Mi Piel DÁmara

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Lengua y saliva parte 3

—Ese niño tan feo no puedes ser tu—protesto antes de darme cuenta que ha sonado ofensivo.

Pero que el usuario que la compartió hace años sea Víctor Dobrev, me hace prestar atención a los detalles del rostro del muchacho y me doy cuenta de que hay algo de Electric Blue en él.

—Auch —suelta él acariciándose el pecho.

—Lo siento, no quería decir que fueras un niño feo, pero... quiero decir, ¿cómo puedes ir de eso a... —. Hago un aspaviento entre la imagen del teléfono y su rostro.

Cas se ríe.

—Es cierto que la adolescencia le ha tratado mejor que a la mayoría —concede.

—¿Bromeas? Su cara es como una obra de arte, que dan ganas de sentarse a mirar durante horas—dramatizo, corrigiendo a Cas mientras echo otro vistazo de la foto al precioso rostro de Electric Blue.

—Voy a buscar a Drake —interrumpe Evans y da tal portazo que doy un saltito sorprendida.

—¿Qué le pasa ahora? —protesto, fulminándolo con la mirada. Da pasos acelerados hacia la tienda y reconozco sus movimientos enfadados como si hubiera crecido con él. Cosa que he hecho. Sin duda nos considera unos críos inmaduros y superficiales, mientras él es el único que se preocupa con salvar el mundo; y eso me enfurece. No es justo, cuando ni siquiera nos dice que está pasando.

Intento volver al humor del coche, pero tengo el sabor amargo de la decepción de Evans en la garganta. Quizá sí que nos estamos tomando la situación demasiado a la ligera. Me bajo del coche y voy tras él. Lo encuentro apoyado en la caja, al lado de los chicles, mientras que de brazos cruzados espera a que Drake pague por una cantidad exagerada de comida.

Hace solo unos días, durante el ataque a la escuela, Drake se desmayó tras empezar a invisibilizar sin pausa a un grupo de compañeros para mantenerlos a salvo en el caso de que los despojados lograran entrar en el edificio. Invisibilizar a otros le baja un montón de cosas en la sangre de golpe, como la glucosa y el sodio.

Evans me aparta la mirada y se gira para ayudar a su amigo a meter las comprar en las dos bolsas de plástico que le entrega el tendero. Se dirigen a la salida y los sigo para agarrar a Evans del brazo. Intentar detenerlo es como frenar a un rinoceronte en plena carrera, pero al final lo logro y se vuelve hacia mí, con los labios apretados.

—¿Se puede saber cuál es tu problema? —le grito enfurecida, aunque lo que quería en realidad quiero decir es que no puede esperar que me comporte como él, como una heroína, cuando toda mi vida me han dejado claro que soy lo opuesto. No es justo.

Evans baja el rostro hacia el mío y encoge los ojos al clavarlos en los míos.

—Nada, solo no me apetece ver cómo te arrastras por alguien que nunca va a corresponderte; pensé que tenías más dignidad que eso.

Lo miro boquiabierta, sin haberme esperado esa respuesta en absoluto.

—No me arrastro por Electric Blue —respondo, cuando logro recuperarme de la sorpresa—. Somos amigos, ni siquiera me gusta de esa forma.

Evans se echa hacia atrás apartándose de mí.

—¿No? Pensé que era una obra de arte que te gustaría mirar durante horas —repite mis palabras más calmado, pero el tono de censura sigue en su voz. Sin esperar respuesta, se da la vuelta, dejándome sola en la tienda.

Fuera, Cas le sujeta las bolsas de comida a su hermano, sentada en el asiento del copiloto, pero las piernas en la acera, mientras este, recostado contra el lateral de su coche, aparta el envoltorio de uno de los famosos sándwich de pastrami de Deremen.

Evans está parado a su lado, de brazos cruzados, mostrándose todo lo paciente que puede, pero noto la tensión de su postura, y parece distraído.

Electric Blue se ha metido todo el Kit-Kat en la boca y tira el envoltorio a una papelera cercana. Me da envidia su forma de engullir dulces sin engordar un gramo.

Al sándwich de pastrami, acompañado de una botella pequeña de Coca-cola, le siguen dos cuadraditos de bizcocho con chocolate de Milka que he probado alguna vez. Se me hace la boca agua, mirándolo, y debe ser bastante obvio porque Drake acaba por ofrecerme uno.

Es una de esas veces en las que disfruto de mi snack más de lo habitual, y ni siquiera la mirada de Evans en el lateral de mi rostro, me molesta.

Después de unas gominolas, Drake se sacude los restos de azúcar de la mano, separándose del coche.

—Podemos ir empezando... —masculla con la boca llena.

Cas se levanta del asiento del coche, y se pone delante de él, ofreciéndole una botella de agua.

Me doy cuenta de que conozco a Drake toda mi vida, pero no tengo ni idea de cómo ejerce su poder sobre la gente.

—¿Por quién empiezo? —pregunta, invitando con sus manos a que alguien se acerque a él.

Supongo que fijará sus ojos sobre nosotros y se concentrará hasta conseguir hacernos invisibles, o quizá imponga su mano sobre nuestra aura y...

Mis pensamientos se interrumpen con la chocante imagen de Evans cogiendo a Drake por la nuca para atraerlo a su cara y... ¡y meterle la lengua en la boca!

Pestañeo varias veces, no muy segura de que mis ojos me estén contando la verdad de lo que acaba de ocurrir frente a mí. Pero, aunque ha durado escasos segundos, estoy completamente segura de que Evans acaba de meter su lengua de adonis en la boca de Drake. ¡Vaya si mi cuerpo lo sabe! Me siento innegablemente "afectada" por la imagen. Dos de los tipos más guapos y masculinos de la escuela acaban de... pero Evans ya no está. Ha desaparecido delante de mis ojos, y por mucho que miro a mi alrededor no hay rastro de él.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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