Me casé con un mafioso

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Capítulo 8 primera parte

Capítulo 8 primera parte

Matteotti

¿Qué pasó…?

 Me sentía mareado, desorientado… luego de salir de la editorial no tenía recuerdo alguno…
 Comencé abrir mis ojos lentamente, pero todo era oscuridad… no podía describir para nada dónde estaba, la oscuridad dominaba totalmente el lugar en el cual estaba.
 Busqué luz en algún lado, el que fuera, pero… nunca pensé que al encontrarla iba a quedar totalmente aterrorizado. Las luces se encendieron y mis sentidos empezaron a despertar al mismo tiempo que estaba cegado por la repentina iluminación. Intenté moverme, pero fue en vano, estaba sentado en una silla con mis manos atadas tras mi espalda… mis pies también estaban atados a las patas de dicha silla, ni siquiera podía forcejear sin lastimarme.

 Poco a poco mi vista iba mejorando y la ceguera iba desapareciendo, ya podía ver con una relativa claridad la habitación.
 La habitación estaba llena de hombres con traje. No podía reconocer a ninguno, hasta que uno de ellos se acercó… era Calipso.

 Lo miré. Por su expresión parecía estar divirtiéndose con la situación.

—¿Durmió bien, Matteotti? —dijo con una pequeña sonrisa mientras se acomodaba su corbata.

 No podía hablar, el miedo hizo que mi boca no pudiera articular palabra alguna.

 Calipso tomó una silla que se encontraba en el lugar, colocó el respaldo frente a mí y luego se sentó.

Aunque mi cabeza todavía no podía pensar muy bien, estaba impactado… ¿por qué? ¿Por qué me secuestró Habíamos hecho un trato… no tenía ninguna razón para hacerme esto…

—Teníamos un trato…

Me miró divertido.

—Lo has dicho bien, teníamos… —sonrió —me cansé de que me esté tomando el pelo.

—¡P-por favor, n-no me mate! Le di… le di todo lo que tenía… todo por  lo que he luchado…

Al escuchar mis palabras Calipso comenzó a reírse.

—No se preocupe, Matteotti. No lo mataré  —respiró profundamente y sonrió serenamente.

Comencé a tranquilizarme… sólo me estaba dando un susto por darle tantas vuelta, o eso pensé antes de sentir el frío cañón del arma que me estaban apuntando la cabeza… miré con terror al matón de Calipso que me apuntaba. 

—Lo hará Tomasso  —dijo.

Me alteré nuevamente.

No podía pensar, el revolver en mi cabeza era mucha presión, tenía ganas de vomitar, me dolía mucho el estómago, me explotaba la cabeza… sentía mi excesivo sudor muy frío… ¿cómo iba a hacer que Calipso me perdonara…? Debía pensar algo urgentemente…

“Luis, eres un hombre muy débil” me dije a mí mismo.

¿Qué iba a hacer? Necesitaba pensar algo y el revolver en mi cabeza no ayudaba mucho…

Entonces lo recordé, el hermoso rostro de Venecia vino a mi mente ¡Claro! Ella sería mi salvación… como aquel día.

—¡ESPERE! —grité —¡por favor, no me mate! Si no lo hace ¡le daré a Venecia! Podrá hacer lo que quiera con ella… ¡¡será toda suya!!

Me pareció creer que a Calipso le interesó mi propuesta, me sentí aliviado.

Su matón bajó el arma. Venecia iba a ser mi salvación ¡Iba a sobrevivir!

—¿Usted me está tomando el pelo, Matteotti?

Tragué saliva y negué moviendo mi cabeza.

—¿Me está ofreciente a Venecia… como si fuera una cualquiera? Me está ofendiendo, Matteotti… —frunció el entrecejo —¡¿Y si mejor me ofrece a su madre?! Digo, ya que estamos —me golpeó directamente a la cara con furia.

Quedé anonadado por el golpe. Mi propuesta no fue grata para Calipso… ¿acaso le había dado en su orgullo? No lo sabía, pero en ese momento reaccioné… mis pies bajaron a la tierra y recordé totalmente que delante de mí estaba el jefe de la mafia italiana… y estaba enfurecido…

Nunca me habían golpeado tan fuerte, sentí cómo mis ojos se iban cristalizando mientras mi pómulo se hinchaba.

Se levantó de la silla, se sacó el traje y se acercó a mí.

—Nunca suelo romper mis promesas —me sujetó la cara con ambas manos y con mucha fuerza —pero cuando veo tanta estupidez en una persona… ¡me nace el incontrolable impulso de deshacerme de ella personalmente! —bajó sus manos hasta mi cuello y comenzó a apretar fuertemente —¡¡pregúntele a su madre si le hubiera gustado ser ofrecida como si fuese un costal de papas!!

—Per… perd…

No podía respirar… me estaba quedando sin oxígeno… sentía que mis ojos iban a explotar y garganta se iba a partir en dos… pero antes de que pudiera ver la luz, Calipso me soltó…



AntoFudou

Editado: 05.08.2019

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