Mi Piel DÁmara

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A veces la muerte es el mayor consuelo parte 1

No sé cuánto tiempo pasa hasta que noto una mano en mi brazo. Doy un respingo asustada, si alguien se atreve a tocar mi piel desnuda solo puede tratarse de que Parker Armstrong ha vuelto para terminar conmigo.

Pero a través de mi nublada mente escucho la voz de Cas y retiro mi brazo con fuerza. Un oleada de dolor agudo recorre varias partes de mi cuerpo al hacerlo.

—Tranquila... llevo tus guantes.

Mi oído debe de estar regresando, pues el zumbido ha disminuido y he registrado las últimas palabras de Cas.

Intento abrir los ojos de nuevo, y gimoteo al notar el dolor en mi frente y mi mejilla. Respirar duele, pero cualquier otro movimiento me desgarra.

El rostro de Cas aparece frente a mi campo de visión y veo que me observa con pánico.

—¿Estás bien? —pregunta tontamente.

—Ayuda...levantarme.

—¿Estás segura? Deberíamos esperar a la ambulancia... —protesta—¿Y si tienes algo roto?

Me tomo un momento en registrar las distintas parte de mi cuerpo. Me palpo las costillas, hasta comprobar que están en sus sitio, tampoco parece que mis extremidades estén fracturadas.

—No tengo nada roto —le indico, y el pinchazo profundo en mi labio y el sabor metálico de la sangre me indica que tengo el labio partido.

Cas me ayuda a ponerme de pie, y no puedo evitar gritar de dolor y que se me empapen los ojos de lágrimas.

—Ya está, lo peor ha pasado —me susurra cuando ya estoy en vertical, mientras intenta que pase mi brazo por sus hombros.

Me resisto débilmente.

—Ponme la camiseta —le indico, y lo hace solo porque cree que me avergüenza estar en sujetador y no que estoy pensando en su seguridad.

Contengo los gemidos mientras dejo que me vista con mis guantes puestos. Creía que me acostumbraría al dolor tras un rato, pero cala tan dentro y tan agudo que me agota, y solo quiero llorar y salir de mi propio cuerpo.

Me alegra que Cas no me haga preguntas. Solo quiere sacarme de allí y llevarme a un médico.

—¿Te han golpeado la cabeza? Podrías tener una contusión...

Aunque me mate, repaso la paliza en mi mente intentando recordarla con toda la claridad posible.

—No...no lo creo.

El pasillo está abarrotado de gente que mi contempla estupefactos. Algunos murmuran sobre lo ocurrido, sobre que he aparecido así de la nada. Un chico bastante más joven que yo, del que no se su nombre se acerca a mí con una mirada compasiva y alza su mano hacia nosotras con un sobre.

—Tenías esto en ti —dice, señalando el suelo del que me ha levantado Cas.

Ella es quien toma la carta de su mano, y le doy un deformado agradecimiento, ya que mi labio no me deja vocalizar del todo.

Apoyada en Cas iniciamos un tortuoso y lento camino hacia la salida, bajo la atenta mirada de mis compañeros. Una chica le ofrece una toalla a Cas a nuestro paso.

—Para la sangre...está limpia —también ella me mira horrorizada. Me sorprende que me consuele comprobar que mis compañeros no se alegran de mi patético estado. Al parecer su desprecio no llega tan lejos.

Estamos ya junto a la puerta, y respiro aliviada deseando ocultarme de todas esas miradas.

—¿Tori? —el grito incrédulo me llega a mi derecha. Tengo ese ojo cerrado por que el golpe en la sien me lo ha inflamado, pero lo abro un poco para comprobar que es la voz de Evans.

Me mira con los ojos fuera de órbita, y me grita la pregunta que Cas ha sabido callar.

—¿Quién te ha hecho eso?

Lo ignoro, y me echo contra Cas en una muda advertencia de que no deseo detenerme para hablar con él. Cas lo entiende y se apresura en abrir la puerta. Me quejó del cambio de rítmo, y Evans me mira de arriba abajo registrando el estado de todo mi cuerpo. Aun no parece haber aceptado la información que su vista le proporciona.

Me agarra del brazo para detenernos, con una suavidad que no casa con su expresión, pero que agradezco.

—Tori ¿quién coño te ha pegado? —su voz no comparte esa suavidad, sino que su bramido se escucha en todo el pasillo, y vuelve a sumirlo en completo silencio.

Le aparto mi brazo con tanta violencia que se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas como consecuencia.

—¡Déjame en paz! —mi grito es visceral, lleno de rabia y desesperación. Pero el llanto ahoga las siguientes palabras—. No te acerques a mí nunca más.

Evans está tan asombrado con mi reacción que aprovechamos su enajenación para desaparecer por las puertas.

Cas me obliga a ir al médico del campus a pesar de mis protestas. Por suerte parece que no tengo contusiones ni nada fracturado, aunque me da una lista de síntomas a tener en cuenta para acudir a un hospital de inmediato.

No hay mucho que se pueda hacer para curar golpes, así que me limpia la sangre, desinfecta las heridas abiertas y me pone vendas donde es necesario. Treinta minutos más tarde Cas me acompaña a la salida del campus. Nos movemos despacio porque todo me duele.

—Te has arriesgado hoy mucho, acercándote a mi cuando no llevaba ni el top puesto —la regaño.

Aun me apoyo en ella al andar, pero ambas llevamos guantes y mangas largas. Sé que ser mi amiga es un riesgo para ella, pero soy demasiado egoísta como para perderla también.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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