Mestiza

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-¡Monstruo! -¡Bruja! -Todos me señalan, me gritan y todo por culpa de mis ojos. Hoy es mi cumpleaños número doce y como cada cumpleaños… paso aquello. Cantábamos el cumpleaños y el crepúsculo hacia su aparición en el horizonte haciendo desaparecer el sol para reemplazarlo por un globo brillante llamado luna, veía mi reflejo en la ventana y logre ver como mis ojos cambiaban de verde claro un color más oscuro de una forma extraña, el color iba oscureciéndose hasta llegar al marrón, para mí era algo normal, digo después de años ya es algo normal, pero los chicos a mí alrededor no lo tomaron así. - A-a mí me parecen preciosos-.Una voz dulce se escuchó junto mi oído. Volteo y veo a un niño un poco más alto que yo con un par de ojos color caramelo, pecas y cabello color marrón. Sus mejillas se pintan de un rojizo al notar que lo miro y inmediatamente aparta su vista, estoy segura que aunque dijo que son hermosos también les aterra mis ojos… pues a quien no. Los padres de mis “amigos” llegan a escuchar los gritos y se me quedan mirando, ellos siempre decían cosas como que bellos ojos o que envidia que mi hija no los tenga así, claramente notaron la diferencia. -¡Mamá ella es un monstruo!- .La vos chillona salió de la mimada de mi clase. Quisiera no ser tan perceptiva, no darme cuenta de las miradas que todos los “adultos” me dirigían por mis ojos o la profesora cuando me despierto en medio de la clase aterrada por mis pesadillas. Mi madre dice que es como un don que me permita ver la verdad detrás una simple mirada o una expresión a tan corta edad, que mi madurez es de una persona adulta, y que es algo bueno, pero para mí significa un calvario en este tipo de situaciones, donde los adultos que deberían preguntar antes de juzgar no lo hacen. -¡Ella no es un monstruo!- Una voz se escucha junto a mi oído y detecto algo, algo que yo no tengo en lo absoluto… confianza, total y pura confianza. Carolina mi salvadora y única amiga, a la que en vez de asustarle mis ojos, les encantan dice que soy como un personaje sacado de un libro de fantasía. -¿Sucede algo?-. Mi madre llega con una bandeja de aperitivos, pero parece no notar el ambiente extraño que hay en la sala. -No nada pero ya nos vamos, creemos que es demasiado tarde y mañana hay escuela. Buenas noches-.Los otros en la sala no esperan y hacen lo mismo, no sin antes dirigirme unas ultimas miradas indagatorias. Mi madre queda atónita al ver la manera en que todo sale de la casa como si sus vidas dependieran de ello, pero lo hace hasta que posa su mirada en mis ojos y una resolución brilla en los suyos. Su mirada se dirige al chico de ojos color caramelo que por alguna razón se encuentra todavía a unos escasos pasos de mí. -Hola señora claes-.Dice el chico y yo quedo más perdida todavía. -¡Nicolás! No te había visto ¿Cómo están tus padres? -B-bien pero te desean un feliz cumpleaños-. Su mirada se dirige a mí y veo como un leve tono rojizo se apodera de sus mejillas. -Gracias-. Me limito a decir porque aunque no me vea como un bicho raro no lo conozco y soy muy cerrado con las personas ajenas a mí. -Vale él es hijo de unos amigos muy cercanos-. Mi expresión debería mostrar asombro, mi madre nunca ha mencionado tener amigos y mucho menos buenos amigos. -Soy Nicolás mucho gusto- .Su mano se posa delante de mi esperando que yo la estreche. Subo la mirada y me encuentro con una cálida sonrisa. -Valentina- le estrecho mi mano y siento el calor que proviene de las suya- pero me puedes llamar vale-. Hay algo, entre esos ojos caramelo que me genera confianza. -Yo no creo que tus ojos te conviertan en un monstruo, creo que son hermosos y te hacen… especial. Sueños que creo que debería llamarlos recuerdo ese fue mi cumpleaños número doce la primera vez que vi Nicolás, mi mejor amigo y una de las pocas personas para las que en vez de rara soy especial. Especial bueno es un término que no usaría en mi misma ni antes ni ahora. Fenómeno creo que sería una mejor descripción de mí, ya que por más que pregunte sobre lo extraño de mis ojos nunca tienen una respuesta. Una vez fui con un doctor, a escondidas de mi madre ya que no me dejaría hacerlo para ver si el sabia porque mis ojos cambiaban de color justo los días de mis cumpleaños pero lo que paso fue , primero se río a carcajadas de mí por lo menos cinco minutos, lo que era entendible apenas y cumplía los trece y segundo me pregunto el número de mi madre a lo que yo de tonta se lo di, me acuerdo que me lleve el regaño de mi vida , pero estoy segura que tenía razón al querer ir, yo quería respuesta y si mi madre no me las daba pues yo las iba a conseguir, esta vez no será la excepción sé que Daniel tiene información de mí y sea como sea la voy a obtener. El teléfono suena sacándome de mis pensamientos. Miro la pantalla y pero el numero aparece como número desconocido miro la parte superior y veo la hora 11:55 p.m. «Esto es raro». Pienso. -Hola-. -¿Quién eres? –.Contesto con voz neutral - Es cruel que no me recuerdes fiera. -Daniel-.Mi cerebro queda en paralizado por unos instantes hasta que una ametralladora de preguntas se dispara contra mí-. ¿Cómo es que tienes mi número? Y ¿Para qué me llamas? ¿Sabes la hora o te la digo? -Tranquila fiera, te quiero proponer un trato. - ¿Trato? Que trato. -Pues… Sé que cumples años mañana o en cinco minutos la mayoría de edad. -¡Oh enserio! si no me dices no me doy cuenta. -Llévame contigo mañana Y responderé las preguntas que quieras. -¡Estás loco! ¡Por supuesto que no!-.Susurro acercando el teléfono un poco más a mí para no hablar tan fuerte. -¡Oh sí! por supuesto que sí o es que no quieres respuestas. En realidad suena tentador, digo nunca nadie me ha ofrecido respuestas a mis incógnitas, pero… ¡conocí este chico hace no más de 24 horas, no sé en qué diablos estoy pensando! -Estoy esperando… -¿Para qué quieres ir? -Te lo respondo mañana. -¡Está bien! pero tienes que ir por aparte-.No sé qué demonios estoy diciendo pero lo que pienso es todo lo contrario a lo que digo. -No tengo carro- .No me pasa desapercibido el tono de burla. -Entonces donde piensas ir ¿En el maletero o qué? -No es mala idea. -Debes estar bromeando ¿Cierto? -En lo absoluto. «No sé quién está más loco él por proponerlo o yo por… aceptarlo»



fariana156

Editado: 25.05.2019

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