Mi pecado

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Capítulo 30 Samira Aram.

Samira Aram!!!

 

Estoy en mi habitación vestida con mi vestimenta para bailar, nada me ayuda más a olvidar todo lo que sucede, que bailar nuestras danzas, me alegran el corazón…

 

La música inunda mis oídos, y las vibraciones recorren mi cuerpo, y sin pensarlo mis movimientos comienzan, mis caderas se apoderan de todo y bailo por toda mi habitación con mi velo flotando por los aires… necesito esto, alejarme.

 

Recuerdo la primera vez que vi a Nacid, su perfecta sonrisa me hizo sentir, que en mi vida podía existir algo llamado felicidad y la música me recuerda ese momento… 

 

- Samira! – me gritan y apagan la música.

 

Cuando volteo me consigo con Nakar, parada junto al equipo de música con los brazos cruzados…

 

- Niña tenía rato llamándote… - me mira fijamente.

- Perdón Nakar, no escuche – le digo tapando mi vestimenta de baile.

- Zaid llamo, quiere que te arregles vendrá por ti, dentro de un rato…

- Zaid? Tan tarde saldremos??

- Yo solo cumplo órdenes, vamos a arreglarte… 

 

La veo caminar hasta mi closet y sacar mi mejor ropa…

 

- Nakar, ¿para dónde me llevara? – le digo acercándome a ver unos de mis vestidos de diseñador en sus manos…

- No lo sé, ¿usaras el hiyad?

- Si, aun no me acostumbro a no usarlo…

- Ok siéntate, vamos a ponértelo…

 

Me siento en una de mis sillas y Nakar, empieza a cepillar mi cabello y a arreglarlo para que no salga nada de el con el hiyad puesto.

 

- Tienes un cabello muy bonito… - me dice Nakar, terminando de colocarme el hiyad – es un pecado taparlo con el hiyad, ok cámbiate, ya la Sra Rania debe de estar lista, asi que solo faltas tú!

- Rania ¿ira?

- Si, apúrate!

 

Veo salir a Nakar de mi habitación y decido cambiarme rápido, el vestido que escogió para mi combina a la perfección con mi hiyad, tomo unas joyas que me regalo Zaid el día de la boda.

 

En cuanto salgo de mi habitación, me consigo con Rania la madre de Zaid hablando con Jade y Nakar…

 

- Jade! Haz caso por favor…

- No! omi… yo no lo uso..

- Es lo correcto para donde iremos hay hombre religiosos.. por favor..

- Prefiero no ir… - le dice Jade cruzando sus brazos.

- Ala dame paciencia con esta niña… - dice Rania mirando el cielo.

- Lo siento omi, pero tu Ala no me salvara ya yo ardí en la paila del infierno…

- Jade!!! – le grita.

 

Jade camina a mi lado y me guiña un ojo… y la veo entrar a su habitación…

 

- Oh Samira ya estas lista, disculpa el espectáculo, pero no es fácil esa niña… - me dice acercándose a mí y acariciándome el rostro – nos vamos?

- Si…

 

Camino junto a ella, para bajar al sótano donde se supone que esta Zaid esperándonos, ya que Jade no ira con nosotras por no querer usar el hiyad, Nakar se quedara al pendiente de ella con varios de la seguridad.

 

Cuando llegamos la camioneta esta estacionada esperando por nosotras pero Zaid no está acá, Omar nos abre la puerta para dejarnos entrar.

 

El camino lo hacemos en silencio, pero la preocupación no sale de mi mente, mis manos empiezan a sudar y comienzo a imaginarme mil cosas… Zaid dijo que mi padre llegaría pronto, tal vez me entregara a él o tal vez me enviara de vuelta al Líbano con su madre…

 

No sé qué haría, si eso pasara, por Ala que no sea eso, no me quites la poco felicidad que me ha dado estar lejos de mi padre por favor…

 

Llegamos a un edificio tan lujoso como en el que vivimos, y Omar nos escolta en la distancia hasta el ascensor, marca un código al entrar con nosotras en él, creo que mis nervios se notan, ya que Rania pasa su mano por mi espalda.

 

- Todo estará bien… tranquila. – me dice sonriendo dulcemente.

- ¿Me entregara? – le pregunto tratando de contener las lágrimas en mis ojos.

- No, Samira, mi hijo quiere que seas feliz, ven vamos.

 

Llegamos a un piso el cual está lleno de seguridad, todos bajan la mirada al notar nuestra presencia y la puerta principal de abre sin nosotras tocar.

 

Hay muchas personas, algunas sentadas en el comedor, otras en la sala pero mi vista no focaliza ningún rostro…

 

Hasta que unos pasos en la distancia, suenan muy cerca de mí y al levantar la vista, me consigo con esa sonrisa, que en el algún momento de mi vida, me lleno de tanta felicidad, me enseñó a amar… mi Nacid! 

 

Elevo mis manos a mi boca, y las lágrimas que quería retener hacen rato, hacen estragos en mí y recorren mis mejillas…

 

- Habibi… - me dice acercándose a mí, lo veo de pies a cabeza, lleva un traje gris, es real él, está aquí frente a mí!



Marijo Marino de briceño

Editado: 30.12.2018

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