Mi Cuento

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Diego

Joa se fue minutos antes de que entre nuevamente a clases, pasamos esas dos horas recordando viejos tiempos, volviéndonos a conocer y tratar de crear una amistad (algo casi imposible, ya que, en lo único que él pensaba era en como meterme a su cama otra vez, cosa que no pasará). En todo ese tiempo Lía o Ramiro no acercaron ni su nariz, ni un mensaje, nada; suspire y me encamine a clases, otras dos horas más y podría ver a Mateo.

Mis clases terminaron, salí volando del aula, chocando con muchas personas por mi loca maratón; fuera de la universidad estaba esperando que pasara algún condenado taxi, todos estaban ocupados, tenía frío y prisa por llegar al hospital, mi paciencia llegaba a su límite.

--Hola—volteo y veo un chico alto, castaño, ojos marrones y labios muy bonitos, el muchacho es atractivo...la pregunta acá es, ¿Por qué me habla? Seguro alguna vez me lo presentaron y ya me olvide quien es. Changos siempre lo mismo.

--Hola. Disculpa, pero no recue...

--No me conoces, tranquila. Soy Salvador.--¿Salvador? Será ese Salvador del que hablaban ayer, que no sea, que no lo sea. —Tú eres Paloma. Mi Paloma.

--¿Tú qué?...—tenía razón, es ese Salvador, corre Paloma corre, de esta ya no te salvas.

Y eso hice, retrocedí lentamente mientras él sonreía, normal como cualquier chico queriendo coquetear, pero detrás de él se encontraba ese idiota que comenzó todo, él sonreía de una manera escalofriante, podía ver en sus ojos la diversión que le causaba mi miedo. Salvador comenzó a verme algo confundido y tenía razón, creo que nadie le contó lo de ayer, no pensaba quedarme y contárselo.

Me quité los tacones y corrí hacia donde sea, pero el ser redonda y correr como pato con las manos sosteniendo tus bubis (no es que sean enormes, sólo grandes y duele correr), no ayuda mucho, intenté subirme a un bus, pero unas manos grandes me tomaron de la cintura cargándome hacia un auto, pataleaba y gritaba, unos muchachos quisieron ayudarme, tome las manos de uno, pero el idiota lo empujó, gritaba por ayuda, que alguien llame a la policía, que alguien me ayude por favor.

--Shhhh, Paloma, tranquila nena, soy Salvador, nada te pasará, sólo quiero conocerte mejor y eres algo escurridiza, pero si te tranquilizas no seré rudo. Anda nena, ya no hagas tanto escándalo. —Sus palabras eran venenosas, afiladas, mi cuerpo temblaba, mi garganta ardía por haber gritado tanto, ¿cómo es que nadie hacía nada?, mi respuesta la grito Salvador. —Disculpen a mi prima, olvidó tomar sus medicamentos, es normal que tenga esos episodios. Gracias a todos por su preocupación. —No lloré en todo este tiempo, ya no gritaba, me dejaba llevar como peso muerto. Mis pantimedias estaban rotas, mis pies estaban con heridas por que el idiota no me carga bien, mi orgullo y dignidad están por el piso, refundidos en el lodo.

--¡Suelta a mi hermana!

Busco el origen de esa voz, esa voz que no he escucho hace días, esa voz que me mata aún más. Diego.

--Oye niño, déjalos tranquilos, son primos, solo se está...

--¡Cállate idiota!, ella es mi hermana y el de primo ni el color de piel. Ahora deja a mi hermanita.

Diego abría y cerraba sus puños, su cabello creció un poco, su labio ya está sano, pero su mirada...todo es culpa mía, lo abandoné, me olvide de él. Brenda, Brenda mi jefa está caminando con un policía a su lado derecho y Lucía (la novia de mi hermanito) a su lado izquierdo; por lo que puedo ver no está para nada feliz; Salvador no me suelta, al contrario aprieta su agarre, dejándome sin respiración. ¿Qué mi vida se va a volver una novela de drama?

--Señor, deje a la señorita o me veré obligado a actuar.

--No.

--Señorita, tal vez le duela.—El policía es joven, alto, no entendí su advertencia, hasta que tomo mis dos brazos con una sola mano mientras que con la otra empujaba a Salvador, en efecto me dolió, mis piernas no me resistían, nada resistía, todo comenzaba a ponerse negro, veía puntitos, oía a Diego llamarme, pero como si él estuviera lejos, se lo que va a pasar, me voy a desmayar, no permitiré eso...Ten—tengo que reponerme, Mateo me necesita.—Señorita Álvarez debemos llevarla a un hospital, no se puede mantener en pie y estoy seguro que las marcas en sus manos no son casualidad.—No, no al hospital, ellos irán a verme, me obligarán a regresar. Debo salir de aquí...Y por fin la suerte está de mi lado, me levanto a duras penas, tomo mis cosas y la enorme pancarta, corro hacia mi hermanito halándolo de su brazo con dirección a un taxi.

--¡Parta ya!...Clínica Trébol.

--Paloma, ¿Por qué vamos a ese lugar? Deberíamos ir a un hospital de emergencia, mira como estas.



UNA MONA

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En el texto hay: sexo, problemas, malentendidos

Editado: 09.12.2018

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