Metaguerra

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Cuarenta y Siete

El capitolio se encuentra hecho un desastre, los gritos y explosiones no cesan, soldados van y vienen, entran y salen y por sobre todo luchan a muerte entre ellos.
Misael ha sido el primero en llegar, dejando de lado los guardias se obligó a entrar en el edificio en busca de dirigente político, lo que encuentra dentro es una de las peores escenas que ha presenciado en su vida, cadáveres por todos lados, sangre esparcida como si se tratase de pintura, armas y municiones regadas por doquier.

—Esto no está bien— susurra para él mismo.

—¡Auxilio!— escucha desde el pasillo continuo.

A paso cauteloso asoma su cabeza en dicho lugar, varios soldados enemigos mantienen prisioneros – amordazados y encadenados– a algunos miembros del parlamento filipino, estudia la situación unos minutos; son más que él y no tiene idea de si están dotados de habilidades sobrehumanas por lo que la mejor opción que tiene es la sorpresa. 
Se escabulle con cuidado hasta llegar a ellos, frota sus manos y cuando tiene la cantidad de energía necesaria la esparce por el suelo plasmando su palma en el mismo; tras ser electrocutados sus contrincantes caen al suelo, sin perder el tiempo se acerca tomando una metralleta en sus manos y las llaves para liberar a los rehenes.

—Tranquilos, los sacaré de aquí— habla el ruso.

—Gracias a Dios, debemos darnos prisa, tienen a Jamie Lynn— una parlamentaria es la primera en tomar una pistola y disponerse a luchar.

—¿Saben dónde lo tienen?— pregunta el pelinegro.

—Sí, pero ellos no son normales, no son como tú o como yo. — un hombre se pone de pie asustado— Son abominaciones.

—¿Metahumanos?— Misael vigila el pasillo.

—¡No! ¡Son inhumanos!— masculla el hombre.

En las afueras del edificio Carlos y los demás miembros del equipo pelean con los soldados, éstos últimos están armados con proyectiles que contienen el mismo – o mejor– suero que le fué inyectado al mexicano en Ciudad Emma.
Los dardos son disparados como una letal lluvia de flechas, Florencia hace crecer hojas gigantes con las que logran resguardarse del ataque, Jamie lanza llamaradas de fuego desde sus manos, Francis utiliza el agua que corre por las tuberías internas de la ciudad para crear una inundación alzando una pared de dicho elemento y sumergiendo a los soldados en ella.

—¡¿Es en serio?!— Carlos sacude la cabeza de un lado a otro.—¡¿No se te ocurrió nada mejor?! ¡¿Acaso no piensas en lo que tardo peinandome?!

—¡No empieces Carlos! ¡Tú ni siquiera te peinas!— grita Francis.

El mexicano jadea llevando la mano a su pecho totalmente ofendido e indignado, antes de que puedan seguir discutiendo un automóvil es aventado hacia ellos desde quién sabe dónde, tras la colisión del vehículo contra el suelo todos ponen atención al batallón que se muestra frente a ellos.

—Vaya, son como cucarachas, no puedes terminar de matarlas— Heng, el oficial al mando –y hermano de Darel– parece bastante molesto.

—No puede ser...— masculla Darel.

—Lo sé, cada vez que estamos cerca de nuestro objetivo estos fenómenos nos retrasan. Pero ya no más, vamos a terminar con ésto aquí y ahora— Lucca sonríe acercándose a los metahumanos.

—¿Y qué vas a hacer muñequita? ¿Golpearme?— se burla Carlos.

—No lo subestimes— Jamie regaña a su compañero.

Ambos bandos se lanzan al ataque en cuánto la señal es dada, los contrincantes que ahora se presentan ante ellos son más fuertes que los anteriores dotados con fuerza sobrehumana y excelentes habilidades de combate y agilidad. 
Los hermanos Wirrpanda se mantienen uno frente a otro, los dos tienen cuentas pendientes con el otro y no están dispuestos a dejar pasar la ocasión; el mayor de ambos es el primero en atacar lanzando un puñetazo al otro que lo evade con suma facilidad, ésta vez Darel no será blando con su hermano ni nada parecido. El rubio golpea al mayor en la cabeza y una vez éste cae al suelo aprovecha para asestarle otro golpe cerca de su nariz, provocando que su labio comience a sangrar considerablemente.

—¡Muy bien Darel! — ríe Heng— ¡Veo que mi hermanito ha aprendido a defenderse solo!

—No fué gracias a tí— suelta el joven y otro golpe es acertado.

—No claro que no, pero me daré el gusto de golpearte con todas mis fuerzas— y poniéndose de pie el muchacho patea a Darel cerca de las costillas.

Desde el lado sur de la ciudad Luke y sus compañeros pueden ver la pelea que se está llevando a cabo en el capitolio, luego de volver rápidamente de Rusia y traer consigo lo necesario para subsistir el líder de los rebeldes decidió ir por su grupo,  ellos ya han defendido su zona y francamente no han descubierto nada más que un buque vacío y sin ningún tipo de tripulante, por lo que deciden ayudar a los demás. 
A tan sólo unos metros de distancia y ya pudiendo ver con claridad los cuerpos de quiénes luchan, Luke hace una seña a sus amigos ordenando atacar y defender; sin perder el tiempo todos se separan y corren listos para lo que sea.



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Editado: 04.05.2019

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