Máscaras

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Princesa Curiosa

Capítulo 2

 

Cuando la princesa Eva dejó el palacio, el visir busco al príncipe muy emocionado y lo encontró de nuevo en la biblioteca.

-¿Otra vez aquí?

-Qué bueno que viniste, necesito que mandes una carta.

-¿A quién?

-A la Señorita Paulina Taurini.

-¿Una disculpa?

-Y una aceptación de compromiso.

-¿Qué ha dicho?, pero si Taurini no podrá jamás con la presión de la anatema de la familia real, sería más sensato que eligiera a la princesa Eva.

-Tal vez, pero yo desate una guerra y debo corregirlo.

-Pero su alteza…

-Eso hará feliz a mi padre, con algo de suerte la Señorita Taurini, me rompe el rostro con todo y máscara como dijo que me haría.

-Enviare la carta después de hablar con el rey… esto es una estupidez.

El visir dejó la biblioteca y busco al rey por todo palacio, sintió un cierto alivio al verlo sentado junto a la reina en uno de los jardines interiores.

-Majestad necesitamos hablar.

-¿La princesa Eva ya se ha ido?

-Así es, no hace mucho que se fue.

-¿Declarara la guerra?

-De ninguna manera, en lugar de eso me ha dicho que deberíamos prestar más atención al estado de ánimo del príncipe, dijo que él no está bien, que no tarda en colapsarse, aunque no logro comprender a que se refiere.

-Ella, ¿Ha dicho todo eso?

-Así es mi reina, y lucía preocupada.

-Quizás deba hablar con él.

-Dudo mucho que hable con alguien cielo, nuestro hijo realmente tiene algo, pero no lo dirá y creo que por esta vez la máscara no nos ayudará tampoco.

-¿Qué quieres decir?

-Cuando lo vi en la biblioteca, su expresión estaba tan triste que no se mostraba nada más, por lo general es sencillo ver muchas expresiones revueltas en su rostro, entre las facciones y los colores, pero esta vez era solo una profunda expresión de tristeza e indiferencia, como si hubiese perdido todo deseo de algo, hay que motivarlo de alguna manera.

-¿Y a usted su majestad le pareció buena idea motivarlo obligándolo a aceptar el compromiso con la señorita Taurini?

-Yo no lo obligue a nada, no le dije que no lo hiciera, pero tampoco le dije que era obligatorio, me habría bastado con que se disculpara, no tiene que aceptar el compromiso.

-Pues me pidió que enviara una carta aceptando el compromiso.

-¿Y lo hiciste?

-Por supuesto que no.

-Deberías enviar una.

-¿Mi reina a que se refiere?

-Quizás la princesa Eva sea la mejor candidata para ese compromiso, ella parece poder soportar el cambio de ánimo de nuestro retoño.

-Y está muy interesada en la máscara del príncipe.

-¿De verdad?

-Si majestad, de eso estuvieron conversando mucho rato.

-Lo ves mi rey, nada parece más claro que eso.

-Supongo que tienes razón de cualquier forma la guerra puede evitarse con un tratado.

-¿Quiere que mande la carta mi señor?

-Sí, pero mándala al rey Eduardo, así habrá algo más de tiempo para detener una guerra ridícula.

-De inmediato majestad.

El visir regreso al despacho pero antes de llegar decidió pasar por la biblioteca, pero el príncipe no estaba allí, se había ido, continuó con sus quehaceres de seguro lo vería más tarde, el muchacho estaba sentado entre los consejeros más viejos del palacio, preguntándoles de nuevo la historia de la primera reina, y escuchando de nuevo atentamente una leyenda que ya conocía al pie de la letra, buscando algo que sabía que no encontraría allí, los ancianos pacientes, respondían todas las preguntas que el muchacho hacía, las mismas que hacia siempre, pero esta vez estaban preocupados, por lo general les molestaba que el muchacho viniera de nuevo a preguntar exactamente lo mismo e interrumpirlos en sus quehaceres pero esta vez los 6 ancianos respondieron con paciencia, pues les llamaba en demasía la atención el hecho de que incluso los ojos azules del muchacho parecían haber perdido su brillo, se veían oscuros e incluso algo atemorizantes.

Habían quedado tan consternados que incluso después de que el muchacho se fuera disculpándose por molestarlos que se quedaron investigando en los textos más antiguos a los que el príncipe no tenía acceso, pero al igual que el muchacho no encontraron nada que no hubiesen visto antes. Después de mandar la carta el visir decidió buscar al príncipe para darle la buena noticia, lo encontró sentado en el balcón del palacio que daba vista a la calle del mercado del pueblo, estaba oculto de tal manera que podía ver todo sin ser visto, no muchas personas del pueblo lo apreciaban y eso también lo sabía, muchos decían que él había empeorado la execración de la familia real y que los reyes debieron matarlo al nacer.

-¿Majestad que hace allí?

-Nada, ¿En qué puedo ayudarte?

-Su majestad le traigo una maravillosa noticia.

-¿Cuál?

-El rey decidió que no tiene que aceptar el compromiso con la señorita Taurini, en lugar de eso, mandó una carta de aceptación al rey Eduardo.



Victoria Silva

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En el texto hay: fantasia, principes, mascaras embrujadas

Editado: 09.02.2019

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