Mi Destino

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Capítulo 11

MAVI

No sé por qué le dije a Tiny que tenía el título de peluquera y que los últimos años me los pasé trabajando en la peluquería de mi madre.

Me hicieron levantarme un par de horas antes de lo que tenía previsto para ayudar a las compañeras a peinarse. Esto no era lo que quería, más si después de la exhibición del primer partido pretendía que fuera la última.

Su, la primera capitana, se había encargado de todo. En la puerta de la hermandad nos esperaba un autobús y ahí seguí haciendo colar y recogidos, adornándolos con las cintas azul y blanco, como nuestros uniformes.

Del maquillaje se encargó otra de las chicas nuevas y la verdad, era bastante buena. Íbamos todas exactamente igual maquilladas. Sombra azul brillante, con unas pequeñas decoraciones en rayas blancas encima. Nuestros pómulos bien coloreados de rosa y nuestros labios rojos. Me había recogido el pelo de manera desenfadada y colocado una pequeña diadema de color blanco con un gran lazo.

Si Meredith me hubiera visto, se estaría riendo de mí por la de veces que había dicho que en mi vida me pondría en una situación. Me estaba tragando mis propias palabras.

Llevaba a mi lado a la parlanchina de Tiny. En esos días que habíamos coincidimos juntas había descubierto que el precio de la conversación siempre lo llevaba ella. Lo agradecía sobremanera.

Una vez que llegamos al estadio, abrí la boca y mi compañera se empezó a reír de mi. Había visto partidos de fútbol americano por la tele, sabía que los campos eran de grandes dimensiones, pero no esperaba que una universidad tuviera uno con una capacidad tan grande.

En el exterior estaba lleno de estudiantes bastante ebrios. Al parecer estos partidos eran muy importantes.

Me hubiera puesto nerviosa si las capitanas del equipo nos lo hubieran permitido. Desde que llegamos nos tuvieron haciendo estiramientos en una zona reservada para nosotras.

—Ya es la hora —Abby llegó dando esos saltitos tan característicos que al parecer era común entre casi todas —. Debemos ir a saludar a los chicos y después hacerles el pasillo de bienvenida.

Aquello era un completo caos. Estuvimos dentro de los vestuarios y olía a hombre y eso que aún no habían empezado a sudar. Estaban golpeándose los unos a los otros, gritando palabras de ánimos y no sé qué más. Por suerte, las nuevas quedamos relegadas a un segundo plano y no fuimos, literalmente, sobadas por los jugadores. Pero hubo uno que si me vio entre tanta falda y salto.

—Vaya, no esperaba verte aquí —Caleb se acercó hasta mí y puso una de sus grandes manos en mi cintura—. Te tendré más cerca de lo que esperaba.

Me dio un beso en la mejilla y tiró del lazo que llevaba en la cabeza, haciendo que solo la diadema decorara mi cabeza.

—Para que me traiga suerte —Se giró hacia sus compañeros sin darme tiempo a protestar —. ¡VAMOS HUSKIES!

Las voces aumentaron y las capitanas nos hicieron unas señas para que saliéramos de allí y las siguiéramos por el largo pasillo. Se escuchaban las voces de las personas que ocupaban las gradas y como el día se había oscurecido. Llegamos hasta la gran puerta que daba al exterior y escuchamos como la música sonaba a través de los altavoces hasta que esta se interrumpió y una voz que provenía de la megafonía anunció nuestra salida.

Vale, ahí si hice de nuevo lo que siempre había negado hacer. Salí dando saltos, meneando los brazos y gritando Huskies como si mi vida dependiera de ello. Lo más extraño, me sentí viva y decidí disfrutar de aquel momento.

Hicimos el pasillo como nos habían anunciado Su y las demás justo después de que realizáramos el primer número para calentar el ambiente. Se escucharon silbidos y voces alentándonos. Para ser la primera vez que bailaba en público creo que lo hice bastante bien.

Nos sentamos en unos bancos preparados para nosotros justo al lado de los chicos que serían titulares en aquel partido. Un poco más atrás estaba el banquillo para los suplentes. Como ya me había explicado Tiny, ahí se sentaban los que pertenecían al equipo, pero realmente no hacían nada, sólo calentar la madera del banco.

Estuvimos levantándonos y sentándonos durante todo el tiempo que duró el primer cuarto. En ese poco tiempo ya se habían anotado dos touch down y el otro equipo solo había conseguido sumar dos puntos. A ese ritmo aquellos iba a ser una masacre para el equipo contrario. Suerte para ellos que solo estaba empezando la liga.

Los once chicos se acercaron a su banco y bebieron agua y bebidas energéticas mientras el entrenador le gritaba órdenes. Caleb estaba frente a mi, escuchaba al entrenador, pero sus increíbles ojos azules se habían quedado anclado en los míos y una sonrisa le dibujaba la cara.

—¡Perkins!, ¡Caleb! ¡Treinta y tres! —este se dio la vuelta cuando el entrenador empezaba a desesperarse y la vena de su cuello parecía a punto de estallar —. Elige a un novato y que caliente, aprovecharemos este partido para ver de que están hechos.



Helena Sivianes

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En el texto hay: new adult, juvenil, romance

Editado: 28.09.2018

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