Metaguerra

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Nueve

Caín​ se encuentra sentado en un sofá junto a su cama dónde Liesse duerme tranquilamente, el muchacho la encontró inconsciente durante las primeras horas de la madrugada y no dudó en llevarla con él; minutos más tarde médicos del hospital fueron a verla y hacerle un chequeo correspondiente. Sabiendo que estaba todo en orden y que no había problema alguno con la muchacha decidieron que lo mejor sería que tuviera una semana de descanso, reposo absoluto para recuperar estabilidad mental y física. Dos horas más tarde sus amigos decidieron ir a verla y no dudaron en llevarle algo de comer.

—¿Estás segura de que puedes comer eso?— pregunta Carlos observando la hamburguesa.

—Claro, ya me siento mucho mejor Carlos.— Liesse sonríe.

—Si quieres te puedo ayudar, la masticaré para tí y la regurgitaré.— bromea el mexicano tomando la hamburguesa.

—¡Carlos! ¡Eso es asqueroso!— suelta la rubia con mala cara.

—¡Eso lo hacen las mamás pájaros!— explica el mexicano.

—¡Tú eres un muchacho!— dice Jamie.

—¡Oh, vamos! ¡Bien! Qué Caín lo haga— le entrega el almuerzo al chico.— Total, ya has probado su saliva.

—¡Por el amor de Dios!— grita Micaela—¡Cariño cierra la boca!

Todos ríen sin parar, cada quién tiene su manera de expresar a su amiga lo preocupados que estaban por ella y lo mucho que se alegran de que todo saliera bien al final. 
Los doctores explicaron que la falta de memoria de Liesse fué algo temporal debido al trauma que su cuerpo sufrió y que con el tiempo se sentiría nuevamente lista para la acción. 
La puerta del cuarto se abre y Misael ingresa acompañado del pequeño Bastian, ambos saludan a todos y se acercan a la cama.

—Hola Liesse.— el pequeñín le sonríe.

—Hola Bastian, ven siéntate conmigo, ¿Quieres hamburguesa?— Pregunta la rubia.

—¡Sí!— el niño sube como puede a la enorme cama y se sube en las piernas de la chica.

—Claro, él puede comer en las piernas de una chica, pero si nosotros lo hacemos ya somos pervertidos, acosadores sexuales que sólo quieren "eso"— Carlos lleva una mano a su pecho.—Yo también quiero que me mimen.

—¿Acaso tu novia no lo hace?— Darel ríe.—Micaela lo tienes descuidado.

Victor​ y Francis sueltan una carcajada recibiendo miradas furtivas del mexicano, Mica intenta detener la risa que amenaza con escapar de su boca y voltea para que no puedan verla.

—¡Cállate! Al menos yo tengo novia.— Carlos es quién ríe ahora.

—Yo también tengo novia.— habla Bastian con los cachetes llenos de comida.

—¿Así? ¿Y quién es?— Florencia lo observa con ternura.

—¡Liesse!— grita el niño.

—Bueno, entonces ella te cuidará.— Carlos ríe.

—Liesse, si quieres puedes quedarte aquí el tiempos que quieras.— Caín habla.

—Gracias, pero no quisiera molestarte — sonríe la chica.

—No es molestia, además no tienes dónde quedarte ya que tú casa está en reparación.— Caín se encoge de hombros.

—A menos que alguien más te ofrezca dónde quedarte. — Carlos hace énfasis en lo mencionado y observa a Misael.

—Quédate con Caín, todos estaremos ocupados y ya tenemos compañeros.— espeta el líder del grupo.

Liesse asiente decepcionada, esperaba que quizás el ruso quisiera terminar con esa distancia que ha puesto entre ellos pero parece no estar seguro de nada, ni siquiera después de lo que dijo el día que recibió el ataque de Rebekka, no mencionó nada al respecto e hizo como si nada hubiera pasado.
Todos deciden que por el momento Bastian pase algunos días con la rubia mientras contemplan las posibilidades de traer a Thomas a Ciudad Emma, en la ciudad no hay hogares para niños huérfanos o algo similar ya que no tienen esos problemas.
La compañía Petrov dará un comunicado en el que se dirigirá a todo el mundo, para hacer saber la postura de la ciudad metahumana en este importante problema.

Madrid, España.

Luke y su equipo caminan por las principales calles de la ciudad, la vida cotidiana se da de manera tranquila como cualquier otro día; Clara y Susan observan todo desde las alturas en un edificio, Ismat sonríe de lado mientras baja de un auto algo viejo, hace un par de señales a sus compañeros quiénes se retiran del lugar inmediatamente. Rebekka mueve sus manos casi de manera imperceptible y logra mover los contenedores metálicos en los que se encuentran varias bombas hechas por ellos mismos y en cuestión de segundos todo vuela por los aires.
Los coches salen volando, las casas se prende en llamas, los edificios colapsan y caen hechos trizas, el humo y la polvareda incrementan el pánico en los ciudadanos que luchan por escapar. Los escombros caen por doquier, gente atrapada, otras heridas, y otra simplemente sin vida.
El grupo rebelde no voltea a ver el caos que ha producido y emprende la huida, se marcha sin mirar atrás, no les importa lo que suceda con esas personas, ni con las familias que acaban de destruir, sólo quieren una cosa; guerra y ésta es su forma de demostrarlo, hacerle saber al mundo que no están de acuerdo con sus leyes, con sus órdenes, que no piensan según sus mandatos ni normas morales y mucho menos éticas. No claro que no, también es un aviso para Svalbard, deben elegir el bando que tomarán y no están dispuestos a obtener un no como respuesta.



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Editado: 04.05.2019

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