Metahumanos #1 |saga "Evolución"|

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Capitulo quince


Los han separado. Carlos y Misael están en la celda doscientos tres en el ala este de lo que parece una extravagante prisión, Darel y Micaela se encuentran​ en la celda noventa y ocho. Nadie sabe nada de Jamie o de Liesse.
Desde que llegaron los separaron para evitar que pudieran escapar, la condición de Darel ha empeorado, su cuerpo convulsiona y en varias ocasiones ha sangrado por la nariz. El pánico se está apoderando de Micaela quién no sabe qué hacer al ver al chico así. Su desesperación comienza a ganar terreno y sólo puede darle la espalda al muchacho y evitar verlo.

—Jamás pensé que iba a morir así— dice el rubio.

—No digas eso, estaremos bien— Micaela se acerca a él.—Dime en qué puedo ayudarte, no quiero seguir mirando hacia otro lado.

—No puedes hacer nada Mica, sólo Liesse soporta las descargas que hace mi cuerpo y ya ves que la última vez no salió tan bien que digamos— dice el chico sonriendo con amargura.

Ambos quedan en silencio otra vez, no hay respuesta alguna a la situación que están afrontando juntos.
Por su parte Liesse se encuentra recluida en una celda especial, sin ventanas ni nada de comodidades. Caín entra sonriente y cierra con seguro la puertecilla; camina alrededor de la chica y la observa detenidamente. Sin previo aviso lanza un par de puñetazos pero la rubia es más rápida y logra esquivar el ataque, no se queda en el lugar y arremete contra el chico.

—Te dije que nos​ íbamos a divertir— dice Caín sonrientdole.

—Eres un bastardo— responde Liesse empujándolo hacia atrás.

—Qué grosera eres, me gusta— ríe —Yo te voy a enseñar modales y respeto pequeña.

—No te temo— señala la chica.

Nuevamente se lanza contra ella, puñetazos van y vienen, ambos denotan un gran entrenamiento en defensa personal y artes marciales. Ninguno logra someter al otro completamente y están decididos a no ceder; Liesse evita una fuerte patada y lanza al joven contra la pared usando telekinesis. Cuando Caín lanza sus afiladas púas éstas son detenidas por la chica en pleno vuelo haciendo que sus ojos brillen.

—Interesante— dice Caín caminando a su alrededor como león cual presa.—Dime, si te llevo a tu límite, ¿Qué eres capaz de hacer?

Liesse entiende lo que el joven quiere y su rostro se descompone, desintegra las púas que aún mantiene en el aire y se pone en posición de lucha. No está dispuesta a darle lo que quiere, no usará sus poderes más de lo que necesite, por el bien de todos en la prisión.
La pelea comienza de nuevo, golpes van y vienen, en uno de tantos ataques Caín golpea en la sien a la chica logrando desestabilizar su equilibrio para proceder a lanzarla al suelo de un manotazo.

—Te dije que estabas en mi lista de tortura— ríe nuevamente— Bien, comencemos.

Desde donde se encuentran Carlos y Misael no pueden ver nada bien, no hay guardias ni cámaras, las celdas no tienen ningún tipo de seguro manual y eso solo confirma que hay alta tecnología utilizada en el lugar. 
Mientras ambos piensan la manera de salir de dicha celda, escuchan extraños gritos.

—¿Qué es eso?— Misael se pone de pie.

—Parece un grito— dice Carlos— ¿Liesse?

Ambos jóvenes voltean a verse, de pronto otro grito es escuchado y ésta vez es más claro y fuerte; definitivamente es la voz de su amiga.
Misael utiliza la estática de su cuerpo e intenta destrozar la celda con rayos pero nada sucede, el material parece ser inmune a los ataques del chico.

—¡Mierda!— dice el ruso.

—¡Carajo! ¡¿Por qué no se meten con nosotros imbéciles?!— grita Carlos furioso.

Caín se mantiene sonriendo con cada grito de la chica, Liesse ha comenzado a defenderse pero es en vano el muchacho tiene habilidades ocultas. 
Está paralizada, su cuerpo no puede moverse. Tendida en el suelo solo puede ver como Caín se divierte con ella; las púas que el joven produce a través de sus manos son igual de filosas que una navaja y los brazos de la rubia lo saben bien.

—¿No vas a defenderte?— dice el chico serio.

—Púdrete— responde la joven impotente.

De su brazo derecho Caín deja ver una larga púa gris, sonríe de lado y se posa sobre la muchacha sonriente. Con la punta de su ahora arma comienza a dibujar sobre la piel de su rostro, cada trazo es un grito nuevo de Liesse quien lucha en su interior por hacer reaccionar a su cuerpo adolorido por la pelear anterior. El muchacho sigue trazando líneas y dibujos en su rostro y en sus brazos, no se inmuta con el dolor de Liesse.

—No vas a defenderte, prefieres sufrir— dice el joven pensativo— Qué noble de tu parte Liesse.

—¡Detente! ¡Ya para, por favor!— suplica entre lágrimas la joven.

—Supongo que eso me haría piadoso y benévolo, bien terminamos por ahora.— deteniéndose— Pero hay algo que tienes que saber— se acerca al oido de la chica y susurra—Eres mía.

Caín se pone de pie y se marcha, Liesse llora en silencio y reza porque sus amigos no pasen por lo mismo. El cansancio y el estrés de la situación la vencen y allí dónde está cae en lo profundo de la inconsciencia, los brazos de Morfeo la reciben y no hay intenciones de la chica de negarse a caer dormida.



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Editado: 20.04.2019

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