Me casé con un mafioso

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Capítulo 11

Capítulo 11

Venecia

Llegue al casino después de mi alocada mañana, estaba cansada y aun no terminaba mi día, ¡demonios!

Cuando entré al casino no había rastros de Tomasso y mucho menos de Calipso, pero quedé completamente fascinada al ver semejante obra maestra, ese casino era arte puro… había un sector de comidas con un estilo a bar clásico, un sector privado de apuestas que tenía un cartel con la palabra “cerrado”,  luego todos los juegos que un casino podría tener, miré para arriba y había un hermoso candelabro blanco que iluminaba todo el lugar. A pesar de ser casi la una de la tarde, la gente estaba empezando a entrar, no estaba lleno, pero se podía decir que para ser un casino y que esté abierto a esa hora, era mucha gente que estaba al pedo. Caminé unos pasos más enamorada del lugar en donde estaba y me encontré con algo que me enamoró aún más…

No podía describir semejante obra maestra, si bien el casino estaba decorado como si fuese la mismísima Italia, lo que mis ojos veían era muy majestuoso.

Saqué mi cámara de la mochila, la encendí y comencé a sacarle fotos.

Una réplica exacta en miniatura — bueno no en miniatura, tamaño estándar para el casino —  de La Fontana di Trevi, y por las fotos que vi en los álbumes familiares de mi abuela, era maravillosamente igual a la verdadera.

Cuando terminé de sacar las fotos, que para mí me parecieron pocas, la voz encantadora de Calipso inundó mis oídos.

—¡Venezia, amore mio qué alegría verte! Veo que admiras mi más grande adquisición —me dedicó una sonrisa.

—¡Buenos días, Calipso! Sí, la verdad… es hermosa —le devolví la sonrisa de la manera más encantadora que pude — mi abuela me contó que tiene una historia pero no recuerdo cuál…

Calipso sacó de su bolsillo una moneda y se acercó a mí por detrás, colocó su mano libre en mi cintura provocando que un escalofrío recorriera mi espalda, y con su otra mano me dio la moneda mientras me hacía un gesto de que tirara la misma, lo cual hice.

—¿Ves todas las monedas que están ahí? —afirmé con mi cabeza y él acercó su rostro a mi cuello. ¡MIERDA, TENIA MUCHO CALOR!  —dicen que si tiras una moneda en La Fontana di Trevi regresarás a Italia, decidí apoderarme de esa historia y crear mi propia Fontana di Trevi para así, los que tiren la moneda vuelvan a mi casino —se acercó a mi oído y no pude evitar sonrojarme —y fue una gran idea, porque todos lo que han tirado la moneda han vuelto… como tu amiga… ¿cómo se llama…Estefany? Ella tiró la moneda y nunca más se fue…

Abrí mis ojos de par en par, lo empujé con brusquedad ¡estaba tan furiosa! ¿Qué pretendía este tipo? ¿Maxi lo puso de su lado?

Estaba muy enfurecida, muchas cosas pasaban por mi mente.

—¿Dije algo malo? —preguntó con ironía.

Le iba a responder con una gran puteada que bien merecida se la tenía, pero mi celular sonó y preferí atenderlo antes de que me despidiera por maleducada.

—¿Hola? ¡Ah, sí! Soy yo, la dueña del departamento, ¿pasó algo? —mi rostro quedó completamente espantado al escuchar lo que la otra voz me decía —p-pero… ¿cómo es eso posible? Todos los meses le doy plata a mi amiga para que pague la cuota, pagué la última recientemente…

No podía creer lo que estaba pasando, ¿me había quedado en la calle? ¿Cómo era eso posible? No pude evitarlo y me largué a llorar, el muchacho me colgó no sin antes decirme que tenía 24 horas para desalojar mi departamento o tirarían todas mis cosas a la calle.

Me dejé caer en el piso mientras miraba alrededor, las palabras que Calipso me había dicho resonaron por toda mi cabeza, Maxi vino a mi mente con todas sus acusaciones y la última charla que tuvimos hoy.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas, me dolía mucho. Miré a Calipso el cual estaba medio borroso por las lágrimas que salían de mis ojos, pero pude sentir cómo se acercaba y me ayudaba a levantarme para luego decirme que me siente en uno de los sillones.

Ya podía ver con claridad a mi alrededor, sentía mis ojos mojados y mi cabeza que no dejaba de dar vueltas, mi departamento… Estefi, Maxi, la maldita fuente…

En un abrir y cerrar de ojos ya no pude ver más nada, sólo oscuridad…

Cuando abrí mis ojos veía todo borroso e inclusive estaba un poco ciega por las luces del lugar, tardé unos segundos en ver todo nítido. Mi cabeza seguía doliéndome, sentía como si estuvieran martillando en ella, tal vez en la nueva sala de “esto te pasa por pelotuda, Venecia”.

Estoy más que segura que así era.

La preocupada voz de Calipso llamó mi atención, me ofreció un vaso de agua.

No pude evitar quedarme mirándolo, se veía tan hermoso preocupado… y era por mi culpa, no pude evitar sonreír al pensar que Calipso se preocupaba por mí, pero su encantadora voz volvió a interrumpir mis pensamientos.



AntoFudou

Editado: 05.08.2019

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