Mi Destino

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Capítulo 13

Mavi

Caminamos hacia el interior de aquella casa enorme que ocupaba el espacio que normalmente lo hacían tres hermandades o fraternidades. El nivel monetario de los integrantes debía ser bastante alta, lo que me hizo pensar que no conocía nada de ellos y menos aún de Evans. ¿Cómo narices había el acabado allí? Lo único que tenía era una tienda fotográfica en un centro comercial y por lo poco que había visto, no parecía tener muchos ingresos que le permitieran estar allí por dinero. ¿Tal vez una beca?

—No me hagas tirar de ti para enseñarte todo esto —dijo Caleb sujetando mi mano—. Eso ya lo haremos otro día, hoy tenemos que disfrutar de la victoria.

No dimos ni un par de pasos más cuando este fue interceptado por un grupo de chicos y chicas. No me los presentó, pero en ningún momento me hizo sentir desplazada, simplemente como si no mereciera la pena conocer a esas personas, porque él mismo le contestaba con simples monosílabos a cada una de las extrañas preguntas que le hacían.

Conseguimos cruzar la casa a través del salón, esquivando a decenas de personas que querían impedirlo, hasta conseguir llegar al exterior de la parte trasera. Me sorprendí mucho con lo que vi. Un enorme jardín con varias pérgolas dispuestas a los laterales, rodeando una enorme piscina en la que algunos, a pesar del frío, se habían atrevido a meter, mientras otros estaban sentados en el borde, con los pies metidos en el agua y un vaso de plástico rojo en sus manos.

—Bienvenida al mundo de los vasos rojos con líquidos desconocidos —volvió a tirar de mi hasta guiarnos hacia una de las pérgolas en las que se encontraba una improvisada barra donde se servían las bebidas—. Pidamos algo para nosotros.

Quise negarme, pero antes de darme cuenta ya tenía uno de esos vasos en mi mano y a Caleb de la otra tirando de mi para quitarnos de aquella parte y dejar atrás a las personas que intentaban pararlo. Me sorprendió que acabáramos en un pequeño rincón donde había unas sillas de madera con unos cojines sobre sus asientos, sobre todo porque, aunque estuviéramos a la vista de todos, estábamos lo suficientemente lejos como para tener algo de intimidad.

—¿Cómo que estás con las animadoras? —preguntó antes de beber de su vaso. Yo acerqué el mío a mi nariz y me sorprendió comprobar que era solo refresco—. Puedes beber, no pretendo emborracharte.

Tomé un trajo del refresco de cola, hasta ese momento no me di cuenta de la sed que tenía, ya que me tragué la mitad del contenido sin tomar aire, ganándome unas carcajadas por parte de Caleb, que me miraba esperando a que respondiera a su pregunta.

—Eso es algo que habría que preguntarle a Cody. Tiene un don especial para meterme en todos sus líos.

—Sí, es un tío genial. —comentó—. Me alegro de que le hicieras caso, bailas genial.

Me guiñó un ojo, consiguiendo que me sonrojara al momento. Después del partido se cambió de ropa, aunque seguía luciendo una camiseta del equipo, estarás mucho más estrecha, ya que no necesitaba rellenarla con las protecciones, porque lo hacía con su figura musculada y bien trabajada en el gimnasio. Unos pantalones deportivos que le llegaban hasta las rodillas y unas zapatillas Vans. No hacía falta mirarlo dos veces para darse cuenta de que está muy bueno y que cualquier cosa que se pusiera haría que cualquiera que pasara por su lado le regalara un repaso de arriba abajo, yo era la primera que lo estaba haciendo en esos momentos.

—Si me miras así, acabaré por echarle unas gotitas a ese vaso, tal vez así consiga que te desinhibas un poco —dijo, haciendo que me diera cuenta de que me había quedado demasiado tiempo observándolo.

—Lo, lo siento —tartamudeé—. Solo me he quedado perdida en mis pensamientos.

—Bueno, no pasa nada, yo también he aprovechado para mirar.

Y ahí estaba otra vez ese chico que no conocía de nada y que las pocas palabras que habíamos cruzado me habían hecho darme cuenta de que su filtro mente boca estaba oxidado, pero seguramente si él no hubiera sido tan directo y amigable, no hubiera acabado sentada al lado de él, ganándome las miradas del noventa por ciento de las féminas y seguramente algún que otro zorra por ser yo quien estuviera en aquella situación.

—Cambiemos de tema —dejo el vaso que ya se había acabado en el suelo y colocó sus codos sobre las rodillas para inclinarse hasta mí, disminuyendo la distancia que los separaba —. ¿Qué es lo que te ha traído a la UConn?

—Estudiar —contesté sin entrar en ningún tipo de explicación.

—Hasta donde yo sé, para eso estamos aquí, aunque no todos lo practiquen. Tal vez no he hecho la pregunta correcta. ¿Qué estudias?



Helena Sivianes

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En el texto hay: new adult, juvenil, romance

Editado: 28.09.2018

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