Mi Piel DÁmara

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Resistirse, o no... (parte 1)

Creo que me he acostumbrado a la adrenalina de estos últimos días. A la forma en la que pica cada nervio de mi cuerpo y me acelera el corazón, haciéndome sentir viva.

Es lo opuesto al aburrimiento de esa entumecida rutina sin emociones que llevo tiempo soportando. Llevo años adormilada, pero esta semana, desde que volvió Evans, ninguno de mis días se parece al anterior, y he vivido un torbellino de situaciones emocionantes, a las que creo que me he vuelto adicta.

Debe ser por eso, que, a las diez de la noche siguiente a haber estado a punto de morir a manos de una horda de despojados, estoy frente a la puerta del dormitorio de Evans.

Respiro hondo antes de golpear la superficie con mis nudillos, y sacudo la cabeza, enfadada conmigo misma por sentirme tan exaltada.

Evans no debe de estar en casa porque nada ocurre. La idea me alivia y me decepciona a partes iguales. Pero cuando pienso en darme la vuelta y volver por donde he venido, la puerta se abre de golpe.

Evans está al otro lado con la mano aun en el pomo. Está despeinado, como si acabara de levantase del sofá o la cama y va sin camiseta.

Aprieto los dientes y por un momento me quedo mirando su torso desnudo un tanto descolocada, mi mente se ha quedado en blanco.

¡Idiota! Da la impresión de que nunca he visto a un hombre sin camisa antes, porque vivo en una aldea Amish, sin internet ni televisión, o algo por el estilo.

Con esfuerzo, consigo regresar mis ojos a su rostro, pero se me rompe el corazón al ver la impaciencia con la que me contempla.

—No he venido a verte a ti, sino a Electric Blue —le espeto a la defensiva.

Evans apoya el antebrazo en el marco de la puerta y me inspecciona de arriba abajo. Me alegra haberme abotonado la camisa negra hasta el cuello. Lo último que quiero que piense es que vengo a seducirle con una piel que no puede tocar.

—Pues para no haber venido a verme a mí, me miras con mucha atención.

Pongo los ojos en blanco ante su comentario, y le empujo con mi antebrazo, abriéndome paso entre él y el marco de la puerta. Le doy la espalda para que no note que me he sonrojado, pero me detengo al ver el interior de su dormitorio.

Bueno, a eso no se le puede llamar dormitorio; rectifico examinando la estancia.

—¡Tienes un puto apartamento! —exclamo, anonadada.

Mientras que el resto de alumnos nos conformamos con compartir tristes dormitorios, Evans tiene un apartamento con una sala de estar desde la que veo puertas a otras tres estancias y una cocina americana.

—Tu novio no está aquí —me informa, y cierra la puerta con un sonoro golpe.

Por el rabillo del ojo lo veo caminar hacia la cocina y abrir la nevera.

—¿Tienes hambre?

Mis ojos se deslizan por su musculosa espalda, y me muerdo el labio, aprovechando que no puede verme.

Evans saca una lechuga, y un par de tomates de la nevera, y los coloca sobre la barra que comunica la cocina con el salón.

Me acerco a esta y tomo asiento en uno de los taburetes que hay en el lado del salón. Cruzo los antebrazos en la encimera de la barra y lo observo desmenuzar las hojas de la lechuga y tirarlas en un colador.

—¿Esto es lo que comes para estar así? —inquiero en tono burlón, pero mi broma se vuelve contra mí porque él alza sus ojos verdes a los míos.

—¿Así cómo? —pregunta, y cuando no respondo, sonríe con arrogancia.

Sé que debo alejarme del tema, pero me cuesta concentrarme en nada más. Y verlo cortar tomates sobre una tabla de verduras con ese torso esculpido resulta fascinante.

—¿Es qué no tienes camisetas?

—¿Y privarte del placer de verme cocinar así?

Aprieto los labios molesta porque sepa lo atractivo que resulta verlo cocinar. Seguro que lo ha escuchado de otras bocas... a saber cuántas veces.

Por suerte sé exactamente cómo borrarle la estúpida sonrisa de autocomplacencia.

Giro el taburete un poco y analizo la estancia.

—¿Y dónde está tu guapo compañero de piso?

Evans guarda silencio durante un instante y por el rabillo del ojo veo que frunce el ceño. Hasta ese momento, no se había creído que he venido a visitar a Electric Blue.

—Está cenando con su padre.

Me pongo seria cuando menciona a Víctor Dobrev.

—¿Evans? —comienzo con cautela. Él me entrega un plato y coloca otro a mi lado frente a otro taburete—¿Cómo se lleva Electric Blue con su padre?

—¿Te refieres con el hombre que está detrás del genocidio de los habitantes de Bólid?

Me quedo boquiabierta un instante.

—¿Drake te lo ha dicho?

Evans hace un movimiento de cabeza y manos, indicando que le parece obvia esa conclusión; y me pasa una botella de aceite de oliva. Contemplo la etiqueta con su denominación de origen, preguntándome si se puede ser más esnob.

Pero aprovecho la invitación para probar algo que nunca he tenido en mi casa y derramo el líquido dorado sobre mi ensalada.

—¿Se lo has contado a tu padre? —Mi tono es cauteloso al hablar de Parker.

Se detiene y baja los ojos, pensativo antes de negar con la cabeza. Me pregunto si su reticencia se debe a qué no confía en Parker; o simplemente me está mintiendo.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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