Medusa.

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De nuevo en la cueva.

 

La mujer se volvió y miro a todas partes algo desconcertada.

-¿Realmente lo hicimos?

-Sí.

-Siento, como si fuese un sueño, y temo despertar en cualquier momento.

-No temas – Gerald se acerco a ella de a poco y la tomo de las manos. – Mírame.

Medusa continúo con la cabeza agachada, temiendo convertirlo en piedra al verlo.

El guerrero tomo sus mejillas y la obligo a levantar la cabeza pero ella cerro sus ojos fuertemente.

-Mírame, no me lastimaras, lo prometo.

Medusa de a poco y temerosa abrió sus ojos. Sonrió cuando después de un minuto el guerrero permaneció de carne y hueso.

Se abrazo a su cuello y Gerald la levanto y dio una vuelta haciendo que sus piernas, sus hermosas piernas, se elevaran.

Un ataque de risa los envolvió a ambos durante un largo tiempo. Estaban aliviados de haber regresado, sanos y salvos.

-Las extraño.

-¿A quiénes?

-Las serpientes. Durante años, sus silbidos fueron el único ruido que alejo el silencio.

Gerald asintió, el había visto como las serpientes se transformaban en hebras de liso cabello castaño gracias al agua del río de la vida. Realmente esperaba que Redy estuviese a salvo con Jefferson.

La abrazo por los hombros y a pasos lentos la saco de la cueva. Nada, jamás podría superar el momento en el que Medusa sintió el sol por primera vez en cientos de años.

Abrió los brazos dándole la bienvenida a los rayos del astro rey y suspiro. Sus labios se curvaron en una grandiosa sonrisa mientras disfrutaba la tibieza del sol.

Gerald también sonrió, ella era tan perfecta, y no solo ahora que no llevaba una inmensa cola de serpiente, ella siempre había sido perfecta. Diferente y segura, a pesar de su triste pasado.

Lo miro, brillaba bajo el sol y Gerald tomo su mano.

-Vamos, quiero presentarte a alguien.



Frann Gold

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En el texto hay: mitologia griega, mitos, magia

Editado: 10.08.2018

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