Masquerade

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La revelación

Jamás en mi vida imaginé que me encontraría en un baile de Máscaras, mucho menos en uno como este. 
 

Hace dos días que me llegó una invitación alegando que me presentara el día de hoy, al principio pensé que era una broma de mal gusto, así que no le tomé importancia y dejé la invitación sobre la mesa junto a la puerta principal.

A la mañana siguiente, me desperté sobresaltada por el sueño que había tenido, extrañamente en el aparecía con un vestido color plata ajustado a mi figura, el antifaz del mismo color, sin ser llamativo, mi cabello era un recogido a la nuca muy discreto y severo; Al medio día alguien llamo a mi puerta, me dispuse a salir de mi alcoba recorrí el pasillo, pasando por la habitación que había pertenecido a mis padres, pasando junto al comedor, posé mi mano izquierda en el pomo de la puerta y la abrí. Sin cuestionarme por la ausencia de la persona quien llamaba, simplemente recorrí mi mirada por el jardín y al posarla frente a mis pies, me encontré con una caja rectangular, color negra. Sin más que esperar me agaché, tomé la caja y me adentré nuevamente a mi hogar.

Mientras la llevaba en mis brazos, ese "sexto sentido" me alertaba de alguien que me observaba por la ventana, creando que mi  piel se erizara y con esto un sudor frío se deslizara en mi nuca, dirigí mi mirada lentamente a la misma, encontrándome nada más que con los mismos árboles que rodeaban la propiedad.  Sin más miedos dentro de mis pensamientos, coloqué la caja en mi cama, desaté el moño que lo adornaba, quité la tapa y el papel crepé para encontrarme con vestido rojo escarlata, con una amplia abertura entre mis senos, algo pecaminoso que usar para una señorita de la época, y al lado del mismo una corona con piedras incrustadas.

 

Al llegar al lugar, entregué mi invitación a los hombres que se encontraban custodiando la entrada, al leerla detenidamente ambos se miraron a los ojos, para después dejarme entrar con asentimiento de cabeza. 

Al entrar mi mente no podía creer, que al fin, me encontrara en un baile de estos, Y era absolutamente maravilloso, tanto que algunos invitados me miraban sin pudor alguno, cuando pise el último escalón, la voz de la mujer que interpretada tal melodía, lleno mis oídos de tal manera que creí estar en un sueño.

  Un sueño del que no quiero despertar jamás. 

Camine entre la multitud, nerviosa al pensar que algunos me miraban, pero el verdadero hecho es que ninguno lo hacía, excepto por un hombre; Solo bastaron unos segundos  para que él se acercara a mí, estiró su mano derecha cubierta por un guante blanco mantenido la otra detrás de su espalda, haciendo una leve reverencia, solo después escuche su voz:

"¿Me permite esta pieza?"

Sin dudarlo la tomé, así él me encaminó al centro del gran salón, y con destreza me guió en el breve tiempo en que duro la danza que habíamos iniciado, no solo hablo de mover nuestros cuerpos al compás de la melodía, hablo de que sus ojos, y los míos parecían danzar, como si tuvieran vida propia  era tanta la comodidad que me hacia pensar que había conocido a este hombre en algún momento de mi vida y que en un futuro estaría destinada a él. Ese simple hecho me asustó y con un movimiento rápido solté su mano no obstante solo en ese lapso de tiempo fue cuando sentí que el aire me faltaba y que mi corazón latía frenéticamente.

Coloqué mi mano derecha en el lugar en que se encuentra mi corazón, y con la otra, cubrí mi boca.  Al dar media vuelta para dirigirme a la salida, su voz irrumpió mi huida.

"¿Crees que puedes escapar?"

No contesté, el pánico albergaba todo mi ser.

"Se lo que pretendes Aria, y créeme no podrás salir de aquí. ¿Quieres saber a que me refiero?, no puedes, simplemente por que este baile fue organizado para ti. Tú eres la razón de que todos nosotros estemos reunidos."

Sin creer en sus palabras, nuevamente trate de caminar a la salida del lugar, pero eso no duró mucho.

"No puedes volver por donde llegaste. Ya no"

Mi mente registro ese tono de voz lúgubre, y con el miedo atenazando mis entrañas, lo encaré. Elevé mi barbilla, desafiándolo, a lo que sólo el sonrío, pero no una sonrisa de felicidad sino una de ironía.

"¿Y por que no puedo irme, por que no volver por donde entre?" Pregunté.

Y él contestó.

"Por que es tú bienvenida a este mundo".

Confundida por su elección de palabras el solo se limitó a contestar mostrando nuevamente esa sonrisa irónica.

"¿En verdad quieres saber?"

"Sí"

"Por que estas muerta".

Y justo en ese momento, recordé...



Carla Pavón

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En el texto hay: bailedemascaras, mascaras, suspenso y drama

Editado: 18.11.2018

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