Mi Loca Encantadora

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Camelias, Mensajes y Besos.

Las mañanas no es mi parte favorita del día. Siempre amanezco de malas, pero hoy es lo contrario, la mañana parece maravillosa y los recuerdos de mi charla con David aparecen en mi memoria haciendo que todo luzca todavía más hermoso.

Sé que prometí seguir al pie de la letra el consejo de mi madre, e ir con calma, y al no hacerlo a la única que le fallo es a mí, pero con David todo lo que sucede es tan extraño, que, aunque, intente ir despacio, no puedo. Lo que hace que me llene de temor, porque podría equivocarme y terminar más lastimada de lo que quedé con Leonardo. Los reparos que tengo sobre su relación casi directa con la boda de Sharon siguen ahí, aun cuando mamá dijo que no tenía por qué preocuparme, lo hago. Si pudiera cancelar el evento lo haría, no solo por David, sino por Elena, debo decir que, en este caso, mi hermana consigue que la balanza se incline en su dirección.

Mis cavilaciones terminan cuando suena el timbre. Me extraña que alguien venga tan temprano, más bien, sin importar la hora casi nunca recibo visitas, salvo Leonardo, y espero no sea él, y Elena, pero ella siempre me manda un texto para preguntarme si estaré, además, Nena en estos momentos debe dirigirse a su trabajo. Antes de abrir la puerta trato de estar decente, me tardo demasiado, lo sé porque han vuelto a tocar. Antes de abrir la puerta no me fijo por la mirilla, quien sea que esté esperando parece estar muy ansioso, cuando por fin lo hago. Me encuentro con un mensajero cargando un ramo de camelias rojas y rosas, dejándome aún más sorprendida. Amo las flores, pero a excepción de mi padre por mi cumpleaños o una fecha especial, nadie me las regala, soy yo quien me las compro.

―¿Julieta Murray? ―cuestiona el repartidor en cuanto abro la puerta.

―Sí soy yo. ―respondo acompañada de un asentimiento de cabeza.

―Son para usted. ―añade antes de entregármelas―. ¿Puede firmar aquí? ―haciendo malabares para que no se me caigan mis camelias hago lo que me pide. Le doy una pequeña propina por su labor y me dirijo a la cocina para buscar un florero. Las pongo en agua y le agrego un chile verde, mi amor por las flores viene de la mayor afición de mi padre, la jardinería. El asegura que para que las flores abran bien y luzcan frescas se les debe poner un chile verde. Si es verdad o no, no lo sé, pero a mí siempre me ha funcionado el truco.

Dejo las flores en la mesa de centro que está en la sala, cuando me dirijo a mi recamara para alistarme veo un sobre en el ramo, debo parecer una adolescente porque me emociono al verlo. Lo abro para encontrarme con unas palabras de David, y otra razón más para no seguir el conde mi madre.

«¿Cómo puedo llevar las cosas con calma cuando él apresura todo?»

 

Gracias por una noche, Encantadora.

David

 

Voy a mi recamara por mi celular para mandar un mensaje a David por las flores, al revisar los contactos no lo encuentro, creo que nunca hemos intercambiado números telefónicos, estoy a punto de salir de la agenda cuando veo Dios Rubio. Abro el contacto con sorpresa, estoy casi segura de que él lo agregó, pero, ¿cuándo? Y ¿Cómo? Nadie más sabe que así le llamo, más que él, porque claro, la tonta de mí lo dijo cuando me auxilió después de arrollarme. Después le preguntaré. En este momento me dedico a textear un breve mensaje.

 

Gracias

Son hermosas

 

      Julieta 8.32

De nada. 😊

Que bueno que te gustaron.

¿Paso por ti en la noche?

 

Dios rubio 8.32           

Claro. Te espero 😊

      Julieta 8.33

 

 

Después de ese pequeño intercambio de mensajes hago todas mis actividades cotidianas antes de dirigirme a la oficina, por mucho que no quiera hay una boda que debo organizar, y aunque la novia piense lo contrario, sola no va a organizarse. En cuanto me subo a Chicle, me acomodo el cinturón de seguridad, arranco y la radio prende, suena Mi persona favorita, de Rio Roma hasta que se interrumpida por el tono de una llamada.

―Te veo al rato. ―respondo por el manos libres.

―¡Ay! ¡Por favor dime que no es Leonardo! ―pide Nena. ¡Maldita sea! Pensé que era David, evidentemente no es él.

―No, no lo es. ―contesto escueta.

―¿Lo conozco? ―cuestiona. Hay muchas probabilidades de que lo conozca, pero no estoy segura de que así sea.

―¿Por qué das por hecho que es él?

―No estarías sonriendo como boba ―sí, esas es otra de las razones por las que parecemos gemelas, sabemos bien lo que hace la otra sin necesidad de verla―, y tratando de ocultar con quien vas a salir si fuera ella. ―indica. ¡Elena me atrapó!―. ¿Lo conozco? ―insiste.



AleBPena

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En el texto hay: amor a primera vista, romance

Editado: 28.04.2019

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