Me casé con un mafioso

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capitulo 4

Capítulo 4

Calipso

Al final, Matteotti y yo quedamos solos en aquella oficina y podía jurar que él estaba sudando frío.

Venecia se había ido del cuarto y el pobre de Matteotti había perdido a su pequeña y temporal salvación.

Me quedé callado mirándolo fijamente por aproximadamente 5 minutos, podía ver cómo su piel se volvía cada vez más pálida, cómo el sudor caía por su frente. Luego de que pasaran los 5 minutos, Matteotti apretó sus puños y tragó saliva muy angustiado. Su mirada parecía reflejar terror. ¿Tanto miedo causa mi presencia? Aunque me era muy satisfactorio que mi presencia tenga tal efecto.

Me crucé de brazos y fruncí el entre cejo mientras veía como Matteotti se sobresaltaba ante mi expresión.

—Las personas como tú me desesperan. Te crees superior ante un ser que con sólo tronar los dedos ya puede hacerte desaparecer. —Me reincorporé, coloqué mis manos frente a su escritorio y me incliné levemente hacia delante —y mi paciencia ha colapsado.

—Pe-pero...

Golpeé la mesa con furia.

—¿ACASO NO ESCUCHÓ MIS ULTIMAS PALABRAS? ¿ES ACASO USTED UN IMBÉCIL? No quiero "peros", quiero mi dinero... ¡AHORA!

Matteotti tragó saliva nuevamente; si me dieran plata por cada vez que hacia ese movimiento, sería aún más rico.

No lo dejé hablar en ningún momento.

—Y una última cosa... antes de que articule sus míseras palabras —apreté ligeramente mis manos —si me responde con una negación, dispararé en medio de su frente... y Editorial Imperio se quedará sin dueño...

En ese preciso momento, una magnífica idea se me vino a la mente; me reincorporé nuevamente y acomodé mi traje, lo cual dejó completamente atónito a Matteotti. Me alejé unos cuantos pasos, tome mi teléfono e hice una llamada... Luego de hablar con Tommaso sin darle muchas opciones, colgué.

Me quedé callado sin decir nada mientras miraba por la ventana. Mi reacción fue muy extraña, hasta para mí, pero cuando algo se mete en mi mente no hay nada que me lo saque.

Luego de una hora y media, la puerta se abrió. Tommaso se dejó ver y con una sonrisa me mostro un sobre marrón, cerró la puerta y se acercó a nosotros.

—Tardaste mucho, te dije claramente, una hora. Fui generoso.

—Sí, lo sé, pero tuve un problema con el tráfico al regresar hacia acá.

Me senté nuevamente en la silla y extendí mi brazo para que Tommaso me diera el sobre, lo cual hizo.

Matteotti me miró confundido.

—Hagamos algo, Matteotti —él me miró algo nervioso —¿qué le parece darme la empresa para saldar la deuda?

Los ojos de Matteotti se abrieron de par en par. Sonreí con satisfacción, puse el sobre en el escritorio y le pedí a Tommaso que haga el resto.

—Pe-pero n-no puedo darle la empresa... l-lo siento...

Yo fruncí el ceño, ¿acaso quería morir este idiota?

—No se preocupe señor Matteotti —habló Tomasso —se perfectamente que el 50% de esta empresa le pertenece a su hermano Dante y el otro 50% a usted —tomó el sobre del escritorio, lo abrió y saco unos papeles.

Matteotti estaba sorprendido, Tommaso era un genio a la hora de la investigación.

Luego de sacar los papeles, los colocó frente a Matteotti.

—Si usted accede a entregarle su 50% a mi jefe, tal vez el señor Calipso reconsidere su deuda, ¿no es así?

Tommaso me miró y yo ladee mi cabeza sin decir nada, porque al parecer las palabras que mi gran amigo había dicho ya habían tenido efecto en Matteotti.

—Podría considerarlo —dije, ya que ambos sabíamos que el contrato no era así de sencillo.

Tommaso me dio un papel, lo miré curioso y sonreí levemente al leerlo. Todo iba saliendo a la perfección, sólo faltaba que Matteotti firmara y mi plan sería un éxito.

Luego de leer por arriba el contrato, el pequeño empresario firmó los papeles.

Sonreí gustoso. Matteotti no era más que un imbécil, ¿leer un contrato así nomás y firmarlo para salvarse el pellejo? Este sujeto no para de subestimarme.

—¿Listo? —Tommaso tomó el contrato, pidió usar la fotocopiadora de la oficina y cuando terminó el dio una copia a Matteotti —bien, nos veremos en unos días, señor Matteotti —Tommaso y yo nos dirigimos hacia la puerta, dejando a Matteotti completamente desconcertado.

—¿Unos días...?

Tommaso se dio la vuelta y lo miró confundido.

—¿Sucede algo? ¿No leyó bien el contrato, señor Matteotti? —dije con cinismo, sin siquiera darme la vuelta—ya escuchó a mi muchacho. Nos vemos en unos días con el dinero que le falta, o sino...—dejé a la vista mi arma y luego salí de la oficina seguido de Tommaso.

[...]

Habíamos llegado al casino y la suave voz de Claudia, mi secretaria y sub-gerente del casino, nos dio la bienvenida.



AntoFudou

Editado: 05.08.2019

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