Me Fui

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Deserté

Cuando era niño, la vida era más simple. Más calmada. Pero cuando la guerra inició...¡Que Dios nos salve! Ya llevamos tres años y no sé cuántos soldados fallecidos irán. Cuando a mi hermano lo enviaron, estaba asustado y pidiendome que le remplazara, que no podía hacerlo, que no servía para el combate. Logré calmarlo exaltandole el sentido nacionalista, que es en defensa de la Patria y que se hace todo por ella, dando hasta la vida.

¿Por qué no fui? Le serví a mi manera, tratando de mejorar nuestras armas, tratando de penetrar en las dificiles comunicaciones de los enemigos y buscar asegurarnos la victoria, pero cuando creimaos que ibamos bien, a los superiores no les gustaba y nos exigían comenzar desde cero. Yo lo hacía con gusto, porque por la Patria todo.

Vaya, si que era tonto.

No creía que todo lo que hacia pudiera hacerle daño a otros compatriotas. O tal vez si lo sabía, pero no lo podía creer. Podía aguantar la idea de dañár a otros seres, que atacan a mi país, que buscan destruirlo, quitandome todo lo que adoro y añoro, pero, ¿cuándo los ciudadanos de un mismo país se vuelven los enemigos de su país? Es una idea que no concibo. No comprendo.

Cuando uno de los superiores me pidió personalmente hacer los planos de una camara de gas, acepte sin duda. Creyendo que iban a darle un mensaje a esos franceses y británicos con los prisioneros de guerra que poseían, me horrorice al ver a una vieja amiga de la lejana adolescencia, quizas amorios de una noche allá en las lejanas montañas bavaras, entrando a la camara con andrajos de ropa cubriendola y cubierta de mugre y sangre por toda su piel visible. Es...era una mujer buena, amigable, muy bonachona, pero agradable. No era tan diferente a nosotros; era de piel clara, ojos azules y cabello castaño claro. Su única "diferencia" (que ni siquiera en ese momento podía entender) era que su familia era judia.

Jamás olvidaré las palabras que uso el oficial para describirla: 

—Vamos a hacerle lo mismo a todas las zorras judias. Todas son igual de despreciables. 

Luego activó la camara y vi como lentamente iba gritando, siendo zofocada por los gases y llamaradas que salían de ahí. A los minutos nos retiramos, estaba horrorizado, asqueado y muy contradecido. ¿Todo esto es por la patria? Preferiría ser un apatria que hacerle daño a algún compatriota. 

Cuando tuve la oportunidad, huí. Era de noche, tenía permiso porque mi hermano había venido de visita, y solo neceitaba una muda de ropa. No podría ir muy lejos, al menos por los momentos. Él, por supuesto, acepto con gusto que nos fueramos, ya había visto varios horrores. 

Estamos por Paris, y nos no han pedido la identificación, creo que no se han percatado. Cuando estabamos en Belgica tuvimos que deshacernos de los emblemas del partido y todo lo que nos uniera a él. Fue doloroso, en especial por la única foto de papá que nos quedaba, que era con uniforme imperial, pero que no nos quedó de otra para poder estar a salvo. 

No tengo familia. Sé que mi hermano sacará a sus hijos rumbo a Reino Unido apenas lleguemos a los barcos, pero no tenemos más que seguir. 

Aunque es un viaje largo, al menos estamos seguros en América. Mi hermano se movio a Londres, para estar con sus hijos, y yo me quedé en Buenos Aires, trantando de hacer rendir el poco dinero que pude traerme mientras busco un trabajo estable. Extraño a mi país, pero no en lo que veo ahora. Quiero que me lo deuvlevan. 

Quiero volver. Pero no puedo al menos hasta que de verdad cambien. 

Wolfang Lügbert.

Científico alemán que trabajó para el Tercer Reich



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En el texto hay: drama, migrantes

Editado: 21.10.2018

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