Mi Cuento

Tamaño de fuente: - +

Rebelde

Ok, eso no fue como lo esperaba, gritarle a mi jefe, ¿Qué estaba pensando? Seguro y me bota, Mateo me bota del apartamento y ¿dónde me iré a vivir? ¡Joder!

--Paloma—Mateo venía muy apresurado—Dime que no es verdad, mierda, no puedes irte con él, ¿sa—sabes lo que te hará hacer? Paulina es la única que le toleraba sus huevadas.

--Mateo, relájate, creo que me botará, choqué con él... y bueno...

--Le ¿respondiste?—asentí--¡Oh mi amor, eso es perfecto!

--¿Mi amor?—dejó de sonreír, cerró los ojos y suspiró ¿cansado?

--Se supone que somos una pareja, todos en la empresa saben eso, y que me hagas este tipo de desplantes no ayuda mucho Paloma.

--También se supone que me engañaste y que estamos tratando de mejorar la relación; eso quiere decir, que aún no confío completamente en ti. Todas las mujeres de la aquí que se sientan identificadas me van a entender.

--Paloma—gritó el pervertido del jefe—Ya habrá tiempo de que se vean; le enseñare su lugar de trabajo. —Dicho esto sonrió de una forma poco agradable mirando a Mateo, como si le estuviera diciendo con esa mirada y sonrisa que él había perdido ya la guerra. Mateo lo miró inexpresivo, tomó su saco de mis hombros, se lo colocó mientras se volteaba a verme, rozó con sus nudillos mi cara mientras me besaba, ambos con los ojos abiertos.

--Nos vemos puppa—susurro, asentí dirigiéndome donde se encontraba Guillermo. Sabía que seguía mirándome, no quería voltear, parecíamos una pareja de telenovela (que patético).

--Paloma, este será su lugar de trabajo, puede traer lo que desee para sentirse más cómoda, llamaré a Paulina para que le explique lo básico. —Sonreí en señal de entendimiento, me senté a esperar a Paulina que no tardó en llegar.

--Hola perra...bien esto es muy simple...

--Me llamaste perra.

--Si, ¿que no escuchaste? Pe...

--No era una pregunta, estúpida. Enséñame lo que debo hacer y lárgate de mí vista.

--¡Maldita mocosa! Arré...

--Paulina, ¿algún problema?

--N-no Sr. Álvarez, disculpe si lo incomodé.

--Continúen, no hay que perder tiempo.

--Si, como te decía, para transferir llamadas a la oficina del jefe es el asterisco, para logística es número 10—mientras ella me explicaba con cierta molestia yo anotaba despreocupadamente.

Paulina terminó su muy "específica" explicación y se retiró a su lugar de trabajo, me lanzó una mirada recordándome que ella ahora trabajaría con Mateo, bufé y comencé con mi trabajo.

Son 11:45, me alisto para poder ir a la universidad, pero antes debía pasar a la oficina del jefe a firmar mi contrato.

--Pase.

--Sr. Álvarez, me pidió que...

--Oh, cierto cierto—se levantó de su silla acercándose a cerrar la puerta. —Toma asiento pequeña.

Bien, aquí tienes el contrato dulzura, léelo con calma, revisa cada punto que consideres necesario, si tienes alguna duda no dudes en preguntarme. —Se sentó en su gran silla sonriéndome "dulcemente" (estúpido viejo verde), tomé el contrato y comencé a leerlo; me sentía incomoda con la blusa rota, la falda que se levantaba y la mirada libidinosa de Guillermo. —Paloma debo decir que para su edad está usted bien desarrollada, no lo tome a mal... Lo que sigo sin entender es como puede una mujer como usted está con alguien como Valdivia.

--Señor no es asunto suyo, le agradecería que no se meta en vida. Aquí tiene el contrato, muchas gracias. —Tomé mi mochila e intenté salir de esa oficina (y digo que intente, porque ese viejo no me dejo salir), me tomó de la cintura y me apretó contra la pared, tomó mis manos y las agarro para que no pueda moverme, una de sus piernas estaba abriendo las mías, mientras que con la otra mano trataba de llegar alguno de mis pechos, pero como me movía cual gusano agonizante no podía; sentí su asqueroso aliento en mi cuello seguido de algo húmedo ( ¡su lengua!).— ¡ALEJESE DE MÍ VIEJO VERDE DE MIERDA! ¡SUÉLTEME!-- ¿qué en esta oficina nadie ayuda?

--Shhh, calla, calla preciosura. No vale la pena que luches, nadie vendrá, ni Valdivia podrá ayudarte...a menos que quieras que ambos se queden sin trabajo...--gruño cual bestia que era,cuando mordí su oreja para que se aleje—O niña, eres toda una salvaje, debes ser una fiera en la cama—Se alejó de mí mientras me observaba—ya no puedo esperar a que estés en mi cama desnuda y gim—OK. Que se joda. Impulsé mi cabeza para estamparlo en su cara de ogro que se maneja rompiéndole el labio y aflojando su agarre, me saque los estúpidos tacos y los use como defensa, el viejo me miraba entre divertido y fascinado...--Una rebelde, así me gustan más.



UNA MONA

#4074 en Joven Adulto
#7461 en Otros

En el texto hay: sexo, problemas, malentendidos

Editado: 09.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar