Metahumanos #1 |saga "Evolución"|

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Capitulo treinta y siete

-¡No es justo!- grita Carlos.-¡No quiero!

-Ya no puedes hacer nada querido- dice Micaela sonriendo.

Las habitaciones han sido repartidas y a nuestro querido mexicano le tocó la última y la más alejada del baño; a lo cual el chico puso el grito en el cielo y casi tiró media casa por la ventana. Luego de mucho pelear y discutir tuvo que aceptar quedarse con ese cuarto o de lo contrario dormiría en el sofá con Chuck, el perro Chihuahua de la madre de Misael.

-No es tan malo Carlos- dice Micaela por salir de la habitación.

Carlos se aproxima a ella y la jala en su dirección, con rapidez cierre la puerta y la acorrala contra ésta. La chica lo observa unos momentos y lo besa con vehemencia, un beso nada tierno sino fogoso y pasional. Carlos toma a la chica por los muslos y la obliga a rodear su cintura con las piernas pegando su espalda contra la puerta.

-Quedate aquí Micaela, duerme conmigo- dice entre besos.

-¿Qué? ¡Carlos! Van a matarnos si nos descubren- dice la chica riendo.

-A mi no me importa en verdad...- habla el chico- Además, no tiene nada de malo.

Micaela le sonríe como respuesta y eso es suficiente para que el mexicano la lleve hasta la cama y con cuidado la deposite allí, besa sus labios y los saborea cual manjar; deja un caminito de besos desde su mentón hasta el lóbulo de la oreja dónde mordisquea divertido. 
Baja hasta su cuello y besa lentamente produciendo cosquillas en la muchachita, sonríe satisfecho y con su mano derecha acaricia su vientre por encima de la tela de su blusa; su mano va descendiendo hasta llegar a la cremallera del pantalón rosa y con gran habilidad esta es abierta por el muchacho.

-¿Cómo hiciste eso?- dice Micaela riendo.

-Es que soy multifunción- ríe Carlos.

-Ni para tener sexo dejas las bromas- Micaela ríe a carcajadas.

-Lo que sucede hermosa Micaela es que...- se acerca a su oído con pícara sonrisa- yo voy a hacerte el amor.

La chica no es capaz de decir nada pues Carlos la calla con un dulce beso, una a una las prendas van desapareciendo, caricia tras caricia ambos van quedando desnudos ante los ojos del otro; no sólo sus​ cuerpo sino que también sus almas.
La castaña arquea la espalda en cuanto siente los dedos del muchacho juguetear en su zona íntima y un sonoro jadeo se escapa de sus labios al ser estimulada. Carlos la besa con tranquilidad y siente como en dos minutos la chica invierte los papeles y es él quien se encuentra acostado sobre la cama.

-Tranquila tigresa- susurra entre risas.-¿Cómo hiciste eso?

-Es que soy multifunción- imita su respuesta.

-¿O sea que... Lavas el baño mientas cocinas? ¡Qué asco!- dice el mexicano con fingida indignación.

Micaela contiene su risa, baja hasta el cuello del chico y besa lentamente, desliza su lengua como si degustara un delicioso vino mientras acaricia el abdomen marcado del jovencito.

-No se te ocurra...- siente como mordisquea su zona erógena- desgraciada.

Carlos se mueve con agilidad por la cama y terminan rodando, nuevamente en la posición inicial, se acomoda entre las esbeltas piernas de la chica y le sonríe con cariño. Micaela lo abraza y comparten un beso pausado, entre suspiros y susurros el muchacho se introduce en ella y un nuevo beso se abre paso para acallar la reacción de la castaña.
Suspiros, jadeos y gemidos inundan la habitación, en cada embestida del muchacho Micaela sale a su encuentro y en pocos minutos ambos llegan al clímax de la situación, un sensual gemido se escucha y Carlos se recuesta al lado de su castaña.

-Me alegro que nos dieran la última habitación - dice estrechandola contra él.

-Te amo Carlos - dice la chica somnolienta.

-Y yo a ti- responde el mexicano quedándose dormido.

Por la mañana el sol entra a primera hora en la casa de los rusos, la servidumbre está lista para proceder en sus tareas y los jóvenes metahumanos comienzan a dirigirse al salón principal. Liesse, Darel y Jamie buscan a Carlos en su habitación sin saber qué pasó la noche con la argentina.

-¡Carlos! ¡Sal ya! ¡Debemos desayunar!- grita Jamie mientras golpea con insistencia la puerta de la habitación.

-¿¡Qué carajos te pasa!? ¡¿Vas a tirarla o qué?!- el mexicano luce bastante cansado al abrir.

-¡Dios mío!- grita Jamie y cubre sus ojos.

Liesse se sorprende y voltea a otro lado para no ver mientras ríe.

-¡Carajo! ¡Carlos se te ve el pene!- dice Darel molesto.

-¿Verdad que es grande?- ríe divertido Carlos.

-¡Tápate! ¿Acaso duermes desnudo?- grita Jamie aún con los ojos cubiertos.

-Es que me gusta manosearme Jamie- el pelinegro sonríe pícaro -Darel no digas malas palabras- dice Carlos poniéndose los calzoncillos.

-¡No es una mala palabra tarado! Es su nombre científico- el australiano toma a Jamie y emprende el regreso al salón.

-¡En mi casa le decíamos "la cucurucha"!- le grita el muchacho desde la puerta de la habitación.

-Me voy, baja pronto y despierta a Micaela- dice Liesse guiñándole un ojo.

-¿Leíste mi mente?- asombrado y boquiabierto.

-No hizo falta, soy mujer- y así se marcha la rubia.



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Editado: 20.04.2019

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