Mi Dolor De Cabeza

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 1

Mi nombre es Alaska, tengo veintiséis años, vivo en Los Ángeles California y trabajo para una revista de moda

Mi nombre es Alaska, tengo veintiséis años, vivo en Los Ángeles California y trabajo para una revista de moda.

Mi mayor sueño es ser escritora y poder publicar mis historias para compartirlas con todas las personas del mundo, darles felicidad y sabiduría con mis pensamientos más profundos. Lastimosamente, ahora solo escribo "Que color de zapato combina con el collar de tu perro". No me mal entiendan, amo mi trabajo ya que al menos me dejan escribir mis propios artículos, solo que yo quería hacer algo más emotivo y no tan superficial. Pues ni siquiera yo compro la revista, ni me importa lo que sale en ella. No soy una chica de estar a la moda, aunque por mi trabajo necesito usar ropa de marca y andar siempre presentable.

Pero en mi casa soy otra.

Adoro usar camisetas largas y anchas, shorts deportivos y andar en calcetines por toda la casa. Mamá dice que por eso los arruino tan rápido, pero da igual. Me cuestan $0.50, no como los de Gabbana que me costaron $250.

Y les contare otra ventaja/desventaja de mi trabajo: Conozco a muchos famosos.

Y aunque la mayoría eran personas súper amigables y de buen corazón, como el sexy Chris Evans, también había unos que son más como...una patada en el trasero. No es como si a mí me hubieran pateado en el trasero...

Pero ninguno había marcado tanto mi vida como Chase Hamilton.

Estaba enfrente del letrero de Hollywood. Las cámaras estaban en su lugar, las modelos terminaban de alistarse y Lucy me trajo mi café con leche helada.

—Debería ser modelo, ¿no crees? —preguntó con una sonrisa soñadora

—Si creces veinte centímetros en un día, mañana mismo te anoto para ser la portada —bebí un sorbo de mi café—. Amargo —susurre.

—¿Por qué la estúpida regla del metro ochenta? —bufó molesta, echándose su cabello hacia atrás— ¿Quieren modelos o jugadores de Basquetbol?

Y es que esa era una de las razones para odiar la moda: racismo.

Vale, no es tan racista ya que ahora hay muchas modelos de color, de todas tallas y nacionalidad. Pero la estatura siempre será un obstáculo para muchas.

Lucy es realmente bonita, tiene un buen cuerpo y un rostro muy fino. Bien podría estar en una sala sin moverse y parecer una muñeca de porcelana tamaño real; pero su metro sesenta no la van a llevar a la portada de una revista. Aunque es una muy buena asistente y una grandiosa amiga.

—Por cierto —bajó la voz para que solo yo escuchara— te enteraste que Chase Hamilton hizo una gran fiesta hace dos días, ¿cierto?

Rodeé los ojos ante la mención de su nombre. Solo necesito escuchar su nombre para ponerme de mal humor e idear mil planes para querer hacerlo desaparecer de mi vida. Ya tengo suficiente de él en el trabajo y en todos los anuncios de ropa masculina del país.

—Si, Lucy —respondí a regañadientes— pero no quiero hablar de él.

Me querida amiga y asistente prefirió hacerlo que hace mejor: ignorarme.

—Dicen que su padre llego hecho una furia y sacó a todos a gritos...—me miró esperando una expresión diferente en mí, cosa que no sucedió— incluyendo a Chase.

Ahora si la miré confundida.

—¿Cómo lo va a sacar de su propia casa? —pregunté.

—En realidad es de su padre. Dicen que Chase está quebrado.

—¿Que? —exclamé sorprendida— ¡Imposible! Es un Hamilton.

Lucy se encogió de hombros y ya no volvió a decir otra palabra.

Esta mujer deja el chisme a medias siempre...

Terminamos la sesión de fotos sin problemas, salvo por el dolor de cabeza que estaba teniendo por culpa de la mención del nombre de ese hombre Hamilton, el maldito arrogante que aparece en mis pesadillas, y parece que nunca dejará de atormentarme. Ahora que Lucy soltó esa bomba, no podré estar tranquila hasta saber que pasó, aunque estoy segura que mi jefe me dará esa tarea para que sea noticia del día.

Mi oficina era relajante, mi burbuja, mi propio espacio alejado de tanta gente superficial. Tenía un bonito escritorio blanco y una silla muy cómoda, color celeste claro, la cual combinaba con los floreros y se miraban muy lindos con las flores rosadas y blancas, dándole un toque femenino y cálido, en un entorno frio y depresivo. Pero siempre venia mi querido jefe a arruinar mi momento de relajación, trayendo el mal animo de afuero.



NaleJonas

Editado: 05.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar