Mi Piel DÁmara

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Maldita (parte 3)

 

Después de ducharnos en las instalaciones del gimnasio, Evans me lleva a mi dormitorio, donde estaciona el coche en la puerta.

—No puedo creer que conduzcas de tu apartamento al gimnasio —.Hemos estado inmersos en un silencio triste, durante el trayecto y eso por eso que intento aliviar el ambiente con una broma—. Son como quince minutos andando, y es contradictorio no querer caminar para ir a hacer ejercicio, ¿no crees?

Sus dedos rozan la parte baja del volante como si quisiera distraerse con ello y no mirarme, pero esboza una sonrisa triste ante mi comentario.

—Mi bolsa de deporte pesa bastante —se justifica.

—Eres un esnob —lo ataco con una sonrisa.

Se pone serio al mirarme.

—Tori... yo, lo siento mucho. Siento que mi ex te haya cambiado, nunca me pareció que estaba tan desequilibrada.

Me muerdo el labio, segura de que la mayor motivación de Diana no son sus celos, sino las órdenes de Parker, aun cuando disfrute de separarnos por razones propias; pero no puedo decírselo sin rebelarle lo ocurrido entre su padre y yo.

—Voy a hacer que la despidan —me asegura, entonces—. Se va a arrepentir de esto toda su vida.

Abro la boca alarmada. Eso sería un verdadero desastre, porque tengo la sensación de que estoy mejor en manos de Diana que directamente en las de Parker.

—No lo hagas, por favor.

Evans sacude la cabeza.

—Ha ido demasiado lejos y es inaceptable que...

—Quizá sea lo mejor para todos.

Evans se detiene y me mira dolido.

—No me entiendas mal, Ev, yo te quiero. Estar contigo siempre fue lo mejor que tengo en mi vida, incluso cuando solo éramos niños. Pero lo nuestro es imposible y peligroso. Quizá sea mejor así, para los dos y para todo el mundo.

Evans vuelve a negar con la cabeza baja, y uso mi mano enguantada para subirle la barbilla y que me mire a los ojos.

—Te enamoraras de otra... —incluso mientras lo digo para animarle noto el dolor que esa idea me produce en el pecho.

Evans me coge la mano y me mira directamente a los ojos.

—¿Crees que es así de fácil? —me espeta enfadado—. Tengo dos motivaciones en mi vida Tori, y todo lo que hago gira en torno a ellas. Una de ellas, es noble y altruista, mi supuesta heroicidad para salvar el mundo de la que todos hablan y que me ha sido inculcada desde que me manifesté. Pero la otra es mi gran secreto, es egoísta y la verdadera razón por la que me marché de Dámara el año pasado. Todos creen que me fui a perfeccionar mis poderes para ser mejor guardia, pero solo estaba pensando en mi cuando me fui a buscar dámaros exiliados y ocultos entre humanos. Necesitaba encontrar a alguien como mi padre que me permitiera copiar su poder y poder volver a tu lado. Esa es la triste verdad sobre mí... soy un egoísta. Y ahora que sabes que eres mi motivación principal en el mundo, ¿todavía crees que puedo olvidarte tan fácil? No hay chicas ahí fuera como tú, Tori. Qué me hagan reír como tú, o sentirme tan vivo, tan conectado a alguien. He estado medio muerto desde que nos separamos.

Mi mejillas están mojadas, me doy cuenta al notar las lágrimas descender por mi barbilla.

—Pero los registros dicen que no hay más bloqueadores a parte de tu padre —razono.

—Hay dámaros ahí fuera que no están en los registros —me confiesa Evans—. Buscando otro bloqueador conocí a Ozrrat, que no existe como dámaro; y a Electric Blue que figura como nulo. Un bloqueador sería el dámaro perfecto al que mantener en secreto. Debe haber más en algún lugar.

Sacudo la cabeza confusa.

—Aprendiste el poder de tu tío sin que te lo enseñara conscientemente... —le recuerdo.

—Es posible, pero más difícil y lento —me explica él—. De todas formas mi padre siempre bloquea mis poderes cuando estoy cerca de él.

Suelto una risa bufido.

—No es ningún secreto que Parker me desprecia.

Evans inclina la cabeza pestañeando un tanto incómodo, pero vuelve a buscar mis ojos.

—No necesito su aprobación, Tori —me asegura serio—. Quiero que sepas, que nunca me alejé de ti por complacerle. Lo hice porque soy débil, y porque creí que sería más fácil para los dos mientras encontraba una solución.

Exhalo triste al entender que eso ya nunca será posible. Si hubiera sabido que todos esos años él estaba luchando por nosotros, de alguna forma hubiera sido mucho menos doloroso, aunque reconozco que hubiera sido más difícil.

Evans me contempla y entonces alarga un mano para rozar mi mejilla y secar la humedad. Doy un brinco hacia atrás clavándome el reposabrazos de la puerta en la espalda.

—¿Estás loco?

Me mira tranquilo, pero alicaído.

—Ahora mismo puedo tocarte. Tu poder solo funciona sobre ti misma —me recuerda.

Suelto un bufido risa ante la ironía.

—Somos la peor pareja de la historia —me mofo, sacudiendo la cabeza.

Evans también sonríe en la misma guisa.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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