Mi padrastro, Andrew

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Capítulo 8. Calor

¿Ustedes que harían si ven a su padrastro exhibirse de esa manera?

Porque yo no tengo idea de que hacer ahora. Mis pies no parecían querer moverse de su lugar. Nada de mi reacionaba al verlo a Andrew vestido de un modo playero frente a mi casa. Él parecía no tener problema de estar encuerado en la calle. Más bien su única preocupación era la suciedad que tenía impregnado su lujoso auto negro.

Encima eso.

— ¡Pequeña, volviste! — habla al notarme que estaba allí observándolo.

Miro a los lados cuando definitivamente sentí más ojos mirar en nuestra dirección. Exacto, como lo supuse. La señora de enfrente nos estaba mirando, o mejor dicho lo estaba mirando a Andrew. Y no, no hablo de la vieja amargada de mi vecina porque ella... ¡Okey!, ella tiene la cara en la ventana. Pero a lo que me refería, era de la señora que cruzaba en frente con su hijo de solo meses. Tendría aproximadamente unos veintitres-veinticinco años masomenos pero a pesar de que llevaba un hermoso niño en el carro, ella desviaba descaradamente la mirada a través del cuerpo esculpido de mi padrastro. Desde aquí podía ver al niño que quería empezar a llorar, pero parece que sus hormonas eran más importantes que eso. Al igual que las otras tres chicas que paseaban unos metros más atrás de ella, pero con la diferencia de que éstas se detuvieron directamente. De sus bolsillos sacaron sus teléfonos con fundas coloridas y apuntaron — sin disimular — a nuestra dirección.

— A-andrew... — tartamudee sin quitar la vista de los demás.

— ¿Que pasa Cat? — frunce el ceño y se cerca más a mí.

Respiro profundamente. Su cuerpo desprendía calor a través de una fina capa de sudor que hacía brillar lo dorada de su piel. Además, el agua lo había salpicado cuando el chorro impactó fuertemente con la chapa del vehículo que esas pequeñas gotitas de su cuerpo se deslizaban lentamente de su abdomen tal y como en una publicidad de Giorgio Armani en un perfume masculino. Dios. Era como tener un adornis frente a tí, pero prohibido de tocar.

Maldición. ¿Que cosas digo?.

Controla tus hormonas Cat... Estamos en la calle, aún no.

¡¿Que?! ¿Aún no qu... ¡Basta conciencia!.

— ¿Pequeña?. — cielos. Aún no le eh respondido.

Tomo aire. Pensando en la forma de cómo le diré lo que sucede a nuestro alrededor. No puede ser que él no se dé cuenta que tiene más de dos ojos encima.

— Andrew, te están mirando... — las palabras salen a un volumen muy bajo de mi boca, me daba vergüenza decírselo pero lo hice. Además tenía que hacerlo porque la calles estaban muy silenciosas. Aparte de las risitas que soltaban las muchachas de enfrente, claro.

Puf, ya parezco mi abuela.

Frunce el ceño como si no estuviera entendiendo lo que le dije. Mira a su alrededor y las acosadoras sonríen pícaras al tener la mirada de mi padrastro encima. Un "Oh" escucho de parte de él cuando por fin lo entiende.

— Tenemos que entrar adentro... — le recomiendo mirándolo esta vez a los ojos.

— Estoy mojado Cat. — se señala él mismo. Cielos, no hagas eso. — Aparte me falta poco para terminar de limpiar el auto.

— Lo hubieras llevado a la lavandería pero no puedes salir... De esa forma a la vereda. Los vecinos y la gente nos están viendo. Bueno, a mi no. — me corrijo.

— Entra tú y yo...

En ese momento Andrew fué interrumpido por un auto descapotable que pasaba a una velocidad lenta, intencionalmente. En él montaban cuatro chicas que al verlo a Andrew no dudaron en gritarles unos "halagos" que para mi fueron demaciados, demaciados directos.

— ¡Amiga! ¡Comparte! — grita una rubia ceniza hacia mí.

— ¡La madre que me parió, que sexy hombre te cargas! — esta vez grita la castaña que estaba al lado de la otra.

— ¡Chicas la mercadería no se comparte! — les recuerda la mujer que viaja en el copiloto. — ¡Papi, ven con nosotras! — se dirige esta vez a Andrew.

Si el auto pasó lento, ahora estaba sin permiso aparcado frente a mi casa. No puede ser...

— ¿Quieres dar una vuelta con nosotras? — esta vez se digna a hablar la conductora del vehículo que llevaba unos coquetos lentes de sol que la hacían ver con más estilo que las demás.

Y ésto es el siglo XXI...

Veo como Andrew les sonríe amigablemente sin ninguna intención de ir con ellas pero una parte de mí me hizo mirarlo directamente, porque no las había echado y ellas aún seguian esperando que él las acompañase a quién sabe dónde.

— ¿Vienes? — la rubia de unos tintes rojo-sangre en los labios se muerde el labio inferior mientras se corre a un lado para dejarle espacio en el asiento que ocupaban dos de ellas y podían caber hasta tres.

Cat, Cat, ¡Haz algo!. ¡Perras a la vista!. Tu madre, tu tonto padrastro, ¡Deja de estar callada y dí algo!.

Eh... Eh...

— Tiene mujer. — digo lo primero que se me cruzó por la cabeza. Me arrepentí en ese instante de abrir la boca cuando todos me estaban mirando, incluyendo Andrew que no hacía más que pensar. ¡¿En qué?!. Mi conciencia explotaba con una pregunta que no podía responder. En ese momento la timidez me golpeó nuevamente haciendo que mis mejillas se tornaran rojas, y esta vez no era por el sol.

Las cuatro alzaron ambas cejas con sus expresiones indiferentes y despresiables hacia mí. A esas chicas era más que obvio que no les agradaba. Estoy más que segura de que ellas son las típicas chicas guapas del colegio — porque presiento que tienen mi misma edad. — que te critican hasta cuando respiras su mismo aire. Aquellas mujeres las llaman populares por lo atractivas que son y lo muy informadas que están sobre los chismes. En esos grupos las nerds, tímidas, feas o obesas tienen prohibido pertenecer a su círculo de popularidad. Y yo, como soy gran parte de esas cualidades jamás pude pertenecer a ellas. Pero no me quejo, ser amigas de esas malas personas no me interesa, pero de todas formas recibo un rechazo cruel cuando me entrometo en algo.



Nicole Menchaca

Editado: 20.08.2019

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