Metahumanos #1 |saga "Evolución"|

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Capítulo trece


—De acuerdo, alguien puede decirme, ¿Cómo carajos vamos a llegar a Estados Unidos?— pregunta Carlos.

—Ya no contamos con la ayuda de los oficiales que nos entrenaron —Misael revuelve su cabello frustrado.

—Debemos darnos prisa, las autoridades alemanas nos buscan por cielo y tierra—comenta Darel.

—Sería mejor si nos separamos en grupos, así podríamos viajar en avión sin ser tan llamativos— dice Liesse.

— ¿De dónde sacaremos el dinero para pagar los pasajes?—Misael pregunta.

—Yo puedo hacerme cargo de eso—Darel se ofrece a pagar.

—Bien, entonces sólo queda dividirnos en grupo— dice Carlos— Micaela viene conmigo.

—¿Yo?—  la aludida se sorprende.

—¡Espera!— grita Liesse— Ella vendrá conmigo y ustedes muchachos irán juntos.

Luego de una larga conversación sobre quién iría con quién, terminaron haciendo lo que la rubia dijo y así una vez comprados los pasajes se encaminaron al aeropuerto.
Separados cada grupo por su lado, ingresaron al avión que los llevaría a California, dónde el último metahumano estaría esperando por ellos.
El viaje se hizo largo y con dos escalas por lo que todos aprovecharon para descansar y hablar con sus compañeros.

—Micaela, ¿Qué hay entre tú y Carlos?— pregunta Liesse sonriendo.

—N-Nada... Somos buenos amigos — responde la castaña.

—¿De verás? Se llevan muy bien— dice la rubia riendo.

—¿Y tú? ¿Acaso no has notado ​como te observa Misael?— y los ojos de Micaela se iluminan.

—¡Claro que no! ¡Estás viendo cosas donde no las hay!-— ambas ríen y continúan su plática.

Los muchachos por su parte, no han cruzado palabra entre ellos mientras viajan. Cada uno tiene sus pensamientos al máximo y no son conscientes de que se encuentran en un profundo silencio.
Carlos observa por la ventanilla, las nubes pasan a su lado y siente que debe seguir perfeccionando sus habilidades, crear cosas nuevas y de pronto recuerda a Micaela usando sus poderes, jamás vió a nadie levantar una pared hecha totalmente de roca o tener la fuerza necesaria para crear un terremoto con tanta facilidad. 
Darel llevaba rato algo incómodo con el grupo, siempre habían sido él y su amiga Liesse pero de pronto llegan éstos chicos y ponen de cabeza su mundo. Especialmente el ruso, había llegado a su vida y francamente no le agradaba la manera en que miraba a Liesse.
Por su parte el líder del grupo buscaba la manera de entrenar a su equipo, debían estar más unidos si querían aprovechar al máximo sus capacidades, sin mencionar que el enemigo puede tomar provecho de eso.

—¿En qué parte de California se encuentra el próximo?— Darel interrumpe los pensamientos del ruso.

—No lo sé, los informes con los detalles los perdí en las últimas batallas.— dice Misael apenado.

—¿Cómo lo encontraremos?—  Carlos asombrado— No podemos ir por toda California preguntando quién es raro y especial.

—¿Qué clase de líder eres si no sabes lo básico?— Darel espeta enojado.—Que fracasado nos dieron por líder.

—Oye príncipe Encantador, no te atrevas a hablar así, hemos pasado por cosas terribles como para que tú vengas a decir esas cosas. Mientras tú comías como rey a nosotros nos intentaban asesinar — dijo Carlos molesto.

—Tranquilo Carlos, no vale la pena —Misael es quién toma la palabra— Lo dice porque está furioso, su amiga me presta más atención que a él.

Misael sonríe con arrogancia y antes de que el australiano pueda decir algo la azafata del vuelo les indica tomar asiento pues el avión está por llegar a su destino. 
La tensión entre los muchachos es palpable y tal vez ésto les de algún que otro inconveniente.
Por su parte Micaela y Liesse se llevan muy bien, no tienen ningún tipo de inconveniente y han bajado del avión antes que los muchachos esperándolos dentro del aeropuerto.

—El viaje fue muy agradable, especialmente porque dormí mucho—Micaela ríe y busca a los chicos.

— Es cierto, ¿Dónde estarán los muchachos? ¿Crees que la pasaron bien?— dice la alemana subiendo a un asiento para ver mejor entre la multitud.

—¿Muchachas están perdidas?— dice un joven acercándose.

—Oh no, estamos esperando a nuestros amigos— dice Micaela sonriendo.

—Ya veo, bueno supongo que son turistas, son dos chicas muy hermosas— el joven besa la mano de ambas y les sonríe.

Ambas chicas se sienten halagadas y sonríen, sus compañeros de grupo las observan a lo lejos mientras llegan a su encuentro.

—¿Y ese payaso?— Carlos levanta una ceja.

—No sé, pero ya me cae mal— añade Misael.

—Por primera y única vez voy a estar de acuerdo contigo— agrega Darel frunciendo el ceño.—Muchachas.— dice al llegar a sus amigas.



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Editado: 20.04.2019

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