Melodías y Ambrosías [saga Poesías 2]

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Capítulo 17: ♫ Traiciones y Vainillas ♥

Rodrigo

-¿Poetín?

Aira quería llamar la atención de Rodrigo, pero era en vano.

Él se hallaba todavía inmerso en el olor a húmedo de las lágrimas maternas, el calor del abrazo de la mujer que le había dado la vida, así como la tristeza y gran impotencia que había sentido al verla así.

Aprendió que, por más que muchas veces uno quisiera hacer algo por otra persona, a veces esto no bastaba. Había querido hacer más, mucho más, que simplemente abrazar a su madre para que esta se reconfortara. Pero le era imposible hacerlo.

Al recordar aquella noche en la que había aprendido el significado de un abrazo a un ser querido, noches enteras que había creído enterradas en lo más profundo de su ser, regresaron de inmediato.

Noches en las que su padre insultaba a su madre, llenándola de toda clase de calificativos impronunciables. Noches tortuosas en las que los gritos y chillidos de las peleas inundaban todas las paredes de su casa -volviéndolo aún más sensible a los sonidos de lo que ya era- y en las que se encerraba en el clóset de su cuarto para ya no seguirlos oyendo. Noches en las que las profundas lágrimas que derramaba en su escondite no bastaban para cubrir el enorme hueco que se socavaba cada vez más dentro de sí. Noches en las que le revelaron el secreto que lo marcaría por siempre: él era el producto de una infidelidad.

-¿Estás diciendo que él...? -El pequeño Rodrigo abrió bastante sus ojos. Lo que acababa de escuchar provocaba que el mundo se derrumbara a sus pies-. ¿Que él...? ¿Que yo no...? ¿Que yo no...? -Tuvo que aspirar profundamente para poder respirar y darse fuerzas para formular la pregunta que tanto le costaba hacer-. ¡¿No soy hijo de mi padre?!

-Hay una gran posibilidad de que así sea... -dijo la mujer de largo pelo rubio que observaba con atención a Rodrigo.

El revelarle aquel secreto a su hijo, que por tanto tiempo había decidido guardar con recelo, le carcomía las entrañas. No obstante, ahora que Rodrigo era adolescente, había decidido que era el momento adecuado. El chiquillo parecía mostrar la madurez necesaria para poder aceptar su origen. Y las continuas preguntas que le formulaba acercaba de las marcas que había en su piel producto de las golpizas que recibía, por fin podían ser respondidas, ahora que había decidido separarse de aquel hombre que alguna vez amó y que luego traicionó, pero que nunca la perdonaría por su infidelidad. Peor todavía, cuando un incidente afectaría la reputación profesional de su marido, resquebrajaría la ya delicada relación matrimonial entre ambos, volviendo a aquél en un hombre violento, el cual desahogaría todas sus frustraciones y viejas rencillas sobre ella, sumiéndola en la más profunda mar de las depresiones...

-Pero, ¿cómo...? ¡No...! ¡No lo entiendo!

-En el tiempo de tu concepción... yo pues... -La mujer observó hacia el techo de la habitación. Se hallaba imposibilitada de poder ver a su hijo a los ojos al confesar con detalles su secreto-. Me da tanta vergüenza decirlo... Pero yo... -Una lágrima bajaba por su mejilla junto a su reputación-. A la vez que estuve con tu padre... pues estuve con otro hombre...

Rodrigo sintió que el corazón se le partía en dos.

-Entonces... entonces... entonces... ¿Quién...? ¿Quién...? ¿QUIÉN ES MI PADRE?

Las lágrimas que bañaban su rostro se mezclaban con el olor a mentira del amor materno, y el recuerdo de un amor paterno que siempre creyó que le fue negado, pero que, en el fondo, no era aquel a quien le tocaba que le fuera entregado...

-Es el ex mejor amigo de tu padre, Adrián... -dijo su madre tratando de abrazarlo para reconfortarlo, pero él se apartó de su lado.

Quería tener el suficiente espacio para poder respirar. Quería tener el suficiente espacio para poderlo asimilar. Quería tener el suficiente espacio para aceptar que él era producto de la mentira y del pecado. Pero el profundo asco que empezaba a sentir por sí mismo y por su madre le impedía pensar con claridad.

-¿SU EX SOCIO? ¿CÓMO...? ¿CÓMO ES POSIBLE? ÉL LE QUITÓ LOS CLIENTES DEL ESTUDIO... ¡PAPÁ DECÍA QUE LO HABÍA TRAICIONADO!

-En realidad se separó del Estudio y se llevó los clientes que él había ganado por su cuenta.

-PERO, ¿CÓMO PUEDE SER ESE SEÑOR MI PADRE? ¡ES MALO!

Soledad iba a replicarle, pero prefirió que su hijo se desahogara.

-AL MENSAJERO DEL ESTUDIO NUNCA LO LLAMABA POR SU NOMBRE. SIEMPRE LE DECÍA "MARICÓN". MI PAPÁ LE LLAMABA LA ATENCIÓN Y LE DECÍA QUE LO TRATARA MEJOR.



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En el texto hay: comediaromantica, amor, novelacontemporanea

Editado: 04.03.2019

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