Mi futuro asesino

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A todos nos debes algo

La madre de Alex intentó dejar abandonada la idea, pero bastaron dos días para ser tentada enormemente, ir a prepararse un café, y prepararse para leer el segundo diario, prendió la televisión para iniciar su día y comenzar a comerse su rebanada pan con azúcar espolvoreado 

Todas las sociedades humanas desde que existe el registro histórico, han contado con juegos, no nos limitamos a resolver problemas por necesidad, lo hacemos por diversión. Incluso en la edad adulta. Deja a un ser humano sólo con una cuerda atada y la desatará, deja un ser humano sólo con bloques y construirá algo 

Decía un programa de la televisión, un documental quizá. Era narrado por una mujer casi robótica de voz clara 

Los juegos forman parte de lo que nos hace humanos, vemos el mundo como un misterio, como un rompecabezas. Porque a nuestra especie siempre le ha gustado resolver problemas. 

Terminó el mensaje. Y después de una pantalla en negro, siguió una programación que poco o nada tenía que ver con el tema anterior, o lo dicho anteriormente. “Tonterías”, pensó y apagó la televisión. Sirvió su café que ya había hervido, y se sentó en el comedor principal. Abrió el segundo diario en orden cronológico a las fechas señaladas arriba de cada escrito, y prosiguió: 

“Ese mismo día en la noche arrastré el cuerpo de Josh a la cocina, donde tenía bolsas lo suficientemente grandes para tratar de meterlo, lo acomodé cerca de la puerta trasera y me dirigí a limpiar el desastre. Con ácido limpié la sangre del suelo y la derramada, me puse guantes y eché en bolsas los sesos y partes del cerebro de Josh. Todo lo tiré afuera en el bote de basura, como si fuera carne molida. Pasó una patrulla, pero en silencio, con una lámpara, ni si quiera voltearon a verme, siguieron su camino como robots. 
Al no tener como deshacerme del cuerpo sin que los vecinos u oficiales se dieran cuenta, lo subí y lo puse en la bañera envuelto en dos bolsas negras, cuando estuvo todo limpio, cerré la casa, enjuagué el trapeador y me fui a dormir. 

