Medusa.

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El castigo de Medusa

Abrió los ojos inmensamente y atacó, se detuvo por un segundo frente a él, recordando de pronto todo, en donde se encontraban y... por qué.

-No vuelvas a hacer eso. – le advirtió al chico.

-¿Qué cosa? Solo me acerque. – se defendió Gerald.

-Exacto, si no estuviésemos aquí... hubieras muerto.

Gerald sonrió de lado antes de sentarse a su lado. Ella se había quedado dormida bastante lejos de los guerreros alegando hacer guardia.

-Sí, pero, estamos aquí, y cuando salgamos de aquí no nos preocuparemos más de eso.

-Aun sin mi mirada petrificante puedo ser letal. – Soltó ella seria.

Gerald la miro un momento aunque ella miraba al frente.

-Estoy ansioso por regresar.

-Para llevarme con tu rey y pedir la mano de tu princesa. – No pretendía que las palabras salieran tan bruscas de su pecho o que hubiesen dolido tanto. Gerald siempre había sido sincero con ella, él la ayudaría porque era lo que un caballero haría, jamás pretendió que...

-En realidad – comenzó Gerald haciendo que ella volviese a la realidad. – Quiero ver a mi madre. Y a mi hermana.

Medusa lo miro, parecía tan triste.

-¿Hace cuanto que no las ves?

-Años, desde que me uní al ejercito. Solo quiero... saber que están bien. – Gerald sonrió y lanzo un suspiro. – Te encantara la granja, es hermosa, tan verde. Está llena de animales y mamá es... tan dulce y buena. No te asombres si comienza a hablar de lo flacucha que eres y te obligue a comer como por tres personas. Lo hace siempre. Amaras a mi hermana. Anne, ella es la mejor costurera de todo el reino, te lo aseguro, te hará increíbles vestidos y te peinara como a una reina, te...

Dejo de hablar cuando vio la Medusa. Ella parecía estar desconcertada.

-Se que... piensas irte lo más lejos que puedas en cuanto... salgamos de aquí, pero, al menos... me dejaras llevarte a casa y... presentarte a mi madre ¿no?

-¿Por qué querrías hacerlo? – pregunto la mujer serpiente con un nudo en el pecho. La última vez que un hombre la había llevado a su casa... los recuerdos eran demasiado dolorosos.

-Porque... quiero que te conozcan, que... vean lo que yo veo, se que pronto todos lo harán pero... no importa.

Estaba dispuesto a retirarse y dejarla sola de nuevo pero ella lo tomo del brazo y lo insto a permanecer en su lugar. Se recargo contra su hombro y no dejo que él viera las lagrimas que resbalaron por sus mejillas.

-Antes has dicho que... tienes la marca de Hades. – Soltó el chico después de un largo silencio. Medusa asintió. - ¿Qué significa?

-Cuando un ser vivo viene al inframundo tiene que pedir el permiso de Hades... si él encuentra tus razones para venir aquí sin haber muerto favorables, entonces él... bueno él... impone en ti una marca para que puedas permanecer entre los muertos sin mayores problemas.

-¿Dónde está?

Medusa volvió un poco la cabeza y ahí, justo detrás de su oreja estaba un pequeño símbolo al parecer tatuado.

-¿Te lastimo al hacértelo?

-No realmente, quema un poco en un principio pero... pasa rápido.

-El barquero dijo que... alguien estaría feliz de verte. - Medusa pareció nerviosa de pronto. - ¿A quién se refería?

-La razón... por la que yo no puedo tomar el agua de la vida por mi misma es... que estoy castigada.

-¿Castigada?

-Antes que Hades... reinaba aquí un... ser, diferente, incluso anterior a Hades, incluso anterior a Cronos. Él... su nombre es Alcander. Cuando los dioses... se hicieron llamar a sí mismos dioses, se posesionaron sobre el mundo entero, sobre varios mundos en realidad. Y ellos, lo permitieron, porque...

-Espera... ¿dices que hay más... dioses?

-No se hacen llamar a sí mismos dioses, ellos son, diferentes.

Medusa se irguió en su vientre de serpiente y tomo aire.

- Hace muchos siglos, más de los que la humanidad pudiera recordar, existían seres, no eran humanos, no eran dioses, eran entidades. Poderosas entidades que vieron nacer a la humanidad y la amaron por su gracia...

Aillien era luz, iluminaba a los hombres, hacia crecer sus alimentos y les daba paz, le fascinaba ver a los humanos bañados bajo sus rayos y sus plegarias lo fortalecían.

Airlia alumbraba a los humanos por las noches y hacia que los amantes se encontraran.

También estaba Alcander gobernante de las tinieblas, que son tan importantes como el sol, pero por alguna razón la humanidad no lo veía de esa manera, huían de él y lo despreciaban dando benevolencia al sol y la luna. Alcander entristecía puesto que también amaba a los hombres. Con el tiempo su sufrimiento se transformo en resentimiento y luego en odio, odio por quienes lo despreciaron y dejaron de lado su amor, odio por la humanidad. Decidió seguir su propio camino, apartado de sus iguales, espero que algún día la humanidad apreciara su valor y lo agradeciera pero nunca sucedió...

Alcander lleno de ira, odio y desprecio; harto y desesperado, ideo un plan para vengarse de la humanidad que tanto lo despreciaba terminando con ella de una vez por todas.

Gerald la miraba con los ojos muy abiertos.



Frann Gold

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En el texto hay: mitologia griega, mitos, magia

Editado: 10.08.2018

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