Mejor que él

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Capítulo 6

―Pueden ir más tarde a mi casa, así mis padres pondrían decirle sobre lo del empleo a tu madre en la cena ―dijo Félix, y al ver que ya iba a contradecir sobre la cena, continuo hablando―. No trates de negarle la cena a mi madre, dijo que ella invita, se sentiría muy decepcionada si no van.

Solo me limite a asentir dándome por vencido. Suspirando resignado me despedí de él y me baje de su auto, no sin antes dejarme saber a qué hora debemos de estar en su casa.

Me adentro a mi hogar en donde un silencio reina en ella. Es extraño. Siempre que suelo llegar a la casa sale mi hermana pequeña corriendo a recibirme, y este día fue la excepción.

―¿Mamá? ―me atreví a preguntar ya que, el silencio de ésta me perturba un poco.

―¡Estamos aquí, cariño! ―gritó mi madre débilmente. Su tono de voz me alarmó rápidamente y me adentré hacia la sala.

Todo en mi sistema se contrajo. Mis pies no responden en dar más pasos. Todo mi sistema se encuentra tenso y una ráfaga de furia se instaló en mí. Mi mueca de desagrado es demasiado visible.

―Hola, hijo.

¿Qué hace esté imbécil en mi casa?

―Hola… Jake.

―Lucas… ―presionó mi madre.

―No, mamá. No me atrevo en llamar a este hijo de puta padre ―un jadeo colectivo resonó en toda la sala.

―¡Lucas Jeremías!

Ignoré por completo a mi madre y me enfoque en el hombre frente de mí, que me observa con la mandíbula tensa.

―Vine hablar con ustedes, hijo.

―No tienes nada que hablar con nosotros. Deberías irte, ya no eres bien recibido en esta casa.

―Te recuerdo que esta casa sigue siendo mía ―habló firme.

Lo miré con ironía y gracia al mismo tiempo.

―No puedes pretender que esta casa sea tuya cuando ni siquiera vives aquí. Tienes el gran descaro de decirnos que tienes que “hablar” con nosotros cuando no es así. Eres un hijo de puta.

―Al parecer desde que me fui alguien perdió el valor del respeto hacia los mayores ―comentó mi padre con amargura.

Reí cínicamente. ¿Él está hablando en serio?

―La verdad no, solo que con ciertas personas no suelo tener modales.

―Lucas, por favor… ―volvió a insistir mi madre, nuevamente.

Esta vez volví a ignorarla haciendo que la furia me ciegue en este momento.

―Tranquila ―le dijo a mi madre y después me miró y se acercó a mí―. Yo te recordaré los modales una vez más, hijo.

Dicho esto, su puño se incrustó en mi rostro dando de lleno en mi rostro.

(…)

―Jodida mierda… ―bramó Félix dándole una calada a su cigarrillo―. No puedo creer que tu padre te haya hecho eso.

Habían sido dos golpes. Dos jodidos golpes que soporte y no devolví por el hecho de que se encontraba mi madre y no quería que se alterara más de lo que ya estaba.

Mi padre duró un buen tiempo en el hogar, “recuperando el tiempo perdido” como lo había dicho él. Lo que me gané fueron golpizas que mi madre no detuvo por miedo.

Realmente ya no puedo seguir soportando está situación, pero no puedo hacer nada. No puedo hacer nada para que mi padre se vaya por donde vino.

―Tu padre es una jodida plasta de mierda.

Dijo Félix con ira en su voz. Le dio una calada nuevamente a su cigarrillo y se sobo la cien con su mano libre.

―Ni me lo digas… ―mascullé y le di un trago a mi cerveza.

Ésta ardió en mi labio inferior donde hay una leve herida por el golpe que me propinó mi padre.

―Lucas, ustedes no pueden vivir de esa manera. Es enfermizo. Tu padre necesita ayuda. Entiendo muy bien que sea una persona impulsiva e irracional, pero no era una manera racionable de reaccionar así hacia ti.

―Papá necesita más que ayuda. El nunca entendió el significado de amor familiar, siempre nos denigró como sus hijos. Sigo sin entender como mamá lo aceptó así de fácil a que volvería a la casa.

»Él realmente es una escoria. Mamá no se merece a alguien así en su vida, se merece a alguien mejor, a alguien que la ame. Mamá merece más, mucho más.

»Papá lo que hace es llevarla a la miseria, le da dolores de cabeza, le da infelicidad y ella realmente no se merece eso. ¿Acaso mamá es tan masoquista consigo misma?

El silencio reinó entre nosotros dos.

La luna ilumina todo el jardín trasero de la casa de Félix, mientras nosotros somos testigos de que es un silencio cómodo.

Entre nosotros siempre hubo esos silencios cómodos, que se pueden interpretar que cualquiera de los dos no sabe que decir al respecto del tema de conversación. Sinceramente siempre aprecio estos momentos.

―El otro día una chica chocó conmigo ―dijo de repente Félix, rompiendo el silencio―. Honestamente era una chica hermosa.

Mi rostro fue hacia su dirección y una sonrisa ladina está plasmada en sus labios. Sus ojos están fijos en el cigarrillo que descansa en su mano.

¿En serio Félix ya se ha encaprichado con una chica?

―La chica estudia psicología ―hice una mueca, él lo notó y me observó divertido―. Lo sé porque ella se equivocó con mi aula de medicina. Es realmente hermosa. Tiene unos ojos magníficos…



Sunshine

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En el texto hay: apuestas, mejores amigos, amistad y amor juvenil

Editado: 23.09.2019

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