Mi Piel DÁmara

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Downtown Boy parte 1

El tren ligero está prácticamente vacío debido a que aun no es hora punta. Aun así, Evans recrea una especie de tifón de aire dentro del vagón con el movimiento circular y repetido de la mano. Hasta que las hojas del libro que está leyendo una joven a nuestra izquierda empiezan a volar, al igual que su pelo. Mira a su alrededor ceñuda, hasta posar sus ojos en el único hombre que hay en el otro extremo. Es un mendigo que, demasiado inquieto por su deteriorada mente como para sentarse, se agarra a uno de los hierro centrales, con una mirada de quien no sabe muy bien donde está.

A la chica le basta una mirada a su compañero de vagón, para levantarse apresurada y con libro y bolso en mano cambiarse al contiguo.

Nos hemos quedado solos con el mendigo, pero a Evans no parece preocuparle la presencia de este pues se relaja en su asiento.

—¿Por qué hemos aparcado tan lejos? —pregunta Cas. Hasta el mendigo parece chocarle escuchar voces en un vagón vacío, y gira el cuello de un lado a otro, nervioso. Se balancea hasta la puerta más cercana y nos abandona también. Espero que se plantee dejar el alcohol después de eso.

—Estoy seguro de que están rastreando todos los coches dámaros en esta zona.

—¿Qué zona?

—Gotam.

Alzo la vista hacia el letrero luminoso que indica las siguientes paradas. Había creído que Gotam era el nombre de la persona a la que íbamos a ver, pero al parecer es el lugar donde se encuentra.

La masificación de edificios horribles da paso a una zona residencial de casas adosadas. Aunque no son ninguna preciosidad, tienen hasta un jardincito frontal. Me sorprende ver un sitio así dentro de Deremen.

Cuando salimos de la estación nos metemos de lleno en un laberinto de calles con casas exactamente iguales, y hasta Evans reduce el paso para seguir a Electric Blue, que parece no tener problemas para encontrar su camino.

—¿Sabe que vamos? —Evans parece incómodo; y de pronto entiendo el porqué. No está acostumbrado a depender de nadie, a no estar al mando de la situación.

—No le he avisado...si eso es a lo que te refieres —responde Electric Blue.

—No, no era a eso a lo que me refería...entiendo que no eres tan tonto como para enviarle un mensaje —. Hay algo tenso en esa afirmación. Parece que Evans en realidad no está tan seguro de ello.

Nos detenemos ante una casa que es una copia idéntica de las demás, solo que está totalmente desprovista de decoración exterior. La casa de al lado, tiene unas bonitas macetas con flores de colores en el poyete de la ventana, y un banco de madera blanco y vintage bajo esta, donde se han olvidado un par de revistas. Pero la casa que Evans y Electric Blue miran enmudecidos, no tiene absolutamente nada, a parte del cubo de basuras con la tapa descolocada.

Evans se saca una llave del bolsillo, y la introduce en la puerta con cuidado. Está intentando no hacer ruido, y eso me pone nerviosa...estamos cometiendo allanamiento de morada, y creo recordar que es un delito grave.

La llave funciona, pero en lugar de abrir de par en par se asoma por la rendija, y al momento abre la puerta del todo. Lo seguimos al interior de la casa, procurando ser tan sigilosos como nos es posible. Drake es el único que parece estar cómodo en su invisibilidad, se mueve veloz y relajado sin emitir sonido alguno. Me hace preguntarme cuántas veces utiliza su poder.

Las voces que escucho a través del pasillo me distraen. Evans también lo ha escuchado y avanza hacia ellas hasta que llegamos a la estancia principal de la casa, donde hay un sencillo salón y una cocina de concepto abierto.

Un muchacho de aproximadamente nuestra edad está guardando algo en uno de los armarios de la cocina. Solo le veo de espaldas. Lleva unos vaqueros skinny ajustados y caídos que nos permite ver parte de sus calzoncillos negros cuando levanta las manos para colocar una lata en la estantería más alta. Lleva una sudadera noventera con el chaleco rojo, las mangas blancas y un tigre en el hombro. Es casi tan delgado y alargado como Electric Blue, pero su pelo despeinado es castaño oscuro.

La mujer con la que le hemos escuchado hablar aparece por la puerta del salón vestida con ropa de deporte.

El joven baja los brazos rápido, como si lo hubiera pillado haciendo algo indebido, y gira el rostro hacia ella. Tiene un pendiente en la oreja, y la piel muy blanca, y sus labios destacan en el perfil de su rostro.

—Voy a salir a correr... —la mujer se detiene al verlo, y esboza una sonrisa —¿Qué estabas haciendo?

El joven también sonríe y se gira hacia ella, apoyando el culo en la encimera.

—Nada —responde, pero su ligera sonrisa comprometida lo delata.

El acento de ambos es tan glinean como el de Electric Blue. No son de Deremen, y quizá eso explique la falta de decoración de la casa.

—No iba a comérmelos ahora.

—Puedes apostar que no —responde él, cruzándose de brazos—. Ni más tarde tampoco.

—No te molestes...escondes los dulces fatal, y a mí se me da muy bien encontrarlos —se burla ella, aproximándose a la cocina.

Se miran un instante en silencio, y un segundo después están forcejeando entre risas, mientras ella intenta alcanzar la lata y el la aparta.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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