Mentiras. [siempre fuiste tu]

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Capítulo 28

La mesa está servida, el sonido de los cubiertos chocando contra los platos es lo único que se escucha.

Las chicas comen con gracia y delicadeza, los chicos en cambio con total bestialidad. Papá se concentra cada que come y en este momento parece el hombre más vulnerable del mundo, Verónica parece una niña tonta que mira bajo la mesa cada un minuto para revisar el teléfono.

Saco el mío con cuidado y lo coloco en silencio.

Lo dejo entre el medio de mis piernas y mando el mensaje a quien deseo, recuerdo bien el número del hombre que lleva los casos de las chicas que estudiaron en el mismo instituto que yo. Fue sencillo una vez que entré de lleno a mi subconsciente, Verónica hizo bien al dejar su Tablet en mis manos.

Ese noticiero virtual tenía al final el número de los agentes en caso de tener información acerca de quién pudo hacerles eso a ellas.

Inhalo profundo y miro a todos y cada uno de los presentes con cierto recelo, ellos no tienen idea de lo que voy a hacer y creo que yo tampoco.

Erior sentado a mi lado mira por encima de su hombro al plato que tengo, dando un empujoncito con su pierna chocando la mía para que coma. No quiero, no tengo hambre.

Finjo que estoy bien, meto todo en la boca rápido y me pongo en pie. Todo observan pero no dicen nada, camino con el plato en mano en dirección a la cocina y en el basurero que hay escupo lo que simulé masticar y tragar.

Sacó el cuchillo de atrás de la espalda, ya me estaba incomodando y hasta creo que me corto un poco.

— ¿Que planeabas hacer con eso?— Giro y veo como sus ojos están divertidos por lo que ve.—Vamos sobrina, ¿que querías hacer?

Enmudezco en cuanto saca de su espalda un arma, la carga y apunta en la dirección en la que estoy.

—Quería... cortar carne. — Digo con el pánico apoderándose de todo el cuerpo.

Trago un nudo que se ha formado en mi garganta y siento como todo se mueve de un lugar a otro, el miedo me tiene agonizante, incluso tengo ganas de ir al baño.

—Claro —chasquea la lengua divertido— vamos a hacer esto sencillo, dejarás el cuchillo en la encimera te vas a parar recta y saldrás conmigo sin hacer ninguna tontería, le diremos a tu papi que quieres ir y dar una vuelta a los alrededores por el bosque y allá conversaremos un poco.

Estoy muerta.

Si algo aprendí de mamá es que nunca debió confiar en una serpiente venenosa, porque, eso es lo que es Byron.

Una. Horrible. Serpiente. Venenosa.

Respiro profundo y pienso en que el pasado no fue tan espantoso como lo es el presente.

— ¿Qué esperas?—dice, arrojo el cuchillo a la encimera y él coloca el arma en un costado de mi abdomen.—Camina y se bonita sobrina, todo va a estar bien si haces lo que digo.

Salimos por la puerta de la cocina, sé de antemano que al pisar la puerta de la casa un funeral será ejecutado en las semanas y es muy probable que sea el mío.

Los chicos no notan lo tensa que estoy mientras Byron comenta que quiero ir a ver las flores que mamá plantó el día que se enteró de que estaba embaraza.

— ¡Quiero ir!— dice mi gemela y Byron parece meditarlo, antes de que ejecute a dos prefiero que sea solo a una.

—No. Quiero ir sola con el tío, porque tengo muchas dudas que deseo aclarar y estando solos podré hacerlo...—Comento y ella se sienta molesta—además, sigo sin confiar en ti.

Miro a Erior con una mirada cargada de pánico pero él me ignora por completo, parece que el puesto en donde estaba sentada es más importante que yo en este momento. Los otros solo conversan entre sí y papá asiente con la cabeza convencido de que estaré bien con el hermano de mamá que lo acompañó durante todo este tiempo.

—Entonces nos vamos ¡Chao!

El entusiasmo con el que se expresa pronostica cosas malas para mí.

Caminamos escuchando las protestas de mi hermana en la mesa, salimos por la gran puerta y el viento frío se cuela dentro de la camisa manga larga de tela delgada que opté por colocarme antes de ir a ver a los adultos en el despacho.

Un aroma a regaliz inunda mis fosas nasales mientras entro al auto siendo observada por Byron con detenimiento.

No estás sola.

Miro por el retrovisor a mamá y a Silvya en los asientos de atrás. Mi progenitora lleva el rostro pálido y cubierto de sangre al igual que el vestido blanco con el que viajaba el día de nuestro secuestro, mientras su acompañante tiene las tripas afuera y el rostro lleno de moretones.

Observan fijo el camino y yo a ellas desde el espejo.

—Sabes, esto no debía ser así...—Dijo manejando y adentrándose en el espeso bosque, el clima había cambiado de ser uno soleado a uno lleno de nubes grises.

Iba directo a la muerte y eso era algo que me tenía los vellos de punta, pero hacer algún movimiento lo único que lograría sería que se altere y dispare el arma con la que me apunta desde una de sus manos.

— ¿A no? ¿Cómo entonces?— indago resignada.

—Debieron haber muerto el día en que choqué su auto, pero Odette y tu habían ido al baño— Me enoja que mencione siquiera el nombre de mamá, no tiene derecho.— Si se hubieran quedado dentro los habría matado a todos juntos y habrían muerto en familia, pero siempre te ha gustado arruinar mis planes.



Jhoi Páez

Editado: 10.08.2018

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