Mi Piel DÁmara

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Downtown Boy parte 2

En el camino de vuelta a la estación de tren ligero aun somos invisibles. Cas me explica que el efecto durará alrededor de una hora en los chicos y un par de horas en nosotras. Así que la saliva de Drake debe ser algo así como el alcohol.

—¿Qué pasa con Lara cada vez que... bueno, cada vez que Drake la babea? —curioseo, aprovechando que el sujeto camina varios pasos por delante de nosotras con Evans—. No puedo creer que se vuelva invisible cada vez que se morreen.

Cas se ríe ante mi expresión de disgusto. Nunca me ha entrado en la cabeza que un tipo legal como Drake se rebaje a tocar a alguien tan retorcido como Lara Sorensen. Y ya lo creo que lo hace. He visto a Drake magrearse con Lara tantas veces y con tanta motivación que no me cabe duda de que son sus instintos bajos los que lo llevan a ignorar la mala persona dentro del cuerpo.

Debo reconocer que alguna vez me han dado envidia, por ejemplo al verlos entrar en la habitación de Drake, mientras Cas y yo veíamos una película en el salón. Sabes perfectamente lo que van a hacer allí, porque llevas un rato notando sus ganas el uno del otro en el corto rato que pasan en las zonas comunes de la casa.

Me gustaría probar una pasión así...me gustaría sentirme así alguna vez, mientras un chico me lleva de la mano a su cuarto.

—Si pruebas la saliva de Drake muchas veces seguidas desarrollas una especie de inmunidad temporal —la respuesta de Cas me devuelve al presente.

Qué idóneo...pienso. Perfecto para poder tener pareja y que no parezca Casper, constantemente invisible.

¿Por qué yo no tengo una tregua así? Me pregunto contemplando la espalda de Evans.

Hay cosas de él que han cambiado mucho desde que era mi amigo, y una de ellas es su espalda. Por mucho que me haya entrenado para despreciarlo, no puedo negarme a mí misma lo mucho que me gustaría tocar esa espalda. O simplemente abrazarle por detrás y darle un beso en la mejilla.

—Joder... estoy pasando otra vez por una de esas rachas débiles —le confieso a Cas, haciendo un puchero. Hay temporadas en mi vida en que me frustro y llevo mucho peor mi condición. A veces de forma romántica...y entonces me trago un montón de películas y libros azucarados; y otras veces es más hormonal; y entonces fantaseo mucho. Pero estos últimos días, con Evans cerca de nuevo, es una irritante e intensa mezcla de las dos.

Miro a Cas al ver que no me ha respondido nada. Parece distraída y mira el suelo seria.

—¿Te pasa algo?

Se asusta ante mi pregunta, levantando la mirada como si no recordara siquiera que yo estaba allí.

—Nada... pensaba en que hace un par de días que no veo a Lara y a Drake juntos.

—¿En serio? ¡No me digas que por fin ha quemado a la bruja!

Cas asiente y su mirada se posa en la nuca de su hermano. Parece preocupada, pero no entiendo porque. Si hay alguien que odie a Lara Sorensen más que yo, es ella. La idea de que Drake y Lara tengan problemas, debería llenarla de júbilo.

Llegamos a la estación de Gotam. Es sencilla y sin paredes. Simplemente una escalera que te lleva al andén o una subterránea que conduce al otro lado. Sin discutirlo, nos ponemos en el andén contrario al que habíamos bajado, por pura lógica.

Echo un vistazo sobre mi hombro.

Electric Blue ha ido todo el camino solo por detrás de nosotras. Se ha puesto las gafas de sol para ocultar el hecho de que lo que sea que ha pasado entre él y Ozrrat lo ha emocionado al punto de reflejarse en sus ojos.

—¿Estás bien? —le susurro cuando nos paramos en mitad del andén.

Al principio no responde. Mantiene el mentón agachado, y debe de estar mirando las vías del tren, aunque los cristales son demasiado oscuros como para saberlo seguro.

—Algunas moscas solo viven dos días —su voz sale rasposa y queda, y no mueve el rostro para mirarme.

Me quedo un tanto descolocada con su respuesta, y no sé muy bien qué decirle. Si Electric Blue ya es raro con un humor normal, su versión deprimida es inquietante.

—No lo sabía —le respondo, al fin. Quiero decirle algo más. Quiero preguntarle por Ozrrat y decirle que puede usar mi hombro para desahogarse, pero escucho el tren acercarse. Elevo en tono para compensar el creciente ruido de la máquina que se aproxima—¿Por qué me cuentas eso ahora?

—Es algo que me gustaba recordar de pequeño —responde—. Me hacía sentir mejor. Pensar en esas moscas me recuerda que la vida no puede medirse en tiempo; sino... sino no existirían. No sería justo—. Sonríe, pero es una sonrisa enfadada—. El tiempo no importa.

Sus últimas palabras están casi ahogadas por el chirrido alborotado del tren frenando, pero tampoco parece que me las haya dicho a mí, sino así mismo.

Una vez dentro del metro, nos sentamos los tres frente a Drake y Evans. Discuten sobre lo de esta noche. El misterioso lugar que Ozrrat nos ha indicado. Evans ha debido decirle de camino al tren que iba a ir solo, porque Drake no para de darle razones por las que eso es una locura y que necesita ayuda.

—Supongo que es una broma —le reprendo, indignada al entender su conversación—. No vas a ir solo. Vas a reportarlo y se encargaran los adultos.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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