Mi Piel DÁmara

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Corazones rotos parte 1

Nunca me ha gustado dormir durante el día. Encuentro que hay algo enfermizo en ello, por lo que en noches en vela acabo manteniéndome despierta durante el día siguiente hasta que soy un auténtico zombie. Evans no tiene ese problema, recuerdo que cuando éramos niños y nos quedábamos hasta tarde viendo películas, charlando o jugando a la consola, al día siguiente tenía que esperarme hasta la hora de la comida para hablar con él, mientras que yo me levantaba como muy tarde a las 11, muerta de sueño, pero incapaz de seguir en la cama.

Aún recuerdo llamar a su casa varias veces, deseando que se despertara para poder contarle algo. Recuerdo ese apego, esa necesidad de él. Recuerdo el notar su vacío cuando no estaba como si me faltara un brazo. Tengo miedo de volver a sentirme así, de volver a caer en la suave calidez de su presencia en mi vida. De acostumbrarme a ella...y volver a perderla. Porque la primera vez dolió tanto que esas cicatrices han cambiado la forma de mi corazón.

Aun así, acepto pasar la mañana con él. Vamos a desayunar al centro comercial de Dámara y a pesar del cansancio me siento radiante por estar haciendo algo tan cotidiano con Evans. Hay una parte de reminiscencia a un tiempo en el que fui muy feliz, porque de pequeños solíamos ir a desayunar o comer allí casi todos los sábados. Y hay otra parte de novedad y emoción, cuando nos bajamos del coche en el parking. Las chicas lo miran al pasar, ¿cómo no van a mirarle? Yo misma, echándole miradas de soslayo mientras caminamos por el pasillo de tiendas del centro comercial hacia la zona de restaurantes, empiezo a preguntarme si Cas tenía razón, y ahora que el efecto del poder de Diana se ha disipado, vuelvo a ser heterosexual. Pero me da miedo decir algo al respecto, primero por si me equivoco, y segundo porque de ser así Evans intentaría repetir lo de su habitación, y es muy peligroso para él.

Pensar en lo ocurrido en su habitación me produce una oleada de mariposas histéricas en el estómago. ¿Y ahora qué coño significa eso? ¿Vuelvo a ser la misma o es solo el recuerdo de lo que fue? Estoy tan confusa que Evans tiene que repetirme dos veces su pregunta.

—¿Tortitas o prefieres algo salado?

Las palabras de Cas me vuelven a la cabeza y sonrío enigmática.

—Tortitas con dulce de leche.

Evans me mira extrañado por mi forma de decirlo como si hubiera un mensaje oculto en mis palabras, que lo hay. Pero acaba por señalar a Don Tortitas.

—Después de ti —me dice, sin apartar los ojos de mi rostro. Se me acelera el pulso, y para ocultar la estupidez de mi sonrojo, me doy la vuelta y camino hacia una de las mesas que están junto a las escaleras mecánica. Me gusta observar a la gente que pasa mientras como.

Evans no llega a sentarse, sino que se saca la cartera del bolsillo interno de su chaqueta.

—¿Lo de siempre? —me pregunta, de pie junto a nuestra mesa.

—¿Aun te acuerdas?

Me dedica una sonrisa ladeada, y me muerdo el labio. Aquí está pasando algo, en mi cuerpo quiero decir, mis hormonas se están revolucionando. Creo que el poder de Diana me ha abandonado en todas sus facetas.

Evans vuelve a observarme como si supiera que guardo un secreto.

—¿Te pasa algo? —inquiere con suavidad, pero sus ojos analizan mi rostro con una atención enervante.

Niego con la cabeza, intentado no parecer sospechosa, pero él no parece creerme del todo. Al fin, se aleja hacia la barra sin presionarme más.

—Té verde —le chillo mientras se aleja. En algo sí he cambiado mis gustos.

Me echa un vistazo por encima de su hombro.

—Qué madura —se burla, y le enseño mi dedo menos elegante. Lo contemplo acercarse al mostrador. Sus gestos confiados y sensuales, su rostro y su cuerpo llamando la atención de las chicas a su alrededor. Además, muchas saben quién es. Evans el copycat. Evans el héroe. No me extraña que sus ovarios estén hirviendo y casi veo elvapor salir por sus bocas abiertas.

Los míos también lo están, no puedo negarlo más. Vuelvo a ser la de siempre; vuelvo a tener ganas de arrancarle la ropa, pero no estoy segura de qué hacer con esa información. Debería sentirme aliviada por estar un paso más cerca de estar juntos, pero el rostro desencajado de Drake aparece en mi mente, recordándome lo peligrosa que soy. Todo sería más fácil si Diana me hubiera cambiado para siempre. Evans estaría a salvo y con el tiempo ambos podríamos ser felices con otras personas.

Aunque imaginármelo sentando la cabeza con otra se siente igual que clavarme un tenedor en la garganta, me prometo a mí misma disimular y fingir que el efecto de Diana en mí no era reversible. Por el bien de ambos.

Evans regresa cargando con una bandeja y coloca dos platos anchos con tortitas en la mesa, después nuestras bebidas, y se aleja para dejar la bandeja y coger los cubiertos. Le observo de reojo e inhalo profundamente. Nunca he sido una gran actriz, pero tengo que intentar hacer que se lo trague, y eso me pone aún más nerviosa. Es como cuando te gusta un chico y quieres que disimular para que nadie se dé cuenta y se te acaba notando aún más por actúas tensa y avergonzada.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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