Metaguerra

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Especial de Navidad

24 de Diciembre, Nochebuena.

Ciudad Emma ha sido decorada para la ocasión, luces navideñas se han colocado en las casas, los postes de luz, lindos muñequitos han sido armados en los jardines y el característico y tradicional árbol de Navidad se ha armado en todos los hogares, hospitales, tiendas y lugares públicos.
Los copos de nieve comienzan a caer llegada las diez de la noche, el frío hace que los muñecos de nieve se conserven perfectamente y los niños jueguen a lanzarse bolas de aquella sustancia blanca. Todos van y vienen apresurados ya que la hora se acerca, no hay mejor fecha para reunirse en familia y disfrutar de una tranquila cena, compartir charlas, recuerdos y chistes, estar con los que uno ama y necesita en su vida, eso mismo hacían los miembros de nuestro equipo metahumano.

—¡Joder! ¡Tengo hambre!— dice Carlos preparando los últimos detalles.

—¿Cuándo no?— Francis rueda los ojos.

Liesse, Micaela y las demás muchachas se encuentran en la cocina preparando la dichosa cena, Misael, Darel, y Caín terminan de colocar las últimas decoraciones del árbol y las luces en las bonitas ventanas del departamento de la rubia.

—Muy bien todo listo para que venga Santa— sonríe el mexicano.

—¿Santa?— pregunta Misael incrédulo.

—Si, Santa, Papá Noel, San Nicolás, el gordo vestido de rojo... No sé cómo más explicarte— ríe el chico.

—Oye, creo que hablo por todos cuando digo que ya estás de pendejo— se carcajea Caín— Santa no vendrá, a tí nadie te deja regalos porque estás viejo.

—Púdrete, cuando yo tenga regalos y tú no, no vengas a lloriquear— termina de colocar un bonito mantel rojo.

—¿Y qué te regalará? ¿Preservativos?— ríe Misael dejándose caer en una silla.

—Ja ja, qué gracioso— rueda los ojos Carlos.

—Tranquilos, no peleen — habla Liesse— Aquí no hay chimenea.

—Tal vez entre por la ventana— se carcajea Francis.

—O por el baño — le sigue el juego el mexicano mientras todos ríen— Uno nunca sabe, tal vez entre por el retrete.

—Sí que eres asqueroso— Jamie se acerca con las bebidas.

—Yo no creo que quepa— añade Florencia pensativa.

—Mira, con la depresión y lo caro que sale llegar a éstas fechas, te aseguro que el gordo ha bajado de peso— dice Carlos.

—Eso explicaría porqué entra por el retrete— añade Caín.

Entre charlas y risas el tiempo transcurre en una bella velada, estando todo listo y la comida caliente se disponen a disfrutar de la misma tomando asiento en sus respectivos lugares. El pavo huele delicioso, las ensaladas se ven realmente muy buenas, y algunos aperitivos tientan de sobremanera, las bebidas frescas, el humeante aroma de la comida y la compañía adecuada, hacen que sea perfecto el momento.

—Deberíamos dar las gracias— sugiere Florencia.

—No quiero, tengo hambre, ¡Quiero comer ya!— masculla Carlos.

—Es por la ocasión, ten un poco de consideración, algunos somos católicos— añade Maribelle divertida.

—Si bueno, yo soy judío y no practico el Shabat asique...— se encoge de hombros Carlos y estira su brazo en busca de la primer porción.

—¡No! — Liss golpea su mano con una rápida bofetada— ¡Espera que todos estén en la mesa!

—¡Pero me cago!— se molesta el chico.

—Ve al baño— ríe Caín ganando una mirada desdeñosa por parte del hambriento muchacho.

Cuando parece que todos están listos para comenzar el festín, un extraño y perturbador ruido proveniente de una de las habitaciones que no se han utilizado nunca se hace oír, todos dirigen su mirada por el largo pasillo hasta dejar los ojos puestos sobre la puerta.

—¿Qué fué eso?— pregunta Mica.

—No lo sé, se supone que no se ha usado nunca por lo que está vacía y cerrada— explica Liesse.

—No puede ser... De seguro es Wallace desde el infierno y viene a joderme la cena— dice Carlos aterrado.

—Peleas con soldados y gente demente pero, ¿Le temes a los fantasmas?— Caín eleva una ceja.

—Y a las cucarachas, sobre todo a las muy cabronas que vuelan— añade indignado— Todos somos valientes a la hora de aplastarlas con el zapato pero si la muy desgraciada comienza a volar pues que se encargue mi abuela.

—Que valiente de tu parte— ironiza Darel.

Nuevamente los ruidos se hacen presentes, alertas y cansados de la intriga se dirigen a la entrada de la alcoba, un fuerte golpe los sobresalta y hace retroceder; se observan espectantes e indecisos, ¿Deben abrir la puerta?

—Muy bien, Carlos hecha un vistazo— ordena Francis.

—¿¡Qué!?— grita —¡¿Por qué yo?!

—Eres el más valiente— añade Darel.

—¡Joder! ¡Ésto es discriminación!— se cruza de brazos ante la mirada atenta de sus pares—¿Es porque soy mexicano? ¡Los latinos no nacimos para ser sacrificados! Para eso están los europeos.



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Editado: 04.05.2019

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