Parecería lo contrario, pero esta vez no batallé para dormir, fue casi enseguida, quizá cansancio era lo que me tenía así. No estaba muy seguro, pero, a la hora y media quizá, comencé a soñar que me encontraba en una habitación larga; a oscuras, caminando por un pasillo que tenía un piso de madera, escuchaba un campaneo sonar, pero no veía nada a mi alrededor, quizá mi vista estaba aún sin acostumbrarse a la oscuridad. Llegado casi al final, topé con una puerta entreabierta a mi derecha. No tenía número, sólo era de madera, pintada de color marrón. Había una enorme mesa en su interior, con un gran banquete, pavo, vino, espaguetis, miles de cosas, aunque no me dejé llevar, claramente era un sueño todo. Y una mujer delgada, cabello largo y rubio, lacio y bien cuidado salió, ésta se encontraba desnuda, cosa que era algo nuevo para mí en un sueño, —Siéntate—, le dijo señalando la silla a la que había llegado Alex dando pasos lentos al frente sin darse cuenta. —S-ss-sí…— dijo tartamudeando. 
Ella se acercó a él y le pidió verle las manos, —No estás casado— dijo riéndose. 
—No. Aún no 
—¿“Aún”?, ¿te gustaría casarte? 
—Sí. Quizá un día 
—¿Por qué no te casas conmigo?, podemos quedarnos a vivir aquí— le decía con un tono muy sugerente 
—No. Gracias. Tengo novia, y esto es un sueño 
Ella echó una risilla, —Esto no es un sueño, tontillo—, y le sonrió de manera coqueta —Esto es tu mente. Decía ella, que viéndolo de frente a un lado suyo, comenzó a voltear su cabeza en 180°, le salieron arrugas, y su cuerpo comenzó a hacerse esquelético, serpenteaba y el cabello se le caía —Cásate conmigo. Me debes algo, a todos nos debes algo. Decía persiguiéndome. 
Desde luego me levanté y corrí a la salida de la habitación, que desde afuera la vi corriendo en cuadrúpeda hasta mí. —¡A todos nos debes algo!, ¡a todos nos debes algo! —, repitió hasta que le azoté la puerta. Sin poder despertarme, me pregunté qué era lo que debía hacer. Asumiendo que no me quedaba otra opción a caminar hasta el final del pasillo. 
La siguiente puerta igual estaba pintada de color marrón, pero ya estaba casi abierta, a diferencia de la anterior, un poco nervioso y pasando saliva, pasó, que al fin y al cabo todo era un sueño. Dentro de esta puerta había una barra, de algún bar. Era de madera oscura y se encontraba alguien sentado dándome la espalda. Caminé hasta él, que a su lado estaba un banco alto de madera, cuando llegué a su lado me di cuenta de que era Josh tomando un Martini. 
—Amigo, ¿cómo estás? — le dije nervioso 
—Bien, tranquilo— respondiendo tomándose un trago 
—Disculpa lo que sucedió no fue mi… 
—No pidas perdón, tenía que suceder en algún momento. No sientas que me debes algo, en realidad a todos nos debes algo— dijo mirando a la barra 
Incómodo lo volteé a ver —¿De qué hablas? 
—Ya sabes amigo— entre tosidos —a veces tienes que…— y siguió tosiendo, hasta que comenzó a ahogarse 
Yo me levanté a intentar ayudarlo, pero me apretó el brazo —Acabar… todas tus deudas— dijo ahogándose. Intenté apretarle el vientre para que vomitara lo que estaba ahogándolo, pero lleno de sudor volteó a verme —A todos…— dijo con cara de asustado mientras sus ojos se llenaban de un rojo color sangre —Nos debes…— arrodillado con la cabeza torciéndose y la columna rompiendo su piel desde atrás; —Algo—  dijo mientras su cabeza comenzaba a derretirse en forma de sangre espesa y se tiraba al suelo tratando se agarrar mi tobillo. Corrí directamente a la última habitación para acabar de una vez con esta joda.

La abrí y el suelo era césped..., y oscuridad, con un camino de lodo el cuál seguí por instinto. Después de caminar un par de pasos, noté una cuna en el medio del bosque, con los padres a un lado de ella 
—Es precioso— decía el padre 
—Va a ser una gran persona— agregó la madre 
—Ya quiero verlo crecer— respondió mientras el bebé echaba una sonrisa 
—Mira, bebé. ¿Te gusta? — le dijo la madre mientras movía una campana y el bebé reía y pataleaba 
—Ven, ven. Ven a verlo— dijo el padre volteando a verme y moviendo la mano. Yo comencé a caminar a la cuna y ellos abrieron paso a que lo viera. 
Cuando me acerqué, el niño tenía once meses de nacido quizá, era un bebé muy bonito, de hecho. 
—Ten, mira. Muévela. Le es divertido— me dijo la madre dándome la campana 
Yo la moví, escuchando el campaneo retumbar en mis oídos. El niño comenzó a crecer de forma acelerada mientras se marcaban todos sus huesos en su piel, en posición fetal comenzaron a tronarle los huesos, luego se paró y comenzó a crecer aún más grande de lo que lo era yo, estaba enorme y con la cabeza partida y chorreando. Podía verle el cráneo partido y partes del cerebro latiendo. Me tomó con ambas manos esqueléticas de los hombros y me apretó, —A todos nos debes algo— me dijo con los ojos casi saliendo de sus cuencas y una voz chillante, '¡A todos, a todos a todos!' repetía gritando mientras su cabeza soltaba tanta sangre que cubría su cuerpo desnudo, seguido comenzó a gritar y los campaneos sonaban aún más fuerte, después de eso, desperté”.



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En el texto hay: sangre, horror, suspenso

Editado: 07.07.2019

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