Mi Cuento

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Respuestas

--¡¿Qué sucede aquí?!

--Me falto el respeto profesor.

--¿Es eso cierto señor Salas?

--Por supuesto que…

--¡SI! Profesor, puede preguntarle a cualquiera en la clase,  la besó a la fuerza. Chicos, ¿miento?—Lía estaba demasiado molesta. Un no general se extendió por la clase, veía como algunos me observaban de manera fulminante, algunos de los chicos me desnudaban con su mirada, mientras lamían sus labios, mi incomodidad era muy notoria, me sentía humillada, avergonzada y puta, me sentía como una; estos últimos días podrían certificar eso.

--Señorita Paz…¡Paloma!—el profesor levanto la voz, estaba tan abstraída que no tome nada de atención en lo que había dicho, lo notó y me repitió pacientemente--¿Cómo se encuentra?

--Bien, estoy bien, sólo desearía haber traído una polera o algo, tengo un poco de frío.

--¿Alguien podría por favor prestarle un abrigo a la señorita?...Gracias. —Ramiro, un amigo que recién entraba escuchó el pedido del profesor acercándose rápidamente y me colocó su casaca, yo temblaba, no hice ningún movimiento para impedir que el me vistiera como a una niña, me miró a los ojos diciéndome con ellos que quería saber qué pasaba, sólo asentí. El profesor se acercó un poco y me susurro—Me gustaría saber por qué viste de esa manera, usted no es así, sabe cómo es Roberto, es como si quiera provocarlo.

--Es el uniforme de mi trabajo, odio esta ropa, no me siento cómoda, pero no puedo darme el lujo de perder el trabajo profesor. Lo siento mucho. —El profesor hace una mueca, niega con la cabeza y suspira—Siéntense, hoy hablaremos de acerca de cómo...ok saben que por primera y única vez dejaremos pasar la clase de hoy y sé que a muchos les alegra, lo que hoy harán es conversar, no gritar, no, van a dialogar en parejas, será por afinidad, pero si la bulla comienza den por seguro que en el examen de la próxima semana entrará el tema de hoy. Ahora comiencen y carguen las carpetas por favor.

Mire a Lía, ella sonreía tristemente, suspire y cambiamos nuestras carpetas al mismo tiempo, nos sentamos al final de clase, ella saca un paquete de choco soda, achino mis ojos hacia ella, sonríe encogiéndose de los hombros.

--¿Quieres comprar información con galletas?

--No, sé que me dirás todo, pero para asegurar también tengo casino de menta.

--Te odio-amo.

--Lo sé, ahora cuéntame ¿Qué mieeercoles te está pasando?—Miro a mi mejor amiga, escucho los susurros de mis compañero, siento los ojos de Ramiro, noto la preocupación de Lía, suspiro, tomo un galleta, después de saborearla, cierro los ojos y hablo.

--Me fui de mi casa…vivo en el departamento con Mateo.

--¿Qué hiciste qué? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

--Ya, ya; déjame hablar...Bien. Hace unas noches hubo otra pelea en casa...-- le conté todo y cuando digo todo, es todo; su reacción a la forma en que perdí mi virginidad, luego lo ocurrido con Mateo, como mi jefe quiso violarme, me miró de la peor forma, se levantó, tomo sus cosa y susurró—En verdad eres una puta.—Sus palabras taladraron mi corazón, de verdad sentí como se rompía, me faltaba el aire, las lágrimas querían salir, pero no me deben ver llorar, ya he causado muchos problemas, y que sientan lástima por mí no podría tolerarlo. Respiro lentamente, me levanto, tomo mi mochila, me despido del profesor y salgo de la clase; camino hacia la cafetería para almorzar, sentía calor, mucha calor, pero tengo tanto miedo de lo que pasará si me quitó la casaca. Me decido por solo un jugo y una galleta, me siento e intento sacarme la casaca de Ramiro, pero unas manos no me dejan, levanto la cabeza y veo al susodicho mirándome con una mueca en su rostro, dejo caer mis manos bufando.

--Ni pienses que dejare que estos gusanos te vean, estas mostrando todo, dime que carajos pasa. Lía esta una furia metida en el baño llorando, tú y ella son las únicas que combinan sentimientos tan opuestos.

--Eres un exagerado.

--Cuéntame ya. —Sonreí o hice el intento. Contar dos veces en un día lo que le acontecía a mi patética vida; el me escucho atento, asentía, hizo muecas divertidas cuando hablaba de Mateo y Joaquín, pero cuando le conté acerca de del viejo verde sus ojos brillaron y mascullo entre dientes, pero todo explotó cuando le comente lo de Roberto, golpeó la mesa, se paró y se fue; yo me quedé sorprendida, más avergonzada de lo que ya me encontraba. Mi pecho volvía a doler, las lágrimas peleaban por salir y yo tenía un lío en mi cabeza; trate de pararme pero unos mareos me volvieron a sentar. Estoy jodida.



UNA MONA

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En el texto hay: sexo, problemas, malentendidos

Editado: 09.12.2018

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