Mi padrastro, Andrew

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Capítulo 7. Días buenos y admirables

Viernes

— ¿Viene a ver a su padre señorita?. — pregunta una mujer alta de cabello recogido en un perfecto tomate y anteojos. Sus manos sujetaban unas carpetas rojas con archivos de la empresa. Supongo. Asiento a su pregunta. — Está en su oficina, en un momento sale.

Dicho esto la desconocida mujer se vá no sin antes invitarme a que me sentara a una larga banca negra de espera. Acepto, poniendo mi trasero sobre el cómodo asiento que me había ofrecido. Cruzando mis piernas y entreteniéndome un rato con los jueguitos de mi teléfono, lo espero con calma sin tener la presencia de su desagradable secretaría la cual no sé dónde está.

Ni tampoco me interesa.

La puerta se abre desconcentrándome de mi juego y haciendo que nuevamente perdiera el nivel que tanto estaba luchando por pasar. Dejé todo a un lado cuando mi progenitor sale con un elegante traje azul que marcaba toda su musculatura, su cabello como siempre lo llevaba bien peinado y su barba estaba bien afeitada.

Sonrío y me paro de mi asiento para correr a sus brazos. Los cafés de sus ojos llegan a verme y una amplia sonrisa se apodera de su rostro al notar que ya había llegado por él.

— ¡Papi! — grito emocionada antes de envolverlo con mis delgados brazos.

— ¡Mi niña!, ¿Cómo estas Cat? — habla con su rostro metido en mi cuello cuando por fin nos abrazabamos.

Estaba a punto de responderle que me encontraba bien, y lo extrañaba mucho pero las palabras no salieron de mi boca. Una chillido femenino me interrumpió.

— ¡Linda! — aparece sorpresivamente su secretaria saliendo atrás de él. — Que lindo volver a verte Cat... — sonríe forzosamente ante la presencia de mi padre. Me separo de él cuando ella me rodeo e inspeccionó de pies a cabeza con desdén visiblemente notado.

La amargura que lleva a diario esa mujer me hace saber que nunca quiere tener hijos. Lo digo porque una vez que pasé de visita tuve que cuidar de mi primito Ansel y la señora no hacía más que echarlo hacia mí para que no la "Moleste en su trabajo". Cosa que era mentira porque no lo quería tener cerca y de ayuda socorría a mí para que lo mantenga quieto.

Cosa que a un niño de 3 años es difícil de pedir.

En ésta ocasión no estaba mi primito pero sí yo por lo que tiene el mismo o peor desprecio hacia mí.

Los pensamientos pasaron de repente cuando examino la ropa que llevaba puesta.

Cómo el codigo de vestimenta lo dicta estrictamente en los documentos todos los empleados incluso el dueño del lugar deben estar presentables en el edificio ya que: "los empleados son la imagen importante de la empresa". Eso me dijo mi padre en un momento.

Pero si tenemos que analizar a la secretaria, está rompiendo con toda norma. La camisa blanca que lleva puesta es atransparentada por lo que enseña descaradamente su sostén. La falda ajustada a sus caderas era más corta de lo que estaba permitido. Agregándole de más unos coquetos lentes cat eyes y su cabello que estaba perfectamente recogido en una coleta alta. Eso último cumplía con las normas pero lo anterior, no. Su aspecto de trabajadora respetuosa no era visto, en cambio de ello parecía una sexy secretaria o como lo llamaría Scar: una zorra en busca de su macho.

Si yo fuera la dueña de esta empresa sin dudas la despediría por más estudio universitario que tenga. Esa secretaria definitivamente no me cae bien...

— ¿Vamos? — habla mi padre quitándome de mis pensamientos. La mujer se despide de él al oírlo y de mí para seguir con su trabajo que es en ese amplio escritorio.

Asiento y ambos tomamos rumbo fuera del edificio.

(...)

— ¿Cómo te va en el trabajo? — hablo cuando ya estamos en el auto. Su expresión demostró agotamiento.

— Bien, estoy intentando buscar a alguien para que trabaje conmigo. Solo, no puedo con todo. ¿Y tú cómo vas en el colegio? — pregunta ahora él.

— Bien, mis notas están estables... — frunce el ceño y yo río. En dos materias me encontraba mal, por eso es que me mira de ese modo. — mentira, me eh vuelto una conpleta nerd y estoy mejor en todas las materias. Además, hace poco me hice una nueva amiga.

— ¿Ah sí? — asiento.

— Se llama Kimberly, unas famosas braguconas del colegio estaban molestándola y la arrojaron al suelo. Ese día fuimos ayudarla con Scar y desde entonces nos llevamos muy bien con ella. Es muy buena. Y estudiosa. — resalto esa última palabra para que no crea que una chica que me va a descarrilar de mi camino del estudio.

Al ser su única hija y futura heredera de lo que ahora es su importante trabajo quiere que mi vida sea estrictamente hecha y derecha. Sin ninguna distracción como novios que lo único que sirven es para llenarte la cabeza con palabras de amor que te hacen olvidar de todo, hasta de tu carrera. Eso dijo mi padre. Pero yo creo que ocurre eso si tú lo permites. No todas las personas son así, hay hombres que quieren lo mejor de tí, se preocupan a tal grado que te enamoran.

Desgracia la mía que eso aún no me sucede con Julián.

— Me parece bien que tengas buenas amistades. — habla mi padre más tranquilo. Eso que no conoció con totalidad a la Scar de ahora... — ¿Quieres que pasemos por una heladería y compremos tu helado favorito?.

Sonrío, recordando que hace unos días lo había tomado con mi madre. Asiento repetidas veces y él acelera hacia la heladería más cercana que teníamos. La suerte es que estaba frente a un hermoso parque verde, por lo que luego le pediría que caminemos allí.

Ingresamos al lugar e hicimos una pequeña fila que no tardó mucho en achicarse por la rapidez que atendían. Cuando por fin tuvimos en frente el enorme cartel con todos los distintos sabores y formas, él me miró sonriente ya que conocé mi gusto favorito.

— Hola, deme un cono de limón y otro de fresa y vainilla... — vuelve a mirarme. — con chispas de chocolate por favor.

El joven que atiende se retira cuando escuchó nuestros pedidos y a los pocos minutos regresa con los conos que habíamos ordenado. Yo los sostengo mientras que el chico se los cobra a mi padre y él se encarga de pagarlos.



Nicole Menchaca

Editado: 20.08.2019

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