Mi Piel DÁmara

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Corazones rotos parte 2

Se han llevado el cuerpo del despojado de mi habitación, y aunque han hecho un trabajo decente limpiando, aun noto el hedor de la sangre flotando en el aire. Hay manchas de polvo blanquecino en mi puerta tanto por dentro como por fuera, además de sobre la mesita de noche y en los raíles de la calefacción. Han estado recogiendo huellas, con la esperanza de identificar al que ha encerrado al despojado en mi habitación, pero sé que no van a encontrar nada. Quien sea el que está detrás de todo eso, no es ningún aficionado. Lo ha demostradotras lograr amontonara decenas de despojados en un mismo lugar.

Me sentía mejor cuando solo había una persona que quisiera hacerme daño, pero después de lo del almacén, la lista se ha alargado.

Recojo las cosas que necesito y las meto en una mochila, mientras Evans monta guardia en mi puerta.

Después de eso conducimos hasta mi casa y me preparo una excusa en mi cabeza que explique porque Evans y yo volvemos a ser amigos después de tantos años. Me siento culpable por todas las cosas que le estoy ocultando a mi familia en esas últimas semanas, pero les daría un síncope si supieran un diez por ciento de ello; y estoy segura de que me encerrarían en mi habitación bajo llave.

—Deberíamos quedarnos en mi apartamento —insiste Evans por tercera vez.

Guardo silencio mientras observo la calle donde crecí a través de la ventanilla. Tatiana Hemsworth está sacando la basura a uno de los cubos que hay en el lateral de su casa. Parece sentirse segura ahora que los despojados han sido encontrados, y ajena a que la trama detrás del ataque no ha terminado. Yo podía ser como ella. No soy élite, no tengo porque arriesgar mi vida ni preocuparme por esas cosas; pero aun así he acabado involucrada y ahora quieren asesinarme.

—¿Tori? —me llama Evans ante mi silencio—. Podemos comer con tus madres y luego nos vamos a dormir a mi apartamento.

No pienso hacerlo. Sé exactamente qué va a pasar si nos quedamos solos allí. Y sí, estoy deseando que ocurra. Me recorren miles de mariposas por dentro solo de escucharle invitarme. Pero tengo que asesinarlas porque no voy a obviar lo peligroso que sería para Evans que acabáramos él y yo solos en su apartamento. Sobre todo, ahora que sabe que vuelvo a desearle; aunque yo no lo haya confesado en alto.

—¿Crees que Cas, Drake y Electric Blue corren peligro?

Evans no me responde, y comienza a maniobrar para aparcar en un hueco que hay junto a la acera, a tres metros de mi casa.

—Es imposible sorprender a Blue con su propia muerte, ¿no crees? —acaba por responder cuando nos bajamos del coche. Hasta ese momento no había entendido lo difícil de asesinar que resulta Electric Blue—. Cas vive en una casa con otros tres élites. No me preocuparía por ellos mientras estén allí.

—¿Y cuándo salga de casa? —Mi voz suena aguda por el miedo.

—Si es lista, no irá a ninguna parte sin su hermano.

—¿Y yo qué? —pregunto y me cruzo de brazos. Ninguna de mis madres son élites. Tampoco lo son mis padres.

Evans me echa una mirada de reojo, mientras caminamos hacia mi porche.

—Tú tienes a la mejor niñera de todo Dámara—me recuerda, y me guiña un ojo.

No puedo evitar sonrojarme y sonreír como una tonta. Mi mecanismo de defensa, el sarcasmo, se activa como una alarma protectora.

—Es curioso que te refieras a ti mismo como una niñera, en lugar de un guardaespaldas —me burlo de él con una sonrisa maliciosa. Corro la cremallera de mi mochila; no tengo ni idea de qué turno tiene mi madre esa semana y de si la casa está vacía o no. Quizá haya otro despojado esperándome ahí.

Evans se recuesta en el marco de la puerta y me contempla mientras rebusco las llaves, con una pose perezosa que no casa con el brillo malicioso de sus ojos.

—Niñera es más adecuado a la madurez de mi cliente.

Abro la boca, indignada, y acabo por arrugar los ojos para fulminarlo con la mirada.

—Puede que tenga menos experiencia que tú en "códigos de comportamiento mientras salvas el mundo" pero eso es porque no me han entrenado como una élite, y no porque sea menos madura que tú. De hecho...

Evans se ríe ante mi estallido. Coge entre sus dedos un mechón de mi pelo y lo aparta por detrás del hombro, en un gesto tan cariñoso que se me encoge el estómago; sobre todo porque se aproxima para susurrarme al oído:

—Me refería a tu madurez sexual.

La puerta de mi casa se abre sola justo cuando me he puesto completamente roja, y Evans sigue inclinado sobre mí.

Mi madre pestañea varias veces ante la inusual visión de su hija con un chico en el porche de su casa. Lo que, para ser sinceros, sería igual de inusual en cualquier otro lugar de la geografía terrestre.

Alguien que no me conozca hubiera pensado que estábamos a punto de darnos un beso. Pero el que me conoce sabe que eso es algo fuera de mi alcance.

—¿Evans? —Mi madre parece aún más patidifusa al reconocer al chico en cuestión. Después se fija en mí, aun sonriente, pero clarmente perpleja.

—Tanya —la saluda, él de vuelta.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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