Merly

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Definitivamente, estoy harto de esa niña.

Han pasado más de dos semanas desde que la vi por primera vez y las veces que nos hemos cruzado desde ese momento, no ha parado de clavar miradas asesinas en mi espalda, como si fueran cuchillas. O así lo siento. El caso es que ni siquiera hemos hablado en primer lugar y ya me odia.

Un nuevo récord.

Dejando esto de lado, me encuentro caminando hacia el cuarto de Merly. Faltan diez para las dos, por fin iba a llegar temprano. Con esto, quise sorprender a Merly y recompensar las ocasiones donde, sea apropósito o no, llegué tarde. Pero...

—¿Qué quieres? —Pregunto a la niña que se posicionó delante mío—. No es por nada, pero lo que haces se le llama acoso.

—Apartate. —Dijo, mientras alzaba su rostro para verme—. Estás en mi camino.

—¿Perdón?

—No te perdonaré hasta que te apartes. —Me miraba directamente —. O hasta que pidas mil disculpas por existir y contaminar el aire que respiro.

Genial, no me odia, solo aborrece mi existencia.

—¿Sabes qué el pasillo es lo suficiente ancho como para que des un paso al costado y así, a parte de ahorrar el tiempo de molestarme, sigas con tu camino?

—Creo que eres tonto. —Perdón por no captar la idea de que me quieres fuera, a pesar de no haberte hecho nada malo—. Dije que te apartes.

—Niña, ¿no te enseñaron a tener tacto y un tanto de amabilidad? —Ruedo los ojos, cansado de su actitud—. No sé qué te hice, pero es mejor que no te metas conmigo.

—No soy una niña. —Frunce más el ceño y aprieta los labios.

—Me da igual, no soy un hombre muy paciente, así que te sugiero terminar esa tontería de seguirme y verme con mala cara. —Me hago a un lado, dispuesto a avanzar—. No jodas más.

Con esto, quiero dar por finalizado la extraña conversación inesperada con esa chica, pero parece que sus ganas de molestarme son más que mis deseos de perderla de vista.

—No hemos terminado. —Da un paso hacia el mismo lado que yo di—. Escúchame bien, te voy a dejar en claro algunos puntos.

—Lo siento, no tengo tiempo. —Doy otro paso al costado para seguir con mi trayecto—. No estoy para jugar a la casita contigo, niñata.

Doy varios pasos de manera rápida, con el fin de alejarme de ella; sin embargo, ella es demasiado terca. Siento que mi brazo es sujetado, volteo la cabeza y mis pensamientos son correctos: ella seguía con ganas de joderme.

—Creo en la igualdad de género. —Sonrío —. Me sueltas ahora, ya que no quiero llegar a romper mi marca de dos meses sin pelear.

—Tus amenazas no me asustan, imbécil.  —Se posiciona delante de mí, otra vez—. Primero, no soy una niña, tengo quince años. —El complejo de Harrison Ford se hizo presente en el actuar de ella—. Cumpliré dieciseis pronto. —Como si me importara—. Segundo, si metes tu trasero donde no estás invitado, arruinando así mis planes, te cortaré los huevos y se los daré de comer a los perros del hospital. —¿El hospital tiene perros? Espero que tengan los permisos, porque sino, un 'pajarito' puede usar aquella información a su favor— Y por último, no quiero verte por estos pasillos nunca más.

Seguía manteniendo su expresión seria, a la vez que demostraba superioridad con sus palabras y acciones. En serio, ganas no me faltaban de darle un buen golpe; no obstante, si lo hago, tendré más problemas de los que tengo.

Respiré profundamente, con el objetivo de tranquilizar mi cabeza. No pasó ni diez segundos y volví a sonreír, provocando que ella se enfureciera más de lo que estaba. Levanto el brazo izquierdo y lo coloco en la cabeza de ella.

—Muy bien. —Acerco el rostro al de ella—. Primero, respeta a tus mayores, niñata. —Tengo diecisiete, pero soy mayor—. Segundo, ¿por qué debería meterme en tus asuntos? Y si lo hago, ¿qué? —Mi cara muestra enojo—. Puedo meter el culo donde quiera, con o sin tu permiso.

Nuestras narices empiezan a rozar. Con esto quise avergonzarla, pero se mantiene reacia a perder contra mis provocaciones. También estoy en la misma situación, por eso sé que el primero en apartar la mirada es el perdedor. No es necesario decir que ninguno quiere perder contra el otro.

—Y tercero, aquí coincidimos. —Los ojos negros de ella empezaron a relucir, haciendo que detuviera mi palabreo por varios segundos —. Tampoco quiero verte caminando en este pasillo, espera, no quiero verte en ningún lado. —Su mirada ataca a la mía, va ganando y empiezo a flaquear.

Se parece mucho a ella, mas no... Imposible.

—¿Terminaste de hablar? —asiento con la cabeza—Bueno... —Calló , solo para darme un cabezazo—. Espero que te haya quedado claro que tu atrevimiento hacia mí te causará dolores en el futuro.

Buena jugada. Fue la primera en apartar la mirada, pero a cambio, dio el primero golpe. Aunque pudo haber 'ganado' si seguía mirándome con la misma intensidad por otros diez segundos.

—¿Eso tuvo que dolerme? —La miro con indiferencia—. Niña, me vale un carajo tus palabras. —No se esperó que la golpeara en la frente con la uña de mi dedo meñique, como si golpeara una canica—. Adiós, el gusto es tuyo.

—Parece que se te pegaron sus mañas. —Detengo mi andar al escucharla—. Ya te lo advertí, ojalá no tenga que cumplir con mi palabra. —Empezó a alejarse del lugar como si no le afectara lo de hace unos segundos— Adiós.

Ella no puede tener una relación con Merly, ¿o sí? Aquello, quizás, explicaría en parte el odio injustificado hacia mí.

Quise preguntar a lo que se refería con lo anterior, pero, extrañamente, no podía hablar. Creo que fue la autodefensa que mi cabeza desarrolló por sí sola, actuó sin que me diera cuenta. No es por nada, creo que es mejor tener contacto nulo con ella, así evito pensar mucho más las cosas y llenar mi mente de puras ideas inútiles. Será mejor que olvide lo acontecido de hoy.

Antes de seguir avanzando, miro a los costados, encontrando a algunas personas mirándome. Lo más seguro es que estuvieran ahí desde que la niña me encaró. Qué chismosa es la gente, ¿no tienen nada más que hacer que ver a dos adolescentes peleando?



D

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En el texto hay: humor, secretos, amistad

Editado: 28.11.2019

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