Mi Piel DÁmara

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Lengua y saliva parte 1

Hay cosas que me cuesta creer incluso cuando las veo con mis propios ojos

Hay cosas que me cuesta creer incluso cuando las veo con mis propios ojos.

Como, por ejemplo, a mi mejor amiga agachada tras un cubo de basura como si estuviera jugando al escondite.

Cruzada de brazos, contemplo su culo en pompa y alzo una ceja. El guardia de la caseta fronteriza entre Dámara y Deremen, una de las ciudades humanas que colindan con nuestro gueto, está fumando un cigarrillo a pocos pasos, pero no parece haberla visto.

—¿Qué haces? —pregunto a su lado, haciéndola dar un salto del susto.

Me agarra del brazo y tira de mi para intentar esconderme también. Sisea en mi cara para que baje el tono, como si fuera algo de vía o muerte, pero luego se distrae mirando mi atuendo.

—Me encanta esa chaqueta roja —aprecia ceñuda, y pongo los ojos en blanco ante su facilidad para distraerse— ¿Dónde la has comprado?

—¡Cas! ¿Qué hacemos aquí? —muevo mi mano indicando que aquí se refiere a la frontera de Dámara en general y al cubo de basura en particular.

Pestañea molesta ante mi reprimenda.

—¿No has visto las noticias? —inquiere en tono bajo—. Ayer en la escuela no hablaban de otra cosa.

Aprieto los labios al recordar que la razón por la que fui a clase ayer es porque me ha expulsado. Me han expulsado por poner celoso a Evans, me han expulsado por recibir una paliza... Es tan injusto que todavía me pongo tan furiosa como si acabara de enterarme.

La expulsión va a quedar reflejada en mi expediente y no voy a poder entrar en la escuela de diseño que llevo meses mirando. ¡Como si conseguir el dinero para pagar los dos años del ciclo no fuera ya problema suficiente!

—Dicen que hay dámarosenvueltos en el ataque de Bolid, y en el de nuestra escuela también —continúa Cas.

La contemplo boquiabierta. Se por las noticias que están investigando a los dámaros de guardia durante el ataque, porque no han sido capaces de explicar su peculiar desaparición, pero de ahí a decir que estamos implicados... es una locura. Una locura que puede desencadenar en una guerra.

—Pero no es verdad —digo, enfadada. Después de siglos de servir a los humanos a cambio de nada, no puedo creer que nos acusen de algo así.

—Dicen que habrá otro ataque pronto, pero nadie sabe dónde ni cuándo.

—¿Cómo saben que habrá otro? —inquiero confusa. Se me pasa Electric Blue por la cabeza.

Cas mira por encima de hombro hacia el final de la calle a un coche que se nos aproxima.

—No son ellos —murmura, relajando los hombros, al ver el automóvil pasar de largo.

—¿Quiénes?

—Evans le ha pedido a Drake que lo acompañe a Deremen, ¿sabes que significa eso?

Trago saliva empezando a entender qué hacemos aquí.

—Significa que necesita ser invisible.

—Exacto —concede Cas—. Quiero saber qué está pasando.

—No podemos seguirles sin un coche —me lamento, deseando poder moverme a la hipervelocidadde Evans.

Escucho el motor de otro automóvil y se me acelera el corazón. Si son ellos no vamos a tener tiempo de idear un plan para poder seguirlos. Por la expresión de Cas sé que ha reconocido el coche de su hermano, se levanta y tira de mi para abalanzarnos sobre el lateral del vehículo justo cuando se detiene ante la valla de la frontera.

—¿Cuál es tu plan? —le chillo, caminando veloz tras ellas, mientras vigilo que ni Drake ni su copiloto, Evans, nos hayan visto.

—¡Este! —me chilla Cas y bordea el vehículo por detrás para abrir la puerta trasera. La contemplo anonadada con su mierda de plan. Y como es de esperar en cualquier coche que ha estado en movimiento las puertas están bloqueadas.

Repantigado en el asiento trasero está Electric Blue que sonríe al ver nuestro patético intento de entrar en su automóvil. Es él el que se levanta del asiento para estirar su brazo larguirucho y apretar el botón de desbloqueo.

Cas logra abrir la puerta y se apresura en sentarse en la parte central para dejarme el asiento tras Evans. Me hundo en el asiento lo suficiente para que nadie en el exterior me vea dentro del mismo auto que Evans Armstrong. No estoy dispuesta a sufrir de nuevo las consecuencias.

—¿Qué coño hacéis aquí? —nos grita Drake con las manos en el volante, pero el tronco girado hacia el asiento trasero.

—Vamos con vosotros —le explica Cas con normalidad mientras se abrocha el cinturón.

Acaban de abrirnos las puertas hacia el exterior de Dámara pero Drake permanece parado.

—Bajaos ahora mismo —ordena, mirando a su hermana.

Evans, que ha estado peculiarmente callado, desaparece de su asiento y una milésima de segundo después tengo la puerta de mi lado abierta y está tirando de mi brazo.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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