Mi Destrucción #2

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[CAPITULO 3]

 

 

Aarón

 

 

11 de Agosto del 2017.

 

 

 

A veces la casa donde viví muchos años de mi vida me parecía enorme, cuando era niño intentaba recorrer todas las partes de la gran mansión de mi padre pero nunca podía terminarla ya que o me aburría o algunos de los agentes de seguridad me hacia volver.

Pero ahora, con veintiún años más que enorme me parecía imponente. Era prácticamente una fortaleza, una fortaleza para uno de los hombres más importantes de Liverpool. Mi padre era uno de los empresarios más importantes de la ciudad, pero no solo era famoso por eso. Si no por su famosa mafia que controla la mitad de Liverpool.

Les doy un asentimiento a los guardias de la puerta y uno de ellos me observa de arriba abajo, analizándome por unos segundos sin abrirme la puerta, quisiera reir.

- ¿Eres nuevo no?

El guardaespaldas da un asentimiento breve, confundido. Otro de los guardias carraspea y abre la puerta de la casa.

- El es el hijo del jefe. – le informa el otro guardia y les doy una sonrisa divertida a ambos antes de pasar. Camino hasta la cocina donde puedo ver la espalda encorvada de un anciano, me acerco a paso lento.

- Cada vez estas más calvo, abuelo.

El hombre practicante calvo se voltea con sus gruesas cejas grises fruncidas. Le doy una gran sonrisa y me inclino para darle un abrazo pero antes de que lo haga me da una bofetada en la mejilla. Me quedo pasmado por unos segundos y él me sonríe con suficiencia.

- ¡Albert!

- Mierda. – murmura el abuelo lo suficientemente alto para que la abuela lo escuchara y tomara una de las cucharas de madera de la cocina. - ¡No, no! ¡Mujer loca!

- Oh abuelo… -me lamento por el pero antes de que la abuela pueda golpearlo con la cuchara me interpongo entre ellos. – Hola abuelita.

Me da una gran sonrisa pero sin soltar la cuchara me rodea con sus brazos algo arrugados y yo correspondo su abrazo. Beso su cabeza y ella apoya esta en mi pecho.

- ¡Ah! ¡Amanda, eso dolió!

Rio porque sabía que iba a golpearlo. Me aparto de ella y me encamino hacia la mesada tomando una de las manzanas de la frutera.

- Veo que cada vez tienes más tatuajes. – comenta el abuelo y dando una mordida a la manzana asiento con respecto a su comentario.

- Si, sabes que me gustan.

- Pareces un narcotraficante.

- Albert, deja a nuestro nieto en paz. Te vez muy bonito. – aprieta mis mejillas y frunzo la nariz riendo.

- Lo sé abuela, soy muy bonito.

- Mira, el narcotraficante también es narcisista.

- Abuelo. – rio negando y un carraspeo nos interrumpe, levanto la vista dando una última mordida a la manzana y la dejo a un costado al ver al guardaespaldas.

- Su padre solicita de su presencia.

Asiento lentamente a lo que dice y me dirijo hacia la abuela, beso su frente y luego palmeo la espalda del abuelo antes de seguir al hombre vestido de negro por los interminables pasillos que conducen a la oficina de mi padre.

- ¿No me asesinara no?

El se quita los lentes oscuros, que me parecen completamente innecesarios ya que estamos dentro de la casa, y me observa con una ceja alzada.

- Que me hayan informado no te ha tocado la hora, aun no.

Rio ante su humor tan particular y me encojo de hombros.

- Ojala que cuando me llegue la hora sea feliz.

- ¿Follando?

Rio con fuerza al escucharlo. Cuando era más pequeño, el me había ayudado en varias ocasiones en entrar chicas o poder escapar para sus encuentros sexuales, hasta él fue el primero en enseñarme a colocarme un condón.

Extraño, pero fue un cómplice en mis andadas. Aunque a veces lo sigue siendo.

Le doy un último asentimiento con la cabeza y me adentro en la oficina de mi padre. Siempre me había llamado la atención de la aroma de la oficina, era una mescla a tabaco con algo que aun no podía descifrar, tantos años viniendo aquí y aun no lo descifraba. Pero realmente me era bastante familiar.

- Hola hijo.

Me acerco hacia el escritorio delante de mi padre, Adam Evans era un hombre que imponía respeto. Era un hombre de unos cuarenta y siete años, con un cabello negro azabache y ojos azules intensos. En su mejilla había una cicatriz que le llegaba prácticamente debajo del ojo, tantos recuerdos oscuros le traen esa cicatriz y todos conocían su historia, por eso era que tenía un gran respeto en la ciudad.

Saca unos papeles de uno de sus cajones y me siento frente a él esperando que empiece a pedirme algo, que claramente para eso me trajo.

- Necesito que hagas algo por mí.

- Siempre me traes para hacer un trabajo padre. – murmuro y me cruzo de brazos esperando a que diga algo. Entrecierra los ojos hacia mí observándome por largos segundos y extiende una carpeta hacia mí.

La tomo con cuidado y la abro observando los papeles desordenados en el, pero lo primero que capta mi atención es un titulo subrayado con resaltador. Abro los ojos leyendo cada palabra con detenimiento y quiero gemir ante esto.



holaquetal59

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En el texto hay: mafioso, huerfana, destruccin

Editado: 12.12.2019

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