Memorias Externas

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XIII

Todo lo que alguna vez creí sobre mí mismo se ha desvanecido en un océano de pensamientos inocuos. Mi mente no está aquí, pero tampoco quiero atraparla, ya que aquello significaría volver a una realidad donde Emilia no existe.

    La he asesinado. He sido yo quien le ha quitado la vida a su cuerpo.

    ¿Por qué no esperé? ¿Por qué no me digné a ver si el tiempo hacía que ella se enamorara de mí? Estoy loco… soy un estúpido.

    Me levanto de la camilla con lentitud, sintiendo un punzante dolor en mi cabeza y en el costado de mi torso. Veo el inerte cuerpo de Emilia, empapado en sangre. Me entran ganas de vomitar, pero me controlo. No puedo quedarme aquí; me descubrirán. Me he condenado a mí mismo a vivir encarcelado por un homicidio que ni siquiera busqué cometer. Tengo que… escapar.

    Guardo el MBR 2.4 y me coloco mi chaqueta. No encuentro el resto de mi ropa, por lo que me decido a salir del hospital solamente con lo que tengo puesto. Camino hacia la puerta y la abro cuidadosamente, intentando no hacer ruido. Salgo de la habitación e intento caminar con rapidez, pero el dolor en mis costillas no me lo permite. Me apoyo en la pared, jadeando. No veo a nadie.

    –¿Señor? –escucho una voz.

    Doy media vuelta y veo a una enfermera.

    –No puede salir del hospital –me dice–. Tiene que quedarse en su habitación.

    La enfermera se acerca a mí e intenta tomarme del brazo. Me alejo rápidamente y le digo:

    –No puedes decirme qué hacer. Si quiero irme, debo tener la libertad de hacerlo.

    –Pero, señor, usted no está bien. Acompáñeme.

    Cuando intenta tocarme de nuevo, la empujo con fuerza. Ella cae de espaldas al suelo, gimoteando.

    Camino hacia la salida, intentando ignorar el dolor. Al llegar afuera, me percato de que una lluvia torrencial está cayendo sobre la ciudad de Santiago. No sé dónde estoy, ni cómo llegar a mi casa a estas horas de la noche, pero no pierdo nada al hacer el intento.

    Me dirijo a una esquina y pido un taxi automático. Me subo en el asiento delantero y escribo la dirección en la pantalla táctil. El vehículo comienza a andar, mientras veo detrás de mí como la lluvia cubre hasta el último rincón de la gigantesca capital.

    Al llegar a la calle donde está mi departamento, me bajo rápidamente del taxi, deslizando mi tarjeta de crédito para pagar. Subo por el ascensor del edificio e ingreso al departamento 1405.

    Cierro la puerta y veo como el agua gotea en el piso. Estoy empapado.

    Caigo al suelo, totalmente derrotado y recién asimilando lo que acaba de ocurrir. Comienzo a llorar con desesperación, sin intentar controlar mis lágrimas.

    ¿Por qué no fui más inteligente? Sabía lo que podía ocurrir y, aun así, no tuve la capacidad de evitarlo. Soy un idiota. Soy un perfecto imbécil. No hay nada que pueda hacer para remediar la situación. Todo está perdido. ¿Qué hice? Estoy atrapado en mi propia imagen, intentando conocerme después de haber cometido el peor error de mi vida. Debería haber esperado a ver si el tiempo lograba unirme a Emilia, pero no… nadie puede estar seguro de lo que las otras personas sienten. Intenté implantar un sentimiento en ella, sin pensar que aquello podría asesinarla.

    Me siento vacío, como si alguien hubiera retirado todos los órganos de mi interior para hacer un festín con ellos.

    Estos últimos días habían sido perfectos, no porque las situaciones lo fueran, sino porque estuve con Emilia, y aquello era un sueño hecho realidad. Nunca he prestado atención a mis sueños y ahora me doy cuenta del porqué.

    Estoy malherido. Mis costillas me están matando.

    Me levanto penosamente, intentando no gritar del agudo dolor que siento. Me recuesto en mi sillón carmesí. Necesito escapar de esta sensación. Necesito sentir algo diferente; no sé cuánto más pueda aguantar.

    Busco mi MBR 2.4 y el encontrarlo, me percato que el inductor de sueños está totalmente destruido, pero aquello no me preocupa, ya que tengo varios de repuesto. Me dirijo a mi habitación, sangrando y cojeando. Busco en el cajón del velador y encuentro un inductor de sueños.

    Camino con parsimonia y logro sentarme en mi sillón carmesí. Estoy destruido, como si me hubieran sacado la vida del cuerpo. Me conecto al MBR 2.4 y busco en mis recuerdos. Necesito ver a Emilia… necesito sentir que está viva.  



León Danús

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Editado: 28.02.2018

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