Mi Piel DÁmara

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Corazones rotos parte 3

Subo las escaleras de dos en dos, y en la segunda, me choco contra algo robusto. Suelto un quejido y Evans me sujeta de los brazos para estabilizarme.

—Perdona —. Sus ojos contemplan mi rostro con atención—. Estás tan dormida que no ves por dónde vas.

Alzo una ceja ante su acusación.

—Necesitas una ducha —continua y sin soltarme los brazos me empuja hacia el baño.

Una de las desventajas de que seamos amigos de la infancia es que conoce mi casa tan bien como yo misma.

Evans cierra la puerta del baño tras él y pasa la llave.

—¿Qué estás haciendo?

—Ambos necesitamos una ducha ¿no crees? —responde con tranquilidad y se quita la camiseta.

Me quedo parada contemplándolo desabotonarse los vaqueros, con la normalidad de alguien que se desnuda sin público.

—¿Te has golpeado la cabeza? —pregunto cuando veo que no piensa detenerse.Se estáquitando también los calcetines.

Evans me mira con esa sonrisa torcida que ha tenido que aprender del mismo demonio.

—No irás a ducharte vestida ¿verdad?

Sí, definitivamente ha debido golpearse la cabeza con mi mesita de noche mientas yo hablaba con mi madre.

Ante mi falta de respuesta, suspira y se pone ambas manos en la cintura. Al menos se ha dejado los calzoncillos puestos. Se aproxima a la ducha y corre la mampara para subirse al plato. Después juega con el monomando del grifo mientras prueba con la otra mano el agua que sale de la alcachofa, hasta conseguir la temperatura ideal.

Bajo la tapa del váter y me siento sobre ella, tras echar un vistazo culpable a la puerta cerrada del baño. ¡Si mi madre supiera lo que está pasando en la planta de arriba le daría un síncope! Pero el que no estemos solos en casa mientras hacemos algoindebido a escondidas no hace más que incrementar mi excitación.

Lo noto en la forma en la que se aceleran mis latidos y mi aliento escapa agitado de entre mis labios.

Entonces Evans se vuelve hacia mí, sin cerrar la mampara. Cosa que tampoco cambiaría nada, ya que es del todo transparente. Me mira a los ojos y sus manos van directas a la cintura de sus calzoncillos.

Suelto una palabrota y me tapo los ojos.

—¿No vas a mirar? —. Su voz pretende sonar divertida, pero reconozco el deje de excitación en el tono.

—¡No!

—Puedes mirar si quieres...

¿Puedo?

Presenciar como Evans se da una ducha parece demasiado divertido como para que sea legal; pero acaba de darme permiso, así que me atrevo a echar un vistazo por un solo ojo; y nadie aparece para detenerme.

Se ha dado la vuelta, dándomela espalda. Sonrío pensando que no es tan descarado como me quiere hacer creer.

Comienza a enjabonarse pecho y brazos de forma enérgica, creando un montón de espuma por la fuerza de la fricción.

Abro ambos ojos y me humedezco los labios ante la visión de su espalda y sus nalgas moteadas de diminutas partículas de agua por el creciente vapor. Cuando se enjabona los hombros, gotas de espuma se deslizan por su espalda y sigo su recorrido con atención, apretando las manos para no acercarme y detener su avance con mis dedos.

Su culo no me sorprende, es exactamente como dejaban intuir sus pantalones de deporte. Inclinando la cabeza hacia un lado, me pregunto si al tacto resultara tan recio como parece.

Pero en ese momento, Evans se da la vuelta, y parpadeo al encontrarme en mi campo de visión la única parte de su cuerpo que aún no había visto, ni intuido.

Abro la boca, y cierro los ojos, pero los muy condenados vuelven a abrirse un segundo después sin mi permiso.

No es que, a las mujeres, el miembro masculino, nos parezca algo bonito, como pueden serlo unos ojos o unos pectorales bien formados; pero de alguna forma, por ser una parte de Evans, me parece perfecta y descubro que estoy lejos de sentir rechazo.

Pero mientras pienso en esto me doy cuenta de que está variando en tamaño y elevándose conforme crece,

Alzo mis ojos sorprendidos hacia el rostro del dueño y este se encoje de hombros con una actitud indiferente que no casa con la vidriosidad de sus ojos.

—¿Qué esperabas mirándome de esa forma? —exhala con voz rasposa, y mi corazón da un salto en mi pecho.

Cierro la boca porque de pronto se me ha secado. No sé qué esperaba de hoy, pero ciertamente no era ver como hago reaccionar físicamente a Evans con mi mirada.

Él me dedica una sonrisa tensa, mientras se pone un poco de champú en la palma de la mano. No le queda otra que cerrar los ojos mientras se lava el pelo y eso me anima a reanudar mi escrutinio.

Cuanto más la miro, más me gusta... y no puedo creer que tenga ganas de tocarla, de notar como se ha puesto por mi culpa. Me sorprende ver que se ha trasformado en una erección completa, siendo que su dueño está distraído aclarándose la cabeza bajo la alcachofa.

—Me sigues mirando —protesta, en respuesta a mi inarticulada pregunta sobre porque su erección ha continuado creciendo.

Estoy fascinada con este nuevo descubrimiento. Es decir, ya sabía que le excitaba porque me lo había dicho, pero ver la prueba grafica con mis propios ojos es otra cosa completamente distinta.

Me levanto y me saco la camiseta, tirando con fuerza cuando se engancha en mi pelo. Me desabotono el pantalón y cuando la cremallera resuena Evans abre los ojos y me echa un vistazo.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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