Mi Piel DÁmara

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La Torna Instintos parte 3

La pared está muy cerca, y oído que los chicos nos gritan, pero no soy capaz de identificar sus palabras, porque lo único que escuchan mis oídos son los graznidos bajos mis pies. Falta medio metro, y de pronto no falta nada. Nuestras espaldas dan contra la pared y noto su presión empujándome hacia delante.

Cierro los ojos con Cas de la mano.

No puedo creer que sea así como voy a irme de este mundo, después de lo mal que me ha tratado; me debían esa otra muerte. La que Electric Blue me enseñó. Pero voy a tener todo lo contrario, tendré el dolor más insoportable lamiendo toda mi piel hasta que sea demasiado para mi mente y me convierta en uno de ellos. Hambrienta para siempre...

El pie derecho de Cas se escurre primero y tiro con fuerza de su brazo mientras mi otra mano araña la pared inútilmente. La vida se nos escapa... se nos escurre de las manos y desaparece bajo nuestros pies, y no entiendo como hemos podido llegar a esto cuando hay dos élites a pocos metros de nosotras, uno de ellos un copycat. ¿Pero de qué sirve un copycat sin sus poderes? De nada, es solo un chico cualquiera. Quién ha creado este lugar lo ha hecho como una trampa mortal bien estructurada.

Pero entonces, cuando las puntas de nuestros zapatos ya están asomando por el abismo de nuestro terrible final, el suelo se detiene.

El alivio y la esperanza barre nuestros cuerpos como una oleada potente que me marea por su intensidad. Tengo ganas de gritar, llorar y reír a la vez, y creo que es eso lo que estamos haciendo cuando el suelo comienza desplazarse en sentido contrario para cerrar aquel agujero infernal.

Escucho a los chicos gritar nuestros nombres, preguntándonos si estamos bien, pero ninguna de las dos parece ser capaz de emitir sonido alguno. El suelo está casi llegando al final de la sala, y necesito que se cierre del todo para dejar de escuchar sus gruñidos furiosos. Aunque en ese momento dudo que deje de oírlos jamás. Tengo la piel mojada del sudor, y el hecho de ir tan cubierta de ropa y los guantes no está ayudando. A la vez me siento congelada y no puedo dejar de tiritar.

—Ya ha pasado —le susurro a Cas a mi lado, y le froto el brazo. Nunca la he notado tan joven como hoy. Es una niña, una niña con un corazón inmenso que no se merecía esa muerta. Mi alivio es doble, es por las dos; y me hace llorar también, aunque no quiero.

—Tranquilas, ya pasó...vamos a sacaros de ahí —nos está diciendo Drake. Alzo la vista y veo que Evans está intentado trepar por el andamio, pero sin sus poderes es muy peligroso.

Abro la boca para decirle que pare, pero lo que sale es un grito porque algo me ha agarrado el pie. Bajo la vista horrorizada y veo la mano sanguinolenta que me ha cogido la bota, no tarda en aparecer otra y me doy cuenta de que un despojado ha logrado trepar y está utilizando el hueco que aún queda entre el suelo y la pared para auparse a nuestro nivel.

Empiezo a patearle la cabeza, pero usa su cráneo para golpear mi pie y mi hueso cruje bajo el fuerte impacto. Suelto un alarido.

Estos despojados son los que atacaron Bólid y están repletos de energía humana, más fuertes que nunca. Más agresivos y hambrientos que cualquier despojado que hayamos visto en nuestros tiempos.

Consigue aupar el resto de su cuerpo y elevar la pierna. Ya está...está con nosotras. Con los corazones bombeando como locos, le damos patadas para intentar empujarlo de vuelta al agujero, pero me vengo abajo al ver como otro despojado está trepando por su espalda, y llegando hasta nosotras también.

El primero me agarra la pantorrilla y tira de mí hacia el hueco. Grito y clavo mis manos en el suelo, pero los guantes hacen que me escurra.

Cas me coge de un brazo e intenta sujetarme, pero el hecho de que deje de patearle, lo ayuda a saltar del todo a nuestra planta. Se lanza directo a por mí, cubriéndome con su cuerpo, le golpeo inútilmente pero su fuerza es inhumana. Es como golpear una armadura de hierro, me lleno de moratones que me recuerdan al dolor de la paliza de hace unos días. Pero esta vez ya sé lo que es el dolor, no me amilano, sigo golpeándole destrozándome los huesos.

Entonces veo por la periferia de mi visión que el que estaba trepando por su espalda también ha saltado a nuestra planta y se lanza sobre Cas.

Grito su nombre, pero todo se me olvida cuando levanta mi camiseta y me da la primera lamida. Su lengua es mil veces peor que una lija. Me arranca la piel y el dolor es tan insoportable y agudo que no puedo creer que vaya a tener que soportarlo de nuevo; pero la segunda lamida llega demostrándome que por muy horrible que sea el dolor aun no voy a desmayarme.

En el fondo de mi mente soy consciente de los gritos de Cas. La pequeña e inocente niña que salvé un día en la escuela. Ahora ya no voy a poder salvarla, porque todo lo que ocupa mi mente es el dolor. Quiero dejarme ir...desmayarme cuanto antes y que todo acabe pronto.

Pero la tercera lamida no llega. Por un momento creo que ya me he desmayado, pero sigo escuchando los gritos de Cas; por lo que abro los ojos y veo que el despojado se ha detenido y me observa. Es como si de pronto no supiera porque está ahí, ni que tiene que hacer.

Lo empujo y aunque sigue siendo igual de fuerte me permite erguirme. No puedo creer lo que ocurre a continuación, pues el despojado se vuelve hacia el atacante de Cas y se lanza contra él. Comienza una lucha peculiar entre los dos, y acaban trastabillando y cayendo por el hueco.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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