Me casé con un mafioso

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Capítulo 12

Capítulo 12

Calipso

Cuando dejé a Venecia y al muchacho hablando a solas. Me dirigí a mi oficina, usé ese tiempo para ponerme al día con mi trabajo, aunque no podía concentrarme, Tomasso fue mi distracción al entrar por la puerta; estaba algo extraño, no podía descifrar qué era lo que le sucedía.

Dejó unos papeles sobre la mesa y me miró serio.

—Matteotti…

Quedé extrañado, ¿acaso la sabandija seguía molestando aún muerto?

—Después de mandarle las flores a su madre, seguí investigando y descubrí algo.

Tomasso señaló los papeles que había dejado sobre mi escritorio, los tomé y comencé a leerlos, quedé completamente impactado al ver su contenido.

—¿Trata de blancas…? dije indignado.

—Sí, y mira las siguientes páginas…

Hice caso y al ver la información quedé completamente furioso, quería revivir al desgraciado y volver a matarlo.

Había una foto de la bonita secretaria que me había atendido, una foto de la mujer que me había traído el vaso de agua y por último, lo que más me enfadó, una foto de Venecia. Ese infeliz planeaba venderlas, ahora entendía por qué me la ofreció para salvar su pellejo.

—Nunca estuve tan satisfecho de haber matado a alguien…

—Salvaste 3 vidas, Calipso.

Ignoré sus palabras.

—Quiero que investigues a su hermano, si está metido en ese asunto hay que sacarlo del mapa…

—Bien Tomasso se acercó a la puerta, pero antes de salir se giró para verme —olvídalo, después te digo, hay otras cosas que hacer.

Tomasso salió por la puerta.

Miré el calendario y comprendí lo que quería decirme, aunque tenía razón, por el momento teníamos que solucionar otros asuntos, el de Venecia principalmente.

Minutos después Venecia y Maxi entraron a mi oficina, querían hablar sobre el juicio, aunque Venecia tenía otro interés y era el de su departamento.

Que el muchacho tuviera a la niña era sencillo, sólo debíamos mostrar las grabaciones, y encontrar algunos testigos, lo cual Tomasso ya estaba en eso, y si Venecia hablaba no había razón para preocuparse.

—Quédate tranquilo, todo va a ir bien.

—Eso espero, no sé de qué seria capas Estefi… dijo abrumado.

—No te preocupes que conmigo ayudándote no podrá hacer mucho.

Al parecer el chico estaba contento, en el sentido de su hija claro, aunque podía sentir su angustia por la pérdida de su, por lo visto, primer amor.

Luego de hablar uno rato se marchó dejándonos Venecia y a mí solos en mi oficina.

Pude notarla algo inquita y angustiada. Toda la información que entró por su cerebro, debió ser muy impactante para ella… el desmayo de hace un rato lo confirmaba.

—Gracias por dejar que me quede en tu hotel sonrió —no te preocupes que en cuanto consiga algo ya no voy a molestar.

—Venecia, cara mía, tú no molestas en absoluto, más bien es un placer tenerte bajo el mismo techo.

—¿Mismo techo?

—¿Tomasso no te lo dijo? No hay habitaciones disponibles en el hotel, así que vivirás con nosotros; por lo menos hasta que una de ellas se desocupe.

Al parecer quedó completamente impactada, no se esperaba tal oferta, intentó negarse a mi ayuda luego de mi declaración, pero no la deje, fue obligada a aceptar. Amenazarla con despedirla siempre es una buena excusa para un sí.

—¡Deja de amenazarme con eso, Calipso! ¡La próxima vez voy a terminar por renunciar yo!

—¿Me estás amenazando, cara?

Venecia sonrió divertida mientras me afirmaba mi respuesta.

—Amenazador amenazado, Venecia, bien jugado.

La sonrisa que salió de su rostro al escuchar mis palabras fue lo más hermoso que había visto en estos últimos años.

Su celular sonó y su sonrisa resalto aún más, estaba tan encantado ante tal belleza. Cuando atendió, saludó con entusiasmo a su abuela, pero su sonrisa desapareció segundos después, podía darme una idea de que es lo que su abuela le había dicho, pero no estaba muy seguro, minutos después colgó.

—¿Todo va bien?

—Sí, no quiero preocuparla.

No volvió a hablar después de eso.

A pesar de no haber articulado palabra alguna, el silencio que emanaba de la habitación no era para nada incómodo. La observé de vez en cuando mientras revisaba unos papeles del casino, jugaba con sus dedos o revisaba su celular y en dos ocasiones dio un giro con la silla, tenía la mirada perdida como si estuviese pensando algo en particular.

—Calipso… —se apoyó en mi escritorio y me miró fijamente — ¿qué estás haciendo?

Me sorprendí ante sus palabras, no pensé que estaría interesada en lo que hacía.

—No mucho, reviso sueldos, balances, costos y ese tipo de cosas…



AntoFudou

Editado: 05.08.2019

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