Mi Piel DÁmara

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La Torna Instintos parte 2

Los alrededores de la nave están desiertos. No hay automóviles aparcados, ni nada que sugiera que alguien sigue allí a esas horas de la noche. Esa es la primera característica peculiar de ese lugar. Las demás naves tienen furgonetas y camiones estacionados en el perímetro, pero esta se encuentra extrañamente vacía.

La segunda peculiaridad, y que para mí se lleva la palma, es el hecho de que no tiene puertas. Cuando estamos seguros de que no hay nadie allí, damos varias vueltas alrededor del edificio, pero no hay ni una sola puerta a pie de calle. ¿Qué clase de nave no tiene puertas?

Seguimos a Evans por las escaleras metálicas que escalan la fachada hasta un par de plantas por encima del nivel del suelo; y es ahí dónde nos encontramos la primera puerta, y la tercera pista de que aquel lugar no es el típico almacén de frutas: La puerta está abierta.

Ni un candado, ni una triste cerradura bloqueada por llave siquiera...está simplemente allí esperando a que alguien accione el pomo y curiosee. Hay diarios de preadolescentes mejor guardados que ese lugar. Y eso lo que hace que me recorra un mal presentimiento por la espina hasta ponerme los pelos de puntas.

—Evans —susurro antes de que empuje la puerta. Sola la tercera en la fila, pero me desgañito para que mi susurro sea audible solo en nuestro círculo.

Él se detiene, con la mano aun puesta en la superficie de la desconchada puerta metálica y me mira.

—No crees que es extraño que esté abierta...—digo por encima del hombro de Electric Blue— ¿Y si es una trampa?

Evans aprieta los labios y mira la puerta un instante antes de volver a girarse hacia nosotros.

—¿Una trampa para quién?

Froto mis dedos contra las palmas al darme cuenta de que estoy apretando los puños tanto que me duelen los tendones.

—No lo sé... pero es muy raro que no haya seguridad, ni vigilancia; y que la puerta esté simplemente abierta para nosotros.

Evans considera mis palabras, pero veo en su expresión que está tan ansioso por entrar y ver que se esconde en el interior de aquel sospechoso edificio que está dispuesto a arriesgarse. No obstante, en lugar de empujar la puerta, se vuelve hacia nosotros.

—Volved al coche, sino salgo en media hora, pedid refuerzos a los guardias dámaros más cercanos.

Empiezo a negar con la cabeza con vehemencia.

—No vas a entrar ahí solo, ¡Ni hablar! —le espeto demasiado alto. Drake me hace un gesto exagerado con las manos para que baje el tono—. Deberíamos llamarlos ya, y que ellos se encarguen —continúo bajando el tono y buscando los ojos de Evans. Se que mi empresa está abocada al fracaso, pero tengo un horrible presentimiento sobre todo esto.

Evans no me responde, pero se leer su expresión. Hay cosas que no cambian con los años, y su cabezonería es una de ellas.

Empuja la puerta y se asoma por quicio para echar un vistazo curioso, mientras yo aprieto la barandilla de la escalera con tanta fuerza como mis dientes.

Le toco el hombro a Electric Blue y cuando se vuelve le miro a los ojos, para asegurarme de que no hay nada remotamente sospechoso en sus ojos. Sé que si alguno de nosotros vamos a morir esa noche y él cree que debe ser así, no va a hacer nada para detenerlo.

—¿Crees que podemos fiarnos de Ozrrat? —le pregunto al ver que sus ojos parecen normales.

Electric Blue me aparta la mirada.

—No se puede criticar a los muertos —me responde, y eso es lo último que quiero escuchar.

Evans ya ha entrado en la oscuridad que adivino através de la puerta; y Electric Blue no se lo piensa antes de seguirlo.

Suspiro, estoy muy cerca de entrar en pánico.

—Vamos, Tori —protesta Drake detrás de mí, me espachurra contra la barandilla para saltarme y entrar detrás de los chicos.

Cas me da la mano y sonrío ante lo diferentes que somos de los heroicos élites que nos acompañan. Bueno, de los dos élites y el chico capaz de ver su propia muerte, que no se inmuta ante nada, y tiene la misma expresión facial tomando el té por la tarde, que entrando en la fábrica del terror.

El interior del edificio está en completa oscuridad, y tengo ganas de ahogar a Cas con mis propias manos cuando deja que la puerta se cierre a nuestra espalda. ¿Enserio? Eso es de primero de película de miedo: No dejes que la puerta se cierre cuando entras en la sala oscura Bueno mis normas serían más bien: No entres en la sala oscura pero siempre hay un imbécil valiente en el grupo que incita los demás a la muerte.

Toco una barandilla frente a mí, y el eco de las voces de los chicos me hace pensar que la sala está vacía. El suelo no es de cemento, sino que resuena bajo mis pies como algo metálico y agujereado. Con manos temblorosas intento encender la linterna de mi móvil, pero estoy tan asustada que se me cae al suelo. Lo oigo rebotar una vez y unos segundos más tarde, estrellarse contra la superficie por debajo de nosotros. Suelto un improperio, sintiéndome desamparada sin él. El golpe ha sonado lejos, por lo que entiendo que estamos en una especie de balcón sobre un nivel inferior.

Drake ha logrado encender la luz de su teléfono, y aunque pensé que la iluminación me haría sentir mejor, ver solo las pequeñas zonas que ilumina su linterna es incluso más tétrico. Efectivamente, nos encontramos en una especie de balcón que asoma a una planta inferior. Drake no para de mover su teléfono de un rincón a otro y contengo el aliento esperando ver algo horrible entre las sombras.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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