Máscaras

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Una máscara diferente

Capítulo 1

 

En un reino muy lejano y muy bonito, dominaba una hermosa reina, una mujer de belleza tan vasta que no había un solo hombre en el reino que no la amara, sin embargo ella no era feliz, a pesar del sin número de pretendientes que tenía envidiaba grandemente a las mujeres menos hermosa, uno juraría que aquella belleza tan grande la habría vuelto egocéntrica pero era todo lo contrario, su autoestima se había ido hasta el suelo, la reina ya no se arreglaba, andaba como una mujer cualquiera pero eso no le bastaba para esconder su belleza, como último recurso decidió usar una máscara que la hiciera lucir horrible, pero todos sabían cómo era ella realmente así que no tenía mucho efecto, pero esto cambió el día que una gitana pasó por su palacio y al ver a la reina en su sufrimiento le preguntó si había algo que pudiese hacer,  ella le dijo que sí y le explicó su situación, cuando terminó le pidió un deseo y sin hacer preguntas la gitana le cumplió su deseo y luego la reina la hizo prometer que nunca le contaría a nadie las razones de aquella petición y luego de prometérselo la gitana se fue y nunca más volvió, desde aquel  día cayó una imprecación sobre la familia real, era la maldición de las máscaras, una máscara hermosísima aparecía sobre el rostro de todos aquellos descendientes de la reina y no podía ser removida de ninguna manera, solamente la reina sabía el modo de romper la maldición  pero nunca lo reveló, y nadie conocía el motivo que tuvo para hacerle aquello a su familia.

La reina se casó y se descubrió algo increíble, el día después de la boda apareció sobre el rostro del rey una máscara y tampoco pudo quitársela sin embargo a él no le importó pues amaba a su reina y si ese era el precio para vivir a su lado lo aceptaría con todo gusto, la reina tuvo un hijo y la historia se repitió al igual que con los hijos de sus hijos y los de sus hijos, así hasta llegar a su segundo tataranieto, pero este príncipe no era como sus ancestros, su máscara era muy especial y él era un joven sumamente interesante, testarudo como solo él podía serlo había tratado desde muy pequeño arrancársela aún si tenía que arrancarse la cara con ella y era el único que trataba de buscarle una solución al asunto, no había duda de que era un joven muy apuesto aun cuando lo único que podía verse a través de la máscara eran aquellos azules y profundos ojos, era el tesoro de su padre, y aun cuando el adoraba a su madre ella no le daba mucha importancia, lo habían bautizado Nathaniel, como su abuelo materno.

Pero como ya había mencionado la máscara que cubría el rostro del príncipe era sumamente especial, pues cambiaba según como tuviese el humor, a diferencia de sus antepasados a quienes les aparecía una máscara y morían con esa misma, con el príncipe no se estaba seguro de si moriría con la que nació, dependería del humor que tendría el día de su muerte, aquella peculiaridad era el motivo por el cual el joven deseaba arrancarse la máscara aun si tenía que quitarse la cara para lograrlo, aquello le costaba todas las mentiras, aun las piadosas, no tenía forma de esconder sus sentimientos e incluso resultaba sencillo descubrir lo que pensaba de ciertas cosas, en fin, no podía esconder nada, incluso había que abstenerse de contarle algún secreto pues estos acababan siendo descubiertos.

Sin embargo las cosas se pusieron realmente serias cuando el príncipe cumplió sus dieciséis años, su padre estaba muy emocionado pues ya había que buscarle una esposa, una verdadera odisea que decidió dejar en manos del visir por obvias razones, entre ellas la única que le explico “no deseo ver las expresiones de mi hijo cuando las desprecie”, el visir miro al rey con algo de desdén pero fue a hacer su trabajo, lo primero era localizar al príncipe cosa que no era muy complicada ,de todos modos la lista de candidatas estaba hecha hacía semanas, y el príncipe si no estaba en la biblioteca sepultado bajo los libros estaba hablando con los sabios y exactamente en la biblioteca bajo una montaña de libros lo encontró.

-¿Majestad?

-¿Qué quieres?, ¿no ves que busco algo?

-Eso nunca ha sido extraño.

-Esa no es la respuesta a mi pregunta.

-Necesito su ayuda o más bien su intervención.

-¿En qué?

-Su padre ha mandado a traer un grupo de damas para que usted escoja una esposa.

-¡¿Una qué?!

El chico se levantó del suelo tan de prisa que no se fijó que había movido la base de la columna de libros junto a él, causando que se le viniera encima, en vano el visir corrió para quitarlo del medio, los libros lo aplastaron dejándolo inconsciente de ipso facto.

-Sabía que esto iba a pasar.

Cuando el príncipe volvió en si se sentó en el diván y se quedó mirando hacia los lados.

-Majestad, ¿se siente bien?

-De maravilla, como acabado de nacer.

-Entiendo.

-¡No hagas preguntas estúpidas!

-Lo lamento mi lord pensé que como mínimo le dolería la cabeza.



Victoria Silva

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En el texto hay: fantasia, principes, mascaras embrujadas

Editado: 09.02.2019

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