la princesa Eva entro en la biblioteca.     

-Majestad ¿Dónde está el amuleto?

-No me agrada esa pregunta madame ¿Con que objeto lo busca?

-Quiero saber si de verdad piensa destruirlo, si realmente lo hace por su propia voluntad.

-¿Qué quiere decir?

-¿Está seguro mi señor de que no está siendo víctima de la manipulación de Evelyn?

-Lo estoy ¿Por qué piensa su majestad que Evelyn podría estar manipulándome?

-Ella quiere destruir el amuleto para recuperar su poder, no le importa las consecuencias.

-Estoy plenamente seguro de que le importan, de no ser así, no me habría pedido que le ayudara, habríamos podido destruir el amuleto entre los dos y olvidarnos de usted madame.

-Eso es lo que ella quiere que crea.

-No comprendo a que se refiere.

-¿Acaso no habría sido igual si lo hubiesen destruido sin ayudarme?

-Lo dudo demasiado.

-Pero no puede saberlo porque ya es muy tarde.

-No habría querido saberlo, en cualquier caso, me siento satisfecho con el resultado, no niego que tal vez pudo ser mejor, pero supongo que siempre hay consecuencias que quedan fuera de nuestro alcance, me parece que tal vez deba meditar acerca del rencor que siente por Evelyn majestad, considero que no tiene una buena razón para estar molesta.

-Traiciono a mi padre, además aparte de ella no hay nadie más que considere que la blasfemia del espejo sea algo realmente malo.

-Y su padre, y decenas de reinos madame, quisiera pedirle que mejor deje de pensar al respecto, tengo algo que tal vez la ayude, regreso enseguida.

 Nathaniel subió a su recamara y tomo las llaves del diario, quizás la perspectiva de la reina Aurora podía hacer cambiar de parecer a Eva con respecto a la blasfemia del espejo y sobre los motivos de Evelyn para ayudarla, porque estaba muy claro que por sí misma la princesa no cambiaría de parecer. Al regresar la encontró aun en la biblioteca con expresión molesta, se acercó hasta el libro, retiro el sello y se lo entrego.

-¿Vais a permitirme leerlo?

-La reina Aurora era muy especial y estoy seguro de que no se enfadaría, me daría mucho gusto que lo examinases.

-Me siento honrada.

-Me alegro mucho, podéis comenzar si gustas, yo tengo mucho que organizar aquí.

-Muchas gracias.

Nathaniel la dejó para que pudiera concentrarse mientras el continuaba organizando los libros, el silencio invadió la biblioteca por entero durante un buen periodo, el príncipe ponía todo en orden mientras la princesa leía en absoluto silencio las páginas del manuscrito, solo dejo el libro un momento mientras almorzaban y luego retomo la lectura. Evelyn había mantenido una distancia prudente de la princesa para no molestarla aún más. Con el pasar de los días Eva se internaba más y más en la lectura, pero contrario a lo que Nathaniel creía la princesa no estaba resolviendo rendirse sino todo lo opuesto, pensaba en una manera de recuperar el amuleto de las manos del príncipe, sabía que estaba en su habitación, pero no sabía si él lo había ocultado en algún lugar, tenía que darse prisa pues sabía que Evelyn no tardaría en descubrir la manera de destruirlo. Sin embargo, entrar en la habitación de Nathaniel era más difícil que llegar a las bóvedas del palacio, un par de guardias recorrían ese pasillo una y otra vez varias veces al día, y aunque Nathaniel pasaba mucho tiempo en la biblioteca era difícil saber en qué momento se le antojaría subir por algo.

Al fin y al cabo era su cuarto y no tenía por qué pedirle permiso a nadie, no obstante la suerte estuvo a favor de Eva, haciendo que todo pareciera demasiado sencillo para ser cierto, o para desaprovecharlo, cuando el príncipe se vio obligado a salir del palacio con el deber de hacerle compañía a su padre en un acto de revelación en una de las plazas más pequeñas de la ciudad, ya que la reina se encontraba indispuesta. La princesa Eva decidió tentar a la suerte e intentar recuperar esa misma tarde el talismán, se quitó el brazalete de la mano para burlar a la guardia, mandándolos al pueblo a divertirse y ordenándoles que no mencionaran nada acerca de haberla visto, la puerta de la habitación no estaba cerrada, al parecer el príncipe no pretendía ocultar nada, quizás el hecho de no poder mentir también evitaba que escondiera secretos, sin embargo, encontrar el amuleto dentro de la habitación fue algo muy diferente. Eva quedo admirada al ver todo en un absoluto orden, nada estaba fuera de lugar, la menor cosa que moviera de seguro Nathaniel lo notaria, únicamente la cama estaba revuelta.



Victoria Silva

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En el texto hay: fantasia, principes, mascaras embrujadas

Editado: 09.02.2019

